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Si John Kenneth Galbraith siguiera vivo, podría confirmar por enésima vez su hipótesis sobre la euforia financiera con lo ocurrido en el último mes en la Bolsa de Shanghái. En su “Breve historia de la euforia financiera”,[1] Galbraith revisa los grandes episodios históricos de especulación financiera y encuentra tres rasgos recurrentes para que estos se desaten, y que pueden servirnos para analizar lo ocurrido durante el último mes en el mayor mercado accionario chino.

Primero, Galbraith describe que la euforia forma parte del episodio de especulación financiera y las masas escapan así de la realidad. A mediados de 2014 inició un alza abrupta y sostenida en el valor de las acciones de las principales empresas que cotizan en la Bolsa de Shanghái, que se refleja en el índice compuesto de referencia de esta bolsa: solamente en el último año, dicho índice aumentó en 150% su cotización.

Esto se debió a varios factores, entre ellos el aumento dramático en el número de personas que participan en este mercado de valores, con más de 40 millones de nuevas cuentas abiertas en el último año. El perfil de los nuevos usuarios de servicios financieros en China es de personas no especializadas en estos mercados y con educación no mayor a la media superior, de acuerdo a la Encuesta Financiera de los Hogares Chinos.[2]

En segundo lugar, Galbraith explica que existe una engañosa asociación entre dinero e inteligencia, dado que el dinero es la medida de toda realización en el sistema capitalista. Esta ambición no resulta ajena a la población china, que ha visto cómo su gobierno abre cada día más la puerta en los mercados domésticos a la inversión, a pesar de las restricciones políticas y sociales de su sistema.

Un reflejo de esta ambición fue el aumento de 150% en el precio de las acciones de la Bolsa de Shanghái, que no corresponde con el desempeño de la economía china en su conjunto; cuyo crecimiento se ralentizó y llegó a 7.4 % durante 2014, una tasa no vista desde hace un cuarto de siglo en China. Entonces, ¿qué explica este aumento en los precios de las cotizaciones de la Bolsa de Shanghái? Este fue un reflejo de los nuevos usuarios no especializados realizando inversiones en acciones con dinero prestado, una práctica conocida como intercambio o llamadas “al margen” e incentivada en los últimos años por el propio gobierno chino. Tras la crisis financiera de 2008 que destapó la dimensión en el uso de estas prácticas, los mercados financieros de diversos países regularon el comercio de ciertos activos al margen, como los derivados y las acciones. Esta práctica estaba fuertemente regulada en China, pero desde hace un par de años y buscando estimular la inversión en los mercados de acciones, el gobierno relajó estas reglas.

Ante el miedo de que los precios de las acciones estuvieran aumentando de forma muy acelerada, como estaba ocurriendo, a principios de 2015 el gobierno chino impuso nuevas restricciones al comercio al margen, que culminaron en el anuncio del 12 de junio de un nuevo límite en la cantidad de acciones que se podían comprar con dicha práctica. Ese día comenzó la caída que se mantuvo casi un mes y al 8 de julio representaba una pérdida de 32% en el valor del índice compuesto de la bolsa, que equivale a 3.4 billones de dólares en su capitalización total de mercado. Para poner esto en perspectiva, es el valor de la producción bruta anual de toda Alemania, 14 veces la de Grecia o 1.75 veces la de México.

La respuesta del gobierno chino a lo ocurrido en la Bolsa de Shanghái nos muestra que apenas está aprendiendo que no puedes luchar contra la gravedad en el sector financiero. Ante el temor de los oficiales chinos de que las acciones estuvieran cayendo demasiado rápido, se anunciaron nuevas medidas desesperadas para impulsar al alza los precios de las acciones. Comenzaron congelando alrededor del 72% de las acciones de la bolsa, que representan cerca de 1,330 empresas, dejando a los inversionistas atrapados. De esta manera, 2.6 billones de dólares en acciones quedaron congelados, un 40% de la capitalización de mercado del país. Además, se relajaron las reglas para comerciar al margen en la bolsa y el banco central chino aumentó la liquidez a la empresa pública encargada de financiar los intercambios al margen.

Aunque la caída se ha detenido por el momento, con un aumento en el precio de las acciones durante la jornada del 9 de julio tras un mes de caída, las implicaciones sociales por las pérdidas acumuladas de los pequeños inversionistas y el efecto contagio de esta caída por los intercambios al margen de las grandes empresas podrían iniciar un efecto dominó similar al ocurrido en Estados Unidos en 2008 ante la revelación de la crisis de los créditos subprime. Aunque esto no ocurriera, las pérdidas financieras de las empresas que cotizan en la Bolsa de Shanghái podrían traducirse en cambios en sus decisiones domésticas e internacionales de inversión, con China sosteniendo buena parte de la frágil recuperación global.

Pero quizá el factor clave identificado por Galbraith para la recurrencia de estos episodios especulativos es la fragilidad de la memoria en asuntos financieros. A finales de 2006, el mismo índice compuesto de la Bolsa de Shanghái comenzó a crecer significativamente hasta tener un aumento de casi 600 % durante 2007, que culminó a principios de 2008 tras los rumores de mayores restricciones al intercambio al margen y de un posible aumento en las tasas de interés de referencia del banco central para detener la creciente inflación. Dicha burbuja financiera fue impulsada por el frenesí de los pequeños inversionistas ante las ganancias alcanzadas y por el exceso de liquidez de las medianas y grandes empresas, que encontraron una salida para dicho exceso en los mercados accionarios. En resumen, la historia se repitió en buena medida durante el último mes y a solo siete años de la última burbuja, con pequeños cambios en ciertos matices y factores.

Así, los episodios de especulación y euforia financiera han ocurrido cientos de veces en la historia, y volverán a ocurrir mientras la ambición nos siga cegando y no se aprenda de los errores del pasado. Releer a Galbraith podría ayudar a que al menos algunos no caigan en las trampas de siempre.

Carlos Brown Solà es maestro en economía por El Colegio de México. Analista y consultor económico.


[1] Galbraith, J.K. (2011). Breve historia de la euforia financiera. Barcelona: Ariel.
[2] Encuesta Financiera de los Hogares Chinos, (2014). Data. [en línea] [Consultada el 8 julio de 2015].

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