Mucho se ha dicho sobre las polémicas declaraciones de Donald Trump. Podemos estar de acuerdo o no con él; escandalizarnos, gritar y hasta tacharlo de loco y racista. Quizá estemos en lo correcto; sin embargo, no estaríamos hablando y desgastándonos en estos menesteres, menos aún cuando quizá no llegue a la nominación republicana como candidato presidencial. Existe, creo, en todo esto, por parte de muchos mexicanos de este lado de la frontera (México) un doble discurso.

frontera

Nada hicimos, o muy poco, como sociedad para presionar a nuestro gobierno en turno, o los anteriores, de generar una verdadera política pública para crear o delinear una política migratoria externa: la política migratoria ha sido precisamente eso, la ausencia de tal. 

¿En dónde terminó la iniciativa de Vicente Fox de crear una Secretaría del Migrante? O ¿la idea de la Oficina de la Presidencia para atender dicho fenómeno? O la dotación de un mayor presupuesto y autonomía al Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) de la Cancillería que se encarga de las comunidades de los mexicanos en el mundo? 

En la realidad, nuestros paisanos, importan poco, salvo en el tema de remesas. Diría mi querido amigo Primitivo Rodríguez, experto en temas migratorios, “a los migrantes se les ve como cajeros automáticos¨.  El tiempo nos ha alcanzado. El principio de no pasa nada, tendrá que reconsiderarse. Tenemos que generar una estrategia integral de la defensa de los intereses de los mexicanos más allá de nuestras fronteras y eso, hay que reconocerlo, no se hace sólo con reclamaciones y manotazos. 

Sin necesidad de crear más burocracia sin sentido, me parece que debemos de dotar con más personal y presupuesto a nuestros consulados, así como una estructura más acorde a su realidad del IME. Pasar de los paseos turísticos con los miembros de su Consejo Consultivo del IME a verdaderos esquemas de cooperación e intercambio de buenas practicas sobre el tema migratorio. Generar estrategias mediáticas allá, es decir, en Estados Unidos, no acá, para contrarrestar los dichos de Señor Trump y los que le sigan. 

Parece que eso no se ha entendido. Los migrantes y sus organizaciones, si se quisiera, podrían convertirse en los mejores aliados del gobierno mexicano. Lejos de eso, se les ha dejado en el olvido. Dejemos la doble moral y pasemos la praxis. Aún hay tiempo, antes que la oleada antiinmigrante en los Estados Unidos crezca más. 

Mucho de ello es debido al desconocimiento de la gran aportación de nuestros inmigrantes a la sociedad estadunidense en términos económicos y sociales. Un buen comienzo sería la creación y difusión en los medios masivos de comunicación y redes sociales de cápsulas informativas multilingües de la historia de la migración de los mexicanos en los Estados Unidos, incluyendo claro está, la venta del territorio que le pertenecía a México en la primera mitad del siglo XIX. 

Esto, acompañado de un lobby bien estructurado, me parece, reduciría los efectos negativos de lo que tan fácilmente ha logrado el Sr. Trump en tan corto tiempo. Quizá, el lado positivo de todo esto es que el debate migratorio ha salido del closet y está ahí, para abordarlo y darle sentido. Aprovechemos esta coyuntura. 

Adolfo Laborde es profesor investigador de la Escuela Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI).

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