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60 años bailando al ritmo del mismo son

El pasado 26 de noviembre el gobierno mexicano recibió por cuarta vez la aprobación para renovar de la Línea de Crédito Flexible (LCF) que desde abril de 2009 mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dicha facilidad otorga una línea de crédito por 72 mil millones de dólares (mmd) a disposición del gobierno para ser utilizada en el momento que éste considere necesario.

La LCF, “una facilidad que se enfoca en reducir las probabilidades de una crisis resaltando la confianza de los mercados y reforzando políticas sólidas”, fue negociada por primera vez en medio de la turbulencia generada por la crisis económica internacional entre la administración de Felipe Calderón y el organismo financiero. Sus principales objetivos fueron resguardar a la economía ante un mayor contagio dada la exacerbación de la crisis, desalentar la fuga de capitales y engrosar las reservas de divisas internacionales.

Aunque también sirvió para garantizar la obsesión calderonista por enarbolar la solidez macroeconómica como uno de los mayores logros de su gobierno; echar a andar el paquete de reformas estancado  desde la crisis de 1994 (constantemente frenado ante la negativa legislativa durante los gobiernos panistas), así como revivir al FMI del impasse que venía atravesando en los últimos años.

No obstante, a la luz de la reciente renovación del crédito aún persisten dudas que cabría señalar.

Al momento de negociar el primer acuerdo de la LCF, el FMI vaticinaba que la economía mexicana, si bien ralentizada por la crisis global, mostraba signos de buena salud financiera. ¿Entonces por qué solicitar una línea de crédito? Aún cuando tanto la Secretaría de Hacienda como el Banco de México exponían que la LCF tendría un fin meramente preventivo, la simple existencia de la misma y la posibilidad de utilizar esos recursos dejaba expuesta la supuesta estabilidad macroeconómica a un ataque especulativo.

¿Por qué mantener la LCF si los efectos de la crisis global se estimaban superados? Y, principalmente, ¿Por qué solicitar su renovación en cuatro ocasiones a pesar de que nunca se ha retirado ni un solo peso del crédito? Sobre todo cuando el criterio para lograr la renovación de la LCF es por demás exhaustivo e impone fuertes requerimientos ex ante su aprobación,[1]además del pago de una cuota anual por concepto de mantenimiento del crédito que para México asciende a $286 mmd.

Por otro lado, durante la vigencia de la LCF y de cara a la presidencia de México en el Grupo de los 20, el gobierno de Calderón llevó a cabo dos movimientos que resultan contradictorios tomando en cuenta que el préstamo fue solicitado para reforzar la economía: la autorización de una línea de crédito de 10 mmd para engrosar la capacidad crediticia del FMI (monto que supera los recursos destinados a los tres programas principales del gobierno federal)[2] orquestado directamente por Banxico, cuya autonomía exime dicho préstamo de pasar por el Congreso. No hay que olvidar que tanto Guillermo Ortiz como Agustín Carstens ocuparon puestos de alto rango en el FMI antes de ser gobernadores del Banco de México.[3] El segundo fue el incremento en la cuota de México al Fondo en un 145%. Asimismo, el gobierno mexicano fungió como paladín de los intereses del FMI frente al resto de países que integran el G20 al acuñar el incremento de las contribuciones al FMI como uno de los pilares de su presidencia en la cumbre de Los Cabos.

Finalmente, ¿existe un vínculo entre las reformas estructurales llevadas a cabo por el gobierno de Enrique Peña Nieto y la constante insistencia del FMI en la aprobación de las mismas como garantía para el crédito? Aún cuando el Fondo destacaba el buen estado de las finanzas y el compromiso de las autoridades con el desarrollo del país, no dejaba de percibir como un fracaso de la administración calderonista su imposibilidad por aprobar dichas reformas,[4] señaladas como esenciales en todos sus reportes sobre México. Quizá para dar continuidad a dicho objetivo, fue que el 30 de noviembre de 2012, a un día de la toma de protesta de Peña Nieto, el FMI autorizó apresuradamente el incremento de la línea de crédito de $47 a $73 mdd.

