Como decía Eric Hobsbawm, vivimos en tiempos interesantes. El partido de izquierda radical SYRIZA ha ganado las elecciones en Grecia y su líder, el joven ingeniero Alexis Tsipras, es el primer ministro de un país convertido en un símbolo de los devastadores efectos de la crisis —y en un laboratorio de alternativas para superarla.


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La Odisea de SYRIZA

SYRIZA es la forma abreviada de llamar a la “Coalición de Izquierda Radical”. Como señala el economista Yanis Varoufakis1 —ministro de finanzas del nuevo gobierno—, para entender los orígenes de esta formación política hay que remontarse a la dictadura de los Coroneles (1967-1974), cuando el Partido Comunista griego (KKE) se dividió en dos corrientes: la del interior,  europeísta y formada por militantes que padecieron la represión del régimen de Papadopoulos; y la del exterior, de corte estalinista, cuyos líderes emigraron a Europa del Este tras el golpe de Estado.

Con la llegada de la democracia en 1974 la división entre ambos grupos se hizo evidente y sólo lograron converger hasta los años ochenta, cuando el PASOK (el partido socialdemócrata griego) tuvo una importante pérdida de popularidad. La unión de ambas facciones dio origen a Synaspismos (“coalición”, en griego). Con todo, la nueva formación no logró despegar electoralmente y parte del antiguo KKE pro-soviético decidió abandonarla. Mientras los comunistas ortodoxos retomaba su programa, Synaspismos vivió un proceso de transformación, buscando convertirse en un espacio de convergencia para la izquierda: lo que ya era una coalición se coaligó con otros grupos (socialdemócratas desencantados, ecologistas, movimientos antiglobalización) que, pese a buscar alianzas políticas, rechazaban entrar a Synaspismos. Varoufakis llama a esto el “Synaspismos2”, y es lo que en 2004 se convirtió en SYRIZA.

Esta Odisea se mantuvo prácticamente al margen de la política institucional: SYRIZA obtuvo, hasta hace relativamente poco, resultados electorales apenas suficientes para obtener representación parlamentaria. Sin embargo, como escribe Gerassimos Moschonas, la influencia de la coalición, muy activa en iniciativas de la sociedad civil y movilizaciones populares, era mayor a la que cabría esperar de su modesto desempeño en las urnas.2

Con el estallido de la crisis, SYRIZA se volvió un punto de referencia entre quienes padecían los efectos de la debacle económica y, posteriormente, las consecuencias de sus supuestos remedios. Ya bajo el liderazgo de Tsipras, la coalición obtuvo en 2009 el 5 por ciento de los votos. En 2012, la caída del PASOK significó el ascenso simultáneo de SYRIZA, principalmente entre los trabajadores y en zonas urbanas como el área metropolitana de Atenas, que concentra un tercio de la población griega.3 La coalición se convirtió entonces —con 27 por ciento de los votos— en el principal opositor a las políticas del gobierno de Nueva Democracia (el componente conservador del viejo bipartidismo griego).

En 2013 SYRIZA dejó de ser una coalición y se convirtió en un partido político. El cambio tenía un motivo práctico: la ley electoral griega establece que el partido que gane las elecciones recibe un bono de 50 escaños adicionales con el fin de facilitar la creación de mayorías, ventaja que no se otorga a las coaliciones.4 Pese a esta transformación, la estructura originaria de SYRIZA (que llegó a integrar trece tendencias distintas) sigue afectando su cohesión. La principal tensión dentro del partido, que es la de toda la izquierda radical europea, puede resumirse en una frase: “ya no somos comunistas, pero jamás seremos socialdemócratas”.5

En las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014 —comicios con menor participación en los que es más notorio el voto de castigo— SYRIZA fue el partido más votado. Durante los meses siguientes, el partido fue moderándose, pasando de buscar la condonación de la deuda griega a su reestructuración parcial. Ello no aplacó una campaña de miedo previa a la votación del pasado domingo, en las que SYRIZA triunfó con el 36.3 por ciento de los sufragios (99 diputados), quedando —gracias al bono— a sólo un paso de la mayoría absoluta.

