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Para explicar qué influye en las percepciones de los ciudadanos sobre si las elecciones son libres y limpias, en los últimos 20 años se han desarrollado dos grupos de teorías, una se refiere a las afinidades partidistas o ideológicas y otra al tipo de órgano electoral que organiza los comicios.

En el primer grupo, el de afinidades partidistas o ideológicas, se puede incluir el caso mexicano que fue marcado por la continua desconfianza, que en la época contemporánea derivó de las controvertidas elecciones presidenciales de 1988 (McCann y Domínguez 1998). La noche del martes 6 de julio el sistema de cómputo se detuvo cuando el principal candidato opositor al PRI, Cuauhtémoc Cárdenas, quien fuera postulado por un frente de partidos de izquierda, se acercó al candidato oficial, Carlos Salinas, por menos de diez puntos. Cuando el sistema volvió a funcionar, el margen de victoria de Salinas casi rondaba los 20 puntos.

Respecto a ejemplos de controversia electoral reciente, baste recordar las elecciones presidenciales de 2006, donde la distancia entre el primero y el segundo lugar fue de 0.56%, alrededor de medio punto. Las expectativas de triunfo de ambos candidatos, Andrés Manuel López Obrador postulado por la izquierda y Felipe Calderón, candidato oficial postulado por el entonces partido gobernante Acción Nacional, derivaron en una notable tensión postelectoral, protestas y reclamos (Estrada y Poiré 2007; Rosas 2010).

Por estas razones, resultados electorales controvertidos pueden jugar un papel importante: quienes apoyaron al candidato que a la postre perdió en comicios considerados controvertidos, probablemente tenderán a confiar menos en las elecciones (Mozaffar y Schedler 2002). Desde luego que pudieran existir argumentos razonables para manifestar dicha desconfianza, como ha ocurrido en algunas elecciones de carácter local (Molinar 1991; Eisenstadt 2004).

Ahora bien, es importante recordar que quienes desconfían de las elecciones hoy, no necesariamente van a desconfiar de las elecciones mañana o pasado mañana. Estos efectos pueden ser de corto plazo entre los ciudadanos (Rosas 2010), aunque entre las élites políticas los agravios causados y percibidos parecieran subsistir un poco más (Molinar 1991; Estrada y Poiré 2007; Rosas 2010).

En el segundo grupo de factos se incluye el tipo de órgano electoral, es decir, si la institución que organiza las elecciones se trata de un órgano técnico o si se trata de un órgano político, con tintes partidistas. Si el órgano tiende a desempeñarse de manera técnica, la confianza en las elecciones parece ser mayor, en cambio, cuando se trata de órganos con sesgos partidistas, parece que la confianza disminuye (López-Pintor 2000; Estévez, Magar y Rosas 2008; Rosas 2010).

A continuación se presentan, en perspectiva comparada, los promedios nacionales de confianza en las elecciones, datos recopilados de las encuestas del Barómetro de las Américas en su ronda 2014, con 38,089 entrevistas en 24 países del continente americano (datos disponibles para acceso gratuito).

La gráfica 1, que muestra los promedios nacionales de confianza en las elecciones, sitúa a la ciudadanía del Uruguay como la que más confía en las elecciones, pues en una escala del 1 al 7, donde 1 es nada de confianza y 7 es mucha confianza, los electores uruguayos se ubican en el 5.5. El caso completamente puesto lo representa Haití, pues sus ciudadanos reportan la confianza promedio más baja del continente con 2.8.

De los 24 países encuestados, México ocupa el lugar 20, con un promedio de 3.4, puntaje muy similar a Guatemala, Guyana u Honduras. Destaca que el electorado que vive en Jamaica, Brasil, Colombia y Haití parece confiar aún menos en las elecciones que el electorado mexicano.

La pregunta sobre qué factores influyen en la confianza de los ciudadanos en las elecciones resulta relevante en el contexto comparado, pues países con una larga tradición democrática, a pesar de haber vivido la noche de las juntas militares, o guerras intestinas en ciertos momentos, muestran más confianza promedio en las elecciones que México, como Uruguay, Chile, o Argentina. O los casos con guerras civiles como El Salvador o Nicaragua.

Gráfica 1

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En la gráfica 2, ya no se muestran los promedios nacionales, sino las categorías en la escala del 1 al 7 de la pregunta ¿qué tanto confía usted en las elecciones? Destacan en rojo los porcentajes de quienes respondieron en cada país “nada”, es decir, 1; mientras que en negro se muestran los porcentajes de quienes respondieron “mucho”, es decir, 7.

