chuy

Se gana perdiendo. Es una frase que le escuché a un mi querido amigo politólogo peruano Eduardo Bueno en una de las muchas discusiones que solíamos tener en nuestro café preferido al sur de la Ciudad de México. La frase no me había dicho nada desde entonces, sin embargo, me parece que está hecha para describir lo sucedido en Chicago en la reciente elección en segunda vuelta (runoff) entre un candidato que podríamos considerar hijo de un sistema enquistado en las esferas del poden en la ciudad de lo vientos, Rahm Emanuel y el carismático Jesus “Chuy” García, un inmigrante mexicano que llegó a esta ciudad a la edad de 10 años.

Muy a pesar de los resultados electorales que le dieron la victoria con un 55.67% de los votos a Emanuel contra el 44.33% del candidato opositor, no es mucho si consideramos que el candidato contrincante, Chuy, no figuraba en las grandes ligas de la política local. Sin demeritar el pasado de Chuy, la coyuntura y quizá un poco de suerte lo pusieron en la cima de lo que podría ser una carrera ascendente dentro del partido demócrata y podría ser una de las figuras hispanas que darían la cara por el partido demócrata y promoverían el voto latino en las elecciones de 2016 para presidente de los Estados Unidos.

Chuy ha demostrado que no hay enemigo pequeño hablado en temas electorales y que la sorpresa seguirá siendo un elemento que se debe considerar en todo análisis político–electoral en el futuro cercano. Ante este escenario o nuevo mapa de las preferencia electorales en Chicago y de alguna u otra manera a nivel nacional, las preguntas que afloran son ¿Qué sigue?; ¿qué hacer con el capital político adquirido? O, ¿de qué manera servirá para la planeación de las campañas electorales de los candidatos hispanos la experiencia de Chuy?  Trataré de dar algunas pinceladas al respecto. Me parece que lo que sigue es no dejar que esto sea considerado como un accidente o fenómeno electoral contemporáneo; al contrario, se deben de analizar las variantes exógenas y endógenas que influyeron a que Chuy se convirtiera en una amenaza del statu quo. Esto servirá para la elección de los futuros candidatos, o bien, para crear una escuela de cuadros con jóvenes o aspirantes latinos, líderes comunitarios o políticos en donde se replicará y mejorará la metodología o modus operandi utilizado por Chuy y su equipo de campaña.

En cuanto al capital político, en un primer lugar el que obtiene la mejor tajada de pastel es sin duda el sindicato de maestros de las Escuelas Publicas de Chicago (CPS, en inglés) que le ha mandado un mensaje muy poderoso al alcalde Emanuel quien probablemente, lejos de buscar alguna revancha o represalia política, intentará un acercamiento con el fin de tenerlos como aliados. No creo que quiera volver a trabajar tiempo extra y a gastar recursos innecesarios en campañas políticas futuras si quiere reelegirse.

En segundo lugar, no cabe duda, quien también sale beneficiado es el propio Chuy. Dependerá de él crecer o no en materia de interlocución y negociación política dependiendo de los objetivos o agenda política del grupo al que represente. El tema migratorio o la relación con México son dos buenos nichos de oportunidad para él. No es descabellado pensar en un Chuy García como embajador en México más aún cuando el puesto está vacante. Finalmente, esta experiencia, como ya he mencionado, deberá considerarse como un ejemplo de éxito en materia de campañas electorales. Va más allá de la figura del outsider, tema del que ya he hablado en mi pasado trabajo en nexos. Se trata de una figura política que sabe hacia dónde van los aires de la política local y está consciente de la problemática y necesidades básicas de la comunidad, algo que muchos otros políticos no solo en Chicago, o dejan de lado o los obvian en sus plataformas electorales.

Esperemos que el fenómeno de Chuy García se convierta en un movimiento que esté a la altura de las necesidades de la comunidad mexicana en los Estados Unidos, que dicho sea de paso, está ansiosa de tener una referencia que defienda, o por lo menos, represente su muy particular realidad política, social-cultural y económica. Mientras tanto, espero que la frase de “se gana perdiendo”, cambie y se convierta muy pronto en lema de campaña de las figuras políticas latinas como la de Chuy por la de “se participa para ganar”. Al tiempo.

Adolfo Laborde es profesor investigador de la Escuela Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Actualmente se encuentra realizando una estancia de investigación sobre líderes hispanos en las ciudades de Chicago, Nueva York y los Ángeles en la Universidad DePaul, Chicago, Estados Unidos.

 

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