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Como observador y estudioso del fenómeno migratorio he estado buscando ejemplos de cómo mediante una agenda común y un liderazgo genuino acompañado, claro, del efecto y gracia de una coyuntura política que le beneficie puede ser el antes y después de los movimientos y políticos sociales de las minorías en los Estados Unidos, en este caso el de los hispanos (mexicanos principalmente).

Hay ejemplos históricos que pueden ilustrar los antecedentes, desde la defensa de los derechos civiles en los años sesenta del siglo pasado mediante Martin Luther King en el caso de la comunidad afroamericana o la de César Chávez por el movimiento chicano ente 1960 y 1965 también del siglo pasado.  Sin embargo, se ha dado un fenómeno en las recientes elecciones para alcalde en la Ciudad de Chicago que algunos politólogos lo pueden catalogar como el outsider o el factor sorpresa.

Jesús “Chuy” García, un ciudadano norteamericano de origen mexicano, nacido en Durango y que llegó a Estados Unidos producto de la residencia que su padre obtuvo gracias a que trabajó en los campos norteamericano bajo el cobijo del programa bracero (1942-1964) podía ser el parteaguas en los líderes que tienen una agenda en los Estados Unidos (y no en México como regularmente sucede) por la defensa de su comunidad. Cuando “Chuy” aceptó competir por la alcaldía en noviembre de 2014, la mayoría de los líderes de opinión pública y líderes comunitarios, así como el electorado en general, no le daban muchas posibilidades; sin embargo, tras una campaña innovadora y con un gran ayuda del sindicato de maestros, pudo revertir las tendencias.

Quedó en segundo lugar con 34% de los votos solo 11 puntos porcentuales por debajo del actual alcalde Rahm Emmanuel, quien obtuvo 45%, y que dicho sea de paso, además de tener toda la maquinaria política de su gobierno y dinero a su favor (30 millones de dólares, 10 veces más que lo que Chuy contaba) tiene el apoyo de los grupos de presión económica de la ciudad. Todo se decidirá el 7 de abril en una segunda ronda (runoff) electoral. Todo dependerá del voto latino, afroamericano y la salida a votar del 77% por ciento de los ciudadanos que no lo hicieron. Gane quien gane -ojalá sea “Chuy”-, este fenómeno sociológico y político sirve de marco de referencia para medir o estar atentos a las coyunturas que pueden cambiar el rumbo de la historia política de alguna comunidad determinada. “Chuy” lo supo en su momento.

Había un cansancio por la supuesta red de corrupción del gobierno en turno y por el cierre de más de 50 escuelas públicas en Chicago; sin embargo, no sólo en eso no radica su mérito. Siendo también demócrata (progresista) dejó a tras el denominado “institucionalismo” (servilismo) o “establishment” de un miembro del partido con respecto al “jefe máximo” con tal de conservar su estatus y esperar a ser nominado (“dedazo”) en su momento muy al estilo del sistema político mexicano, que, por cierto, no ha cambiado mucho si revisamos la lista de candidatos plurinominales a diputados federales que se hizo publica recientemente por parte de las tres principales fuerzas políticas del país: Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido de Acción Nacional (PAN).

“Chuy” apostó a la lógica del cambio y tendió puentes y alianzas; generó un discurso novedoso y propuso darle voz a la gente, donde el mayor peso lo tuvo la propuesta de aumentar la seguridad en las calles de Chicago. “Chuy”, independientemente de su origen mexicano, no repitió los vicios que veo en algunos otros líderes de origen mexicano que trabajan por la defensa  de los derechos de las minorías o a los que se dicen representar. Probablemente “Chuy”, mediante su profesionalización como administrador-servidor publico y político, tuvo que romper con ese subdesarrollo político o con las trampas de la cultura política que todo individuo trae consigo cuando emigra. No lo sé, quizá sea un accidente o producto de la casualidad, sin embargo, el fenómeno “Chuy” debería ser estudiado y replicado en distintos ejercicios democráticos a lo largo y ancho de los Estados Unidos con miras a presionar y lograr que se cumplan promesas de campaña como regularmente hacen los candidatos tanto republicanos como demócratas en las elecciones intermedias (cada dos años) o presidenciales (cada cuatro) a la comunidad hispana.

Un ejemplo es la tan anhelada reforma migratoria, o en su defecto, la acción ejecutiva de Obama que se encuentra suspendida. “Chuy” ha presentado un proyecto sencillo, pero a la vez demoledor en el discurso; concertó un sistema horizontal de alianzas e innovación en el marketing político. Si antes no teníamos marcos de referencia en fenómenos políticos por parte de mexicanos en los Estados Unidos, ahora ya lo tenemos. Espero que el ejemplo de “Chuy” sirva como metodología o caso de éxito a las comunidades hispanas, especialmente a sus líderes para que dejen a un lado su protagonismo y den paso a un verdadero y eficaz liderazgo político lejos de la improvisación y las trampas de su cultura política heredada. Al tiempo.

Adolfo Laborde es profesor investigador de la Escuela Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación sobre líderes hispanos en las ciudades de Chicago, Nueva York y los Ángeles en la Universidad DePaul, Chicago, Estados Unidos.

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