La nueva secretaria de Relaciones Exteriores de México llega en un momento crucial para el país. No solo estamos a la mitad de una administración que bien o mal ha sorteado los efectos de una coyuntura internacional adversa para todos los miembros de la comunidad global, sino que enfrentamos un proceso de reconfiguración de la política interna que en los próximos años afectará, sin duda, la sucesión presidencial y por ende, el destino del país.

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No es menor que hayan designado a Claudia Ruiz Massieu a la Cancillería, que se ha convertido en una cartera clave para la promoción e imagen de los logros de la administración del presidente Enrique Peña Nieto. Parto del supuesto que el interés de la actual administración es revertir los descalabros recientemente experimentados. Todos sabemos de ellos y sería estéril enumerarlos. Estamos saturados de esas malas noticias. 

La tarea titánica es agrupar los buenos resultados, que estoy seguro existen, de la administración y para ello no hay nadie más indicada que una buena comunicadora y experta en la promoción de México en el mundo. A su paso por la Secretaría de Turismo y de acuerdo con el comunicado de prensa 01/2015 de la Secretaría de Turismo, Claudia Ruiz Massieu dejó un crecimiento de la industria cuatro veces mayor a la tasa mundial que es de alrededor 4.8% anual. 

Quizá estos buenos resultados valieron su designación. Los retos de la nueva canciller serán más complejos. La cancillería no es precisamente un lugar fácil, empero está dotada de un excelente cuerpo profesionalizado con basta experiencia en el oficio diplomático que sin duda, le apoyarán en la toma de decisiones. 

Si bien es cierto hay avances palpables en materia de política exterior, que no sólo con los viajes al extranjero del presidente Peña se sustentan (activismo internacional), sino por el cambio de rumbo y regreso a lo que en su momento fue funcional (principios, bases y fundamentos de la política exterior) adaptando además, estrategias inteligentes para operar de manera efectiva una política exterior a la altura de las relaciones internacionales de una potencia media como lo es hoy México, lo cual se reforzó con la noción e imagen en el mundo a inicios de la presente administración con el “Mexican Moment”. 

Esto se logró gracias al impacto en los medios internacionales de comunicación por medio de la difusión (alineación) de los objetivos (económicos, políticos y sociales) alcanzados en la política interna y su vinculación con los que se persigue en la política externa. De esta forma, el “Mexican Moment” fue el producto de la estrecha relación, que retomó Claudia Ruiz Massieu por su paso por la Secretaría de Turismo, entre las reformas estructurales que se emprendieron en México durante el 2013 y los acuerdos alcanzados por las distintas fuerzas políticas. 

En la actualidad, existen retos y desafíos para la diplomacia mexicana, tales como: el reposicionamiento y regreso en América Latina y el Caribe; reducir las asimetrías de nuestras relaciones con Estados Unidos y defender hoy más que nunca los intereses de los mexicanos que viven allá, sobre todo en el tema migratorio; pasar del acercamiento a la alianza real con los países del Pacífico, específicamente con China, Corea y Japón; recobrar los espacios perdidos en Europa y retomar nuestra presencia en África.

Parece que no estamos muy lejos de lograrlo, sin embargo, la visión de largo plazo, los recursos humanos y económicos, sin duda, tendrán que acompañar cualquier estrategia de política exterior ya sea tradicional o pragmática. Esto, sin duda, contribuirá a que el “Mexican Moment” se transforme en el “Mexican Success”. Esperemos, por el bien de México, que Claudia Ruiz Massieu tenga un excelente desempeño al frente de Relaciones Exteriores y materialice esto.

Adolfo Laborde es profesor investigador de la Escuela Nacional de Educación, Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). 

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