El principio del fin de la austeridad expansiva

La situación de Grecia no puede entenderse sin hacer referencia a la austeridad, como se conoce al programa de ajuste impuesto al gobierno por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (triunvirato conocido como la Troika) tras el rescate de la economía realizado en 2010.

Las consecuencias de este austericidio —como lo llaman sus críticos— han adquirido la proporción de una crisis humanitaria: niveles inéditos de desempleo, duplicación de la pobreza, recortes salvajes a las pensiones y servicios como la atención sanitaria colapsados. Incluso la tasa de suicidios ha aumentado en 45 por ciento.6

El soporte de estas medidas draconianas es la doctrina de la “austeridad expansiva” que, generalizando los modestos hallazgos de dos economistas de Harvard (Alberto Alesina y Silvia Ardagna), señala que los recortes al gasto público producen crecimiento económico. ¿Cómo? Por arte de magia. Específicamente, por lo que Paul Krugman llama “el hada de la confianza”: de acuerdo con sus impulsores, los efectos nocivos de las políticas de austeridad serían más que compensados por el optimismo que generarían en los mercados internacionales.7 Esta doctrina calza a la perfección con la fábula —infantil, hipócrita y no exenta de racismo— que se utilizado para explicar la crisis en Europa, donde las cigarras (griegos, españoles, portugueses) tienen que pagar la cuenta después de su derroche, sacrificarse para expiar sus pecados. De acuerdo con este relato, la medicina recetada a los juerguistas es amarga, y por ello mismo necesaria y justa.

El problema es que la austeridad no ha hecho sino empeorar la condición de los enfermos. Grecia es un ejemplo extremo, pero no es el único. Como ha escrito el propio Tsipras, la receta no sólo ha causado un desastre económico equivalente al de una guerra, sino que ha fracasado en sus objetivos: ni se ha restablecido la confianza de los mercados en la economía helena ni se ha estabilizado la deuda.8 Pese al enorme sacrificio (o debido a él), una deuda que antes del rescate representaba el 107 por ciento del PIB, hoy se equipara al 175 por ciento.9

Resulta llamativo, por decir lo menos, que el propio FMI haya publicado investigaciones que cuestionan las bases de esta doctrina y concluyen que su aplicación es contraproducente: no expande la demanda ni el PIB; los contrae.10 O que Alemania, gran impulsora de las políticas de ajuste, haya hecho exactamente lo contrario a lo que ahora exige cuando se vio en una situación similar, en 1953.

De hecho, SYRIZA propone realizar algo parecido a lo que ocurrió con Alemania en los cincuenta: una conferencia europea sobre la deuda para negociar una forma sostenible de pagar a los acreedores sin hipotecar el futuro del país (cancelando una parte de lo debido y condicionando el pago del resto al crecimiento de la economía).

Las elecciones del 25 de enero han producido el primer gobierno dentro de la Unión Europea abiertamente opositor al dogma de la austeridad, consciente de que esta doctrina económica es también una opción política que también hay que derrotar en las urnas. La centralidad de este tema para el nuevo gobierno griego quedó manifiesta desde su toma de posesión. Con 149 escaños, SYRIZA quedó a sólo dos diputados de obtener la mayoría absoluta en el parlamento. Para formar gobierno, realizó un extraño pacto con ANEL, un pequeño partido de derecha nacionalista en las antípodas de SYRIZA en todo, salvo una cosa: la oposición al austericidio.

El bipartidismo ha muerto, ¡que viva el  bipartidismo!

Desde hace algunos años, más de uno se preguntaba si los efectos de la crisis podrían derivar en la destrucción del centro político en algunos países de Europa, generando escenarios radicalizados que recordarían a la República de Weimar. Pese a que las predicciones más alarmistas no se han cumplido, lo que sí ha ocurrido es un realineamiento de los sistemas políticos europeos.

En Grecia, como en otras democracias de la tercera ola en el Sur de Europa, la competencia electoral se centró durante las últimas décadas en dos partidos cercanos al centro: PASOK y Nueva Democracia. Los resultados del pasado domingo han enterrado a este bipartidismo tradicional, al tiempo que han dado paso a otro nuevo, de carácter más polarizado, entre Nueva Democracia y SYRIZA, quienes han obtenido un porcentaje de votos (28 y 36 por ciento, respectivamente) bastante más similar a lo que la composición final del parlamento muestra.