Los casos extremos sirven como ilustración: en Uruguay la barra en rojo es la de menor extensión en el continente, mientras que la barra en negro es de la de mayor extensión para los 24 países encuestados. Esto significa que sólo el 5% de los uruguayos no confía en las elecciones, (la barra en rojo), mientras que el 38% confía mucho (la barra en negro).

Brasil, Guyana y Haití son los países donde se observa que alrededor del 30% de sus ciudadanos respectivamente no confían en las elecciones, es decir, se ubican en la categoría “nada de confianza”. Y en el otro extremo, menos del 10% se ubica en la categoría “mucha confianza”.

El caso mexicano pareciera, a diferencia de la comparación por promedios, menos dramático cuando se examina la confianza en las elecciones por categoría de respuesta. Sin embargo, destaca que un cuarto de los mexicanos reporta no confiar nada en las elecciones, mientras que sólo el 5% manifiesta confiar mucho. En la gráfica 2, esto es, por categorías, México ocupa el lugar 15 de los 24 países encuestados. Tampoco resulta un lugar de privilegio, aunque ya no es el lugar 20 de 24 como en el caso de los promedios nacionales.

Gráfica 2
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Si se suman las categorías 1 y2, se obtendría que el 32% de los mexicanos no confían en las elecciones, mientras que si se suman las categorías 6 y 7, se tendría que el 14% confía mucho. Estas sumas, comparadas con el Uruguay nos darían 8% y 60% respectivamente. Es decir, mientras casi un tercio de los mexicanos no confía en las elecciones, sólo desconfía el 8% de los uruguayos; y en el caso opuesto, mientras el 14% de los mexicanos confían mucho en las elecciones, lo mismo reporta el 60% de los uruguayos.

Ahora, si se comparan estos mismos datos con el caso de Brasil, las categorías 1 y2 suman 45%, mientras que las categorías 6 y 7 suman 12%. Esto significa que por un tercio de mexicanos desconfiados de las elecciones, se tiene casi la mitad de brasileños, mientras que en el lado de la confianza las cifras parecen muy similares, 14% en México y 12% en Brasil.

En síntesis, en perspectiva comparada, los electores mexicanos reportamos una menor confianza en las elecciones, lo que se agrava si sólo se considera el promedio nacional. Al analizar la escala completa de respuestas, se observa que, en efecto, la desconfianza resulta muy equiparable a otras naciones como República Dominicana, Honduras, o Guatemala, teniendo como casos extremos a Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana o el propio Haití. Esperemos que por el bien del país la confianza en las elecciones pueda ir en aumento, con independencia de los ganadores o perdedores, pero siempre contando con un órgano electoral menos político y más técnico.

Alejandro Díaz Domínguez es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Vanderbilt y profesor de asignatura en el Departamento de Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México (@alejdiazd y alejandro.diaz@itam.mx).


Referencias

Eisenstadt, Todd A. 2004. Courting Democracy in Mexico. Nueva York: Cambridge University Press.

Estévez, Federico, Eric Magar y Guillermo Rosas. 2008. “Partisanship in non-Partisan Electoral Agencies and Democratic Compliance: Evidence from Mexico’s Federal Electoral Institute”. Electoral Studies 27(2): 257-271.

Estrada, Luis y Alejandro Poiré. 2007. “Learning to lose, taught to protest: Mexico’s 2006 election”. Journal of Democracy 18(1): 73-87.

López-Pintor, Rafael. 2000. Electoral Management Bodies as Institutions of Governance. Nueva York: United Nations Development Programme.

McCann, James A., y Jorge I. Domínguez. 1998. “Mexicans React to Electoral Fraud and Political Corruption: an Assessment of Public Opinion and Voting Behavior”. Electoral Studies 17(4): 483-503.

Molinar, Juan. 1991. El tiempo de la legitimidad: Elecciones, autoritarismo y democracia en México. México: Cal y Arena.

Mozaffar, Shaheen y Andreas Schedler. 2002. “The Comparative Study of Electoral Governance. Introduction”. International Political Science Review 23 (1): 5-27.

Rosas, Guillermo. 2010. “Trust in Elections and the Institutional Design of Electoral Authorities: Evidence from Latin America”. Electoral Studies 29(1): 74-90.

 

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