La renovación de la dirigencia del PRD va más allá del cargo que deja Carlos Navarrete. El partido de izquierda más importante del país está en un momento de renovación que marcará su rumbo frente a la otra izquierda –la de Morena-, la derecha y el partido en el gobierno federal.

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No sólo eso: el relevo implica un nuevo equilibrio de fuerzas interno que incluye la presidencia, sí, pero también 24 secretarías, las coordinaciones parlamentarias y lo que se desgrane hacia abajo en la estructura.

Este no es un juego de suma cero. El que gana la dirigencia nacional no se lleva todo y el que la pierde no se va a su casa para participar hasta la próxima ocasión: los perredistas han convertido sus antiguas y cruentas batallas entre tribus en una afinada capacidad de negociación que incluye traiciones y golpes bajos, pero que ya no es una lucha cuerpo a cuerpo en campo abierto.

Haré a un lado, sólo por un momento, los nombres de quienes han levantado la mano y pondré atención en los grupos que miden fuerzas. El PRD está organizado, estatutariamente, por corrientes. Estas corrientes tienen voces, cargos y votos y estas son las canicas con las que juegan. La más grande es Nueva Izquierda, con una fuerza interna estimada en 40 por ciento. Le siguen Alternativa Democrática Nacional, liderada por Héctor Bautista, y la corriente bejaranista Izquierda Democrática Nacional. Tras estas, la pedacera.

Los dos primeros espacios que alteran equilibrios con miras a la renovación de la dirigencia son las coordinaciones parlamentarias. En el Senado, el coordinador Miguel Barbosa representaba a Nueva Izquierda, pero ahora es una carta suelta, lo que significa que NI puede reclamar otros espacios a los que se considera con derecho en función de su fuerza y representación. En la Cámara de Diputados se disputaron la coordinación varias personalidades pero sólo dos fuerzas: Nueva Izquierda y Alternativa Democrática Nacional.

Sin reglas

La prematura renovación de la dirigencia, provocada por la renuncia anticipada de Navarrete, comenzó sin reglas. Hasta el momento no hay convocatoria y por lo tanto nadie sabe ni quién puede participar ni cómo. Eso explica la abundancia de manos alzadas. Hay más de una decena de aspirantes cuyo olfato político conduce a mover lo posible mientras no haya reglas, y lo posible son los medios de comunicación y la estructura.

El escenario es inédito: los aspirantes pueden hacerlo todo porque no hay camino marcado. Incluso hay un aspirante serio a la secretaría general. Nunca ha habido uno, pero nada le impide a Arafat Nájera enarbolar banderas de transparencia partidista y hacer campaña para el segundo cargo mientras sus colegas se disputan el primero.

El campo de juego

El Consejo, integrado por 300 consejeros nacionales electos, más 20 del Comité Ejecutivo Nacional, más diputados federales electos y en funciones, más senadores, más gobernadores y ex gobernadores, convoca al Congreso. El número de integrantes del Consejo nunca es exacto, pero la cifra ronda los 524.

El Congreso está integrado por mil 200 delegados. Sus miembros fueron elegidos por tres años y su función es ver los asuntos de mayor relevancia para el partido: cambios en los estatutos, rumbo ideológico y elección del Comité Ejecutivo Nacional (es decir, la dirigencia y las secretarías).

El consejo convocó al congreso para el 14 de septiembre. La reunión durará tres días.

Los escenarios

El escenario ideal para los perredistas es una elección en la que el voto cuente abiertamente: votan los congresistas y se eligen los cargos.

El escenario más factible, sin embargo, es el de los acuerdos entre corrientes. Los liderazgos más poderosos se reúnen y negocian entre sí, tomando en cuenta la fuerza partidista de cada uno y los espacios de decisión que tienen fuera del partido.

Los nombres

Aún hay muchos aspirantes a la presidencia debido a la falta de convocatoria. No todos están realmente contendiendo por ese cargo.

Algunos de los nombres que están en la mesa pública (como tomadores de decisiones, contendientes o con derecho a veto) son:

Carlos Navarrete

Jesús Zambrano

Julio César Moreno

Zoe Robledo

Beatriz Mujica

Agustín Basave

Fernando Belauzarán

René Bejarano

Héctor Bautista

Armando Ríos Peter

Víctor Hugo Romo

Guadalupe Acosta Naranjo

Carlos Sotelo

Cómo juega el PRD del DF

Vanguardia Progresista — El grupo liderado por Héctor Serrano tiene alianza en la ciudad de Nueva Izquierda, lo que lo vuelve un potencial aliado en el juego nacional. Esta corriente ha pedido que no sólo se renueve dirigencia sino también estatutos. Proponen una nueva estructura que permita una vinculación efectiva con el trabajo territorial. El grupo Iztapalapa, liderado por Dione Anguiano y Alfredo Hernández Raygoza, aunque forma parte de VP, va con rumbo propio en la dinámica nacional.

NI — Juegan con gallo propio. Julio César Moreno, líder político de Venustiano Carranza, es uno de los contendientes a la dirigencia y a espacios nacionales.

ADN — El líder político local, Jesús Valencia, aporta voces y votos a esta corriente nacional, que es la segunda en importancia. Les interesa la coordinación en la Cámara de Diputados, pero negocian fuerte en la distribución de los espacios de la dirigencia.

IDN — René Bejarano no ha manifestado públicamente ninguna postura. No hay que perder de vista el papel que jugarán Aleida Alavez y Ariadna Montiel en el rumbo del PRD por parte de esta corriente. Dolores Padierna tiene la vicecoordinación del Senado y el propio Bejarano podría buscar la responsabilidad de una secretaría en el partido.

El PRD DF — Está fuera de la jugada.

Ivabelle Arroyo es politóloga y periodista.

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