Muy por debajo de SYRIZA y Nueva Democracia, aunque afianzándose como tercera fuerza desde 2012, está la inquietante presencia de Aurora Dorada, un partido de extrema derecha xenófobo y violento. Con buena parte de su dirigencia actualmente en prisión —acusados de asesinato— esta organización que emula en discurso, estética (esvástica incluida) y principios al fascismo del siglo pasado obtuvo 6.3 por ciento de los votos en las elecciones. Lo más preocupante de este partido es su pretensión de crear un “Estado dentro del Estado”, distribuyendo comida, brindando servicios de salud y creando oficinas de empleo “sólo para griegos”. Estas medidas atienen a una población castigada por la crisis y la retracción del manto protector estatal, pero al mismo tiempo utilizan a los inmigrantes como el chivo expiatorio de todos los males de Grecia, de modo similar a cómo los nazis hicieron con los judíos.11

Una de las aristas más interesantes de estas elecciones es la práctica desaparición de uno de los partidos con mayor tradición en Grecia, el PASOK, condenado políticamente a la irrelevancia, al obtener menos del 5 por ciento de los votos y conseguir representación parlamentaria casi de milagro. Se trata de un acontecimiento equivalente al hundimiento del Titanic,12 pues el PASOK es un partido histórico que ha demostrado su capacidad de reinventarse a lo largo de cuarenta años en los que gobernó Grecia en distintas ocasiones, por primera vez en 1981 y por última ocasión en 2009, con el rescate ya a la vuelta de la esquina. Hace unas semanas, Yorgos Papandreus, ex primer ministro del PASOK y heredero de su fundador, dio la penúltima estocada al partido al abandonarlo para fundar el Movimiento de los Demócratas Socialistas, que también fracasó rotundamente en las elecciones (obtuvo 2.4 por ciento de los sufragios).

Creo que la dinámica de la izquierda griega, en la que la crisis del PASOK —marcada por la corrupción, su desvanecimiento como oposición al apoyar las políticas de Nueva Democracia y la salida de sus líderes históricos— terminó con su fagocitación por SYRIZA, deja importantes lecciones. Al menos un partido mexicano debería tomar nota.

El fantasma que recorre Europa (y el futuro)

Algo que ha destacado en las elecciones griegas es la lectura en clave regional que se ha hecho de las mismas. Si bien parece que la situación de la economía helena ya no plantea un riesgo para las finanzas de la UE, Grecia posee el potencial de cambiar Europa de modo diferente, al fungir como ejemplo para aquellos países que se han visto reducidos al estatus de protectorados de Berlín a causa de los programas de ajuste y al encabezar una oposición continental a las políticas que “están empeorando la crisis, amenazan la integridad de Europa y ponen en riesgo el crecimiento”.13

La derecha euroescéptica y xenófoba lleva años medrando, especialmente en el centro y norte de Europa (se llame Front National, UKIP o Partij voor de Vrijheid), pero poco tiene que ver con Tsipras y los suyos. Es en el sur donde el triunfo de SYRIZA puede tener mayor repercusión. Por ejemplo, en España, donde el nuevo partido Podemos14 lidera las encuestas. Su líder, Pablo Iglesias, estuvo presente en el cierre de campaña de SYRIZA y se congratuló por la formación de un gobierno para los griegos, no para los acreedores internacionales.15 Aunque ambas formaciones y sus contextos tienen diferencias importantes,16 poseen una combinación particular de virtù e fortuna: tienen líderes jóvenes y telegénicos, discursos y estrategias exitosas, y ambas han aprovechado  el hartazgo por la corrupción, el desprestigio de las elites y la hybris (ese orgullo que raya en la locura) neoliberal y austericida.

