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El año de 1988 introdujo, entre otras cosas, la incertidumbre a los procesos electorales y con ella la noción de que para ganar elecciones se necesitaba convencer a la gente con propuestas más atractivas que las del oponente. El aparato corporativista y clientelar del PRI estaba llegado a su agotamiento.

Fueron las elecciones del 2000, sin embargo, las que representaron el parteaguas con el cual las campañas políticas empezaron a jugar un papel crucial en determinar el éxito de un candidato. Desde esas elecciones ha habido pocos procesos electorales en las cuales desarrollar escuela y expertise en el área de propaganda y campañas políticas.

Puede ser esa falta de experiencia a lo que debamos la paupérrima calidad que tienen las campañas políticas de este proceso electoral. Desde el turquesa del PANAL, a huevo, hasta los ritmos contagiosos del PRD y el Movimiento Ciudadano, pasando por la indignación anacrónica del PT y terminando por el ridículo pleito infantil entre el PAN y el PRI, las campañas y los spots no sólo son mediocres sino que carecen de contenido.

Ninguna campaña política del PT, MC, PANAL, PRD, PAN, PRI, Encuentro Social, Partido Humanista o MORENA propone. Mucho sería exigir que propusieran soluciones, ideas  o mecanismos innovadores con los cuales mejorar los problemas que nos aquejan. Sin embargo, lo más angustiante de este proceso electoral es el contenido del único partido cuya campaña contiene propuestas: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

El Partido Verde es el único que parece haber entendido a cabalidad la necesidad de convencer a la gente. Y si bien es cierto que sus estrategias han sido abusivas, ilegales y desleales, también es cierto que son exitosas. La estrategia de comunicación política del PVEM genera empatía, produce suspiros en las salas de cine, contagia indignación, y sobre todo, le llega a la gente.

La campaña del PVEM propone, sí, pero no habla de resolver problemas sino de taparlos. No propone mecanismos de cambio estructural, no habla de mejorar las condiciones del país, no ataja la raíz de los problemas y no ofrece políticas públicas que faculten a la sociedad de oportunidades o capacidades a las que tenemos derecho. No dialoga con un electorado que exige sus derechos políticos para poder ejercerlos y con ellos generar los cambios que quiere. Propone, en cambio, beneficios que presume como derechos y la población concibe como reivindicaciones.

Alude  a un electorado cortoplacista. Un vale en lugar de una política pública. Un parche por una solución. El Verde propone, mediante un mecanismo democrático, un gobierno no democrático sino de dádivas: de vales, de favores, de beneficios, de privilegios, de pagos clientelares institucionalizados, de paternalismo. El PVEM propone un retroceso a décadas de apertura democrática, y busca reproducir el mecanismo más puramente clientelar: votos por vales.

Algunos de los logros que el PVEM usa como propaganda son los siguientes:

  • Cadena perpetua para secuestradores. El principal problema de esta propaganda es que nunca se cuestiona la existencia misma del secuestro, jamás se plantea como una situación indeseable que se debería erradicar. Mucho menos se propone una solución al mismo. El secuestro y su generalización se toman como un hecho, con el cual además, la mayoría de la población se puede identificar. La campaña lucra con la inseguridad y la frustración de la gente: ofrece un vale por cadena perpetua a secuestradores en vez de una política pública de seguridad, de prevención al delito y de alto a la impunidad.
  • Fuera los animales de los circos. La lástima que generan los spots con imágenes de animales heridos es infalible. Sin embargo, no se analiza el problema de fondo que es la nula regulación de las condiciones en las que viven los animales en los circos o la corrupción en la revisión de dichos establecimientos. No se prevé tampoco a dónde irán a parar tantos animales una vez se han vuelto inútiles para sus dueños. Menos se analiza si este futuro incierto es, en efecto, mejor para los animales. La propaganda electoral ofrece un vale por expulsar a los animales de los circos, pero no conlleva una política de cuidado, condiciones sanitarias mínimas o protección a los animales en espectáculos y centros de entretenimiento.
  • La eliminación de las cuotas en las escuelas. Innegablemente era indeseable que se cobraran cuotas en las escuelas. Sin embargo, eliminarlas a rajatabla difícilmente va a resolver el problema de fondo. El motivo por el cual se cobraban dichas cuotas sigue existiendo. No se sabe si se cobraban por puro abuso o para cubrir necesidades de la escuela y su mantenimiento o del personal que ahí trabaja. Este spot representa un vale por la eliminación de cuotas en las escuelas pero no propone resolver el problema de la discrecionalidad del uso de los recursos para la educación. No habla de revisar el gasto, de inspeccionar las condiciones de las instalaciones escolares, de auditar a los profesores o a los directivos del SNTE.

Un par de ejemplos de sus propuestas de campaña:

  • Proponen un vale por medicinas, pero no ahondan en ningún momento en reestructurar el sistema de seguridad social. Tampoco plantean la posibilidad de crear un seguro universal o de generar un programa de subsidios para la compra de medicinas. La propuesta es tan clientelar como paternalista porque no faculta a los ciudadanos para poder adquirir las medicinas que necesita, sino que ofrece otorgárselas “generosamente” a cambio de votos.
  • Propone un vale por el primer empleo. No se plantea fomentar el crecimiento de la economía, no se habla sobre planes de apoyo e incentivos a las pequeñas y medianas empresas para que con su crecimiento generen más trabajos. No se propone disminuir las barreras a la entrada de nuevas compañías o startups que puedan convertirse en fuentes de empleo. Se plantea, dadivosamente, otorgar un favor o privilegio (a cambio de votos) que se puede concebir erróneamente como un derecho.

De la popularidad de las campañas del PVEM surgen dos últimas preocupaciones. Por un lado la mediocridad del resto de los partidos al no intentar siquiera superar al Verde con campañas igualmente exitosas pero con contenidos de calidad. Haría bien el resto de los partidos políticos en contagiarse del ímpetu innovador, y demostrarle al Verde que además de tener una buena estrategia de comunicación política, también se puede proponer contenido de calidad y convencer dentro del marco de la ley.

La segunda preocupación es que 15 años después de la alternancia no hayamos aprendido lo que significa ser ciudadanos en una democracia. Lo más angustiante del éxito del PVEM es la posibilidad de que los mexicanos sigamos prefiriendo intercambios clientelares en lugar de un mecanismo auténticamente democrático. El problema más grave de fondo en la carencia de las campañas políticas es que ninguna ofrece alternativas para facultar a los mexicanos con la capacidad de exigir el cumplimiento de políticas públicas benéficas. Y la única campaña que propone algo, y que resuena en la población, es aquella que plantea un retroceso a la política clientelar de un gobierno corporativista de partido hegemónico.

El riesgo latente es que través de la libre y directa elección de nuestros representantes elijamos perpetuar el cortoplacismo y la inmediatez de favores o beneficios tangibles, renunciando al concepto de ciudadanía y a la construcción de democracia. Renunciando a exigir los mecanismos para mejorar nuestro país desde el estado de derecho, pasando por la economía hasta el incremento de las oportunidades que tenemos para tomar decisiones sobre nuestras propias vidas.

Alejandra Ibarra Chaoul es politóloga del ITAM.

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