El discurso del presidente Enrique Peña Nieto en la Asamblea General de las Naciones Unidas atrajo atención al tema del retorno de México como participante en las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU.

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Algunos soldados mexicanos ya están en una misión de la ONU en Haití, y pocos más llegarán al Líbano y el Sahara Occidental más tarde este año. Las otras únicas veces en las que México ha desplegado personal a misiones de la ONU fue en Cachemira en los años 1950 y en El Salvador a principios de los 1990.

La idea del retorno de México a las operaciones del mantenimiento de la paz de la ONU ha sido recibida con sorpresa y críticas —al menos en México.

Hay cuestionamientos sobre si el ejército mexicano, tras años de “guerra contra el narco” y enfrentando acusaciones de violaciones de derechos humanos, tiene la experiencia o los recursos necesarios. Y es importante tener en mente la historia importante de no-intervención del país.

No obstante, la participación en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas no viola el principio de no-intervención: las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU son apartidistas. Se requiere el consentimiento de las partes del conflicto antes de que las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU entren a las zonas que han experimentado conflicto.

Hay varios hechos en torno al mantenimiento de la paz que pueden no ser conocidos ampliamente.

En primer lugar, el nivel de compromiso mexicano con las misiones de mantenimiento de la paz es extremadamente pequeño, aunque no tiene que ser muy grande para tener un gran impacto. En segundo lugar, la mayoría de los países del mundo ya está involucrada en el mantenimiento de la paz de la ONU. Incluso países con serios problemas de violencia criminal —o hasta guerras civiles—han desplegado cascos azules en el extranjero. En tercer lugar, casi todos los países que desean ser potencias regionales están profundamente involucrados en el mantenimiento de la paz. Esto no es una coincidencia. Por último, el mantenimiento de la paz puede proporcionar ventajas tales como la profesionalización del ejército.

Con respecto al nivel de compromiso de México, de acuerdo con datos de la ONU, México cuenta actualmente con un total de cuatro personas participando en operaciones de mantenimiento de la paz. La misión del Líbano a finales de este año involucrará a dos oficiales, en conjunto con el contingente español.

No obstante, la actualmente pequeña contribución mexicana al mantenimiento de la paz no es inusual. Bulgaria, en el presente, contribuye con tres personas. Vietnam aporta cinco elementos, y Ecuador, 10.

Es probable que la contribución mexicana aumente, como sugiere el discurso de Peña Nieto, pero México no necesita incrementar sus números a miles para convertirse en un colaborador importante.

Hasta la  reciente decisión de aportar fuerzas de mantenimiento de la paz, México era inusual por no hacerlo.

Alrededor de dos tercios de los miembros de la ONU contribuyen con tropas. Según datos de la ONUa finales de agosto: 124 de los 193 estados miembro actualmente aportan soldados, expertos militares, o policías a las operaciones de mantenimiento de la paz.

Aparentemente hay algo cercano a una norma internacional que lleva a los países a contribuir con algunos ciudadanos a misiones de mantenimiento de la paz.

Estas fuerzas de mantenimiento de la paz hacen un trabajo importante. Los estudios demuestran que los cascos azules marcan una diferencia al reducir la probabilidad de que estallen conflictos nuevamente. El mantenimiento de la paz salva vidas.

Hay quienes argumentan que México no está en condiciones de contribuir dada la violencia criminal extrema que está enfrentando. Sin embargo, esto no previene que otros países de la región en situaciones similares aporten fuerzas de mantenimiento de la paz.

El Salvador actualmente contribuye 198 cascos azules a las misiones de la ONU, y Guatemala 225.

Más allá de América Latina, países que se enfrentan conflictos civiles serios están aportando a las operaciones de mantenimiento de la paz: Nigeria, Pakistán y Ucrania contribuyen.

(Es notable que tanto Ucrania como Rusia contribuyan a las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU. Aparentemente el mantenimiento de la paz es una de las pocas cosas en las cuales la mayoría de los países está de acuerdo).

Los poderes regionales, o los países que quieren ser vistos como poderes regionales, parecen ser los que están más involucrados en operaciones de paz: India aporta 7,794 elementos y Brasil contribuye con 1,299. En años recientes, China ha incrementado su presencia en estas misiones, contribuyendo con 3,079 personas.

La decisión de México de contribuir a las operaciones de mantenimiento de la paz, por primera vez en años, lo pone en la compañía de la mayoría de los países, pero también—importantemente—dentro de los Estados que intentan incrementar su visibilidad en su región y dentro de las Naciones Unidas.

Esto es comparable con la participación de México en las juntas de MIKTA (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia): una manera para mostrarse como un poder intermedio importante, y que, ojalá, coseche los beneficios que devienen de una mayor influencia y visibilidad.

Y notablemente, todos los otros Estados de MIKTA ya contribuyen a las misiones de mantenimiento de la paz.

El mantenimiento de la paz puede ofrecer otros beneficios más allá de los posibles de la reputación de ser visto como un poder regional o como un poder intermedio. 

Alguna evidencia sugiere que hay beneficios en la profesionalización de militares involucrados en el mantenimiento de la paz. Los militares desplegados aprenden de los colegas de otros países y estas interacciones pueden ayudar en casa. Hay debates acerca de qué tan seguido ocurre esto, pero las investigaciones sugieren que al menos ocurrió con las fuerzas de paz de Argentina.

En general, quedan preguntas sin respuesta acerca del mantenimiento de la paz para México: ¿Cuánto costará? ¿Cuánto personal será enviado eventualmente? ¿Cómo evitar que se cometan violaciones de derechos humanos durante las misiones, u otros problemas?

No obstante, México tiene razones para estar orgulloso de que sus soldados estén representando a su bandera en el extranjero—de una manera internacionalmente legítima. El mantenimiento de la paz traerá más atención a México y, esperemos, más influencia como poder regional emergente.

Brian J. Phillips es profesor investigador titular en el la División de Estudios Internacionales del CIDE. 

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