México, el pionero: del Modelo de Polak a la LCF

No es secreto que por años nuestro país ha sido un alumno abnegado de la política económica promovida por el FMI. Tan pronto como 1955, cuando los preceptos económicos de Jacques Polak determinaron que los préstamos del Fondo debían condicionarse a ajustes en la política interna de los prestamistas, México fue el campo de prueba para aplicarlos. Irónicamente, 54 años después nuestro país volvía a ser el pionero de la nueva retórica del Fondo opuesta a los ajustes como condición para el crédito.

Las razones son distintas y variadas. México es una de las economías más abiertas del mundo, lo suficientemente grande para pesar a escala global y lo suficientemente dependiente para tomar decisiones aisladas. En contraste con la mayor parte de países emergentes, se apega al régimen inflacionario del 3%, tiene amplio acceso al crédito internacional, una deuda externa relativamente baja y una política montería regida por estímulos fiscales que podrían tildarse de tímidos. Sin dejar de lado su estrecha relación con la economía estadounidense que, por deslucida que suene la referencia, continúa siendo el mayor contribuyente y único poseedor de poder de veto del organismo.

Por su parte, el Fondo nunca ha titubeado en devolver el favor al gobierno mexicano. No hay que olvidar que entre las décadas de los 80 y 90, el organismo internacional auguró la llegada del primer Mexican momentcuando la tecnocracia se estableció al timón de la economía. Cuando el país finalmente vería realizado su anhelo por formar parte del mundo desarrollado, en tiempos del TLCAN y la membresía a la OCDE. En medio del ardid que llevó a The Economist a calificar al grupo económico detrás del gobierno de Carlos Salinas como “el mejor económicamente letrado que haya gobernado un país en cualquier parte del mundo”.[5]

Con el lamentable resultado que tuvo el primer periodo de reformas que envolvió al Mexican moment de principios de los 90, queda preguntarnos ¿Qué tan diferentes fueron las predicciones de aquellos años de las que envolvieron los primeros meses de la actual administración? Buena parte de la literatura de aquella época hace un eco enorme en las páginas donde, hace poco, tanto prensa como organismos internacionales aplaudían al gobierno reformista de Peña Nieto.

En su última visita de trabajo a nuestro país en junio pasado, Christine Lagarde elogió la aprobación de las reformas estructurales y, adaptando la frase “Merece lo que sueñas” de Octavio Paz, se refirió a México como “una inspiración para el resto del mundo para atreverse a soñar”.[6]

Hoy, con una economía desdibujada y una sociedad crispada, México sueña y merece una mejor realidad.

Irving Argaez Corona es graduado de la Maestría en Política Económica Internacional por la London School of Economics.


[1]  Los requerimientos para el acreditar a la LCF incluyen tener una posición exterior sólida, una cuenta dominada por capital privado, suficientes reservas internacionales, finanzas públicas saludables, una deuda externa sostenible y una inflación baja y estable, entre otros.
[2] Oportunidades, Procampo y Seguro Popular. La Jornada, 25 de junio de 2012.
[3] Guillermo Ortiz fue Embajador de México ante el FMI y Carstens fungía como subdirector gerente del organismo.
[4] FMI (2009-2012) Mexico: Agreement under the Flexible Credit Line, Washington, Reportes No. 09/126, 10/81 y  12/327.
[5] “Respect Restored” en The Economist, febrero de 1993.
[6] “Dare to dream – Reformas estructurales en México”, comunicado de prensa del FMI sobre la visita de Christine Lagarde a México, 25 de junio de 2014.


Fuentes

Buira, Ariel (ed.) (2003) Challenges to the World Bank and IMF: Developing country perspectives, Londres, Anthem Press.

Copelovitch, Mark (2010) The international monetary fund in the global economy: Banks, bonds and bailouts, Cambridge University Press.

Lombardi, Domenico y Woods, Ngaire (2008) “The politics of influence: An analysis of IMF surveillance” en Review of International Political Economy, Oxford, University College Ed.

Magaldi, Mariana y Maxfield, Sylvia (2012) Banking sector resilience and the global financial crisis: Mexico in cross-national perspective, México, CIDE.

Mariano, Roberto y Volz, Ulrich (2012) A critical review od the IMF’s tools for crisis prevention, Bonn, Instituto Alemán de Política al Desarrollo.

Weisbrot, Mark y Ray, Rebecca (2012) The Mexican economy and the 2012 elections, Washington, Centro de Investigacioes Económicas y de la Política.

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