El próximo domingo 20 de diciembre se celebran elecciones generales en España. En ellas se votará a los 350 integrantes del Congreso de los Diputados.1 Como régimen parlamentario, el partido o coalición con mayor presencia en las Cortes formará gobierno y su líder será presidente durante los próximos cuatro años.

Con el sistema de partidos más fragmentado de las últimas décadas, una proporción histórica de indecisos y una lectura en clave de “regeneración democrática”, las elecciones del próximo domingo se esperan como un cataclismo que marcará un cambio de época. A continuación se presentan 11 puntos para entender mejor estos comicios.

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1. Un contexto complicado

Las elecciones del domingo ocurren en un contexto de incipiente recuperación económica pero de profunda crisis política. Como se sabe, la Transición española marcó el paso de un régimen dictatorial a otro democrático sin ruptura, a través de la concertación entre las fuerzas opositoras a Franco en el exterior, la oposición clandestina en el interior y los sectores reformistas de la dictadura. El culmen del proceso fue la aprobación y ratificación en referéndum de la vigente constitución, en 1978. Casi cuatro décadas después, el entramado político-institucional producto de la Transición, usualmente asumida como modélica, es sujeto de una discusión cada vez más amplia. El detonante de este cuestionamiento fue la crisis económica de 2008, que golpeó especialmente a España por el estallido de una burbuja inmobiliaria.

La crisis económica provocó, entre otras cosas, un aumento espectacular de la tasa de desempleo (que llegó a superar el 25% en 2013), un incremento