Ahora, el desafío de SYRIZA es honrar sus compromisos nacionales e internacionales y demostrar que no es un síntoma más de la crisis sino una alternativa. No será fácil: en el esquema de la Unión Europea, en el que Tsipras ha asegurado querer permanecer,17 los gobiernos nacionales tienen un margen de actuación reducido. Existen grandes obstáculos: por un lado, las amenazas de los lestrigones (dentro y fuera de Grecia), y por el otro, el canto de las sirenas (que llama a la asimilación a la manera del PASOK).18

El lunes empezaron las verdaderas dificultades. Para algunos, como el profesor Stathis Kouvelakis, queda claro que tras la victoria existen sólo dos opciones: la capitulación o la confrontación.19 Sin embargo, Tsipras ha insistido en la necesidad del diálogo para encontrar una solución ventajosa para todos en materia de deuda (negociando directamente en el Consejo Europeo, con los líderes de los 28 países miembros de la UE, no con la Troika). El problema está en que incluso con una negociación exitosa, queda la pregunta sobre la forma de financiar los programas sociales que han prometido y el hecho de que la recuperación tomará años.

Con todo, lo ocurrido en Grecia, un pequeño país que, entre otras cosas, ha dado al mundo el concepto de “gobierno popular” —que seguimos llamando por su nombre griego—20 puede marcar el inicio de un nuevo tiempo para Europa. Un tiempo en el que, como dice Iñaki Gabilondo,21 se siente a la mesa de los poderosos un nuevo invitado: la gente.

César Morales Oyarvide es politólogo.


1 “¿Puede SYRIZA cambiar la economía europea desde Grecia?” [http://bit.ly/19bRjZ9], SinPermiso, 8 de diciembre de 2013.

2 “A new left in Grecce: PASOK’s fall and SYRIZA’s rise”, Dissent, otoño de 2013.

3 “Greece: phase one” [http://bit.ly/1JrT3xj], entrevista de Sebastian Budgen a Stathis Kouvelakis, Jacobin, 22 de enero de 2015.

4 Yiannis Mantas, “SYRIZA: la dificultad de dejar de ser oposición”, La Marea, julio de 2013.

5 Gerassimos Moschonas, op. cit.

6 Steffen Stierle, “¿Cómo está Grecia? [http://bit.ly/1MIuj4W], El Diario, 24 de julio de 2014.

7 “Ending Greece´s nightmare” [http://nyti.ms/1MkQ0Kp], New York Times, 26 de enero de 2015.

8 “La alianza del sur europeo” [http://bit.ly/1KkFsvj], El País, 22 de mayo de 2013.

9 En parte porque, como resultado de la austeridad, el PIB de Grecia ha caído 25 por ciento.

10 Jaime Guajardo, Daniel Leigh y Andrea Pescatorio, “Expansionary austerity: new international evidence” [http://bit.ly/1HJwnIW].

11 Dos excelentes textos sobre “Aurora Dorada”: el primero de Beatriz Martínez de Murguía en La Razón [http://bit.ly/1MowI84], y el segundo de Gonzalo Rivero en Politikon [http://bit.ly/1Jypt7a].

12 Luis Prados, “El hundimiento de un Titanic socialista” [http://bit.ly/1CTwq0N], El País, 26 de enero de 2015.

13 James K. Galbraith y Yanis Varoufakis, “Only SYRIZA can save Greece” [http://nyti.ms/1RR6iiK], New York Times, 23 de junio de 2013.

14 Véase en este blog “Podemos: el nuevo partido español” [http://redaccion.nexos.com.mx/?p=6293].

15 En Público [http://bit.ly/1MowMEI], 26 de enero de 2015.

16 Para ver algunas de ellas, puede consultarse este artículo del Huffington Post [http://huff.to/1OmGO6Z].

17 “I will keep Greece in the eurozone” [http://on.ft.com/1egVNms], Financial Times, 12 de junio de 2012.

18 Los lestrigones son gigantes antropófagos a los que se enfrenta Ulises en La Odisea. Tomo esta imagen de una entrevista a Giannis Miliós, uno de los principales economistas de SYRIZA, traducida y compartida por Juan Domingo Sánchez Estop.

19 “After SYRIZA’s victory: confrontation or capitulation” [http://bit.ly/1gOG2oB], en Jacobin, 26 de enero de 2015.

20 Galbraith y Varoufakis, op. cit.

21 “Del triunvirato a la tetrarquía” [http://bit.ly/1Ijf5DM], El País, 26 de enero de 2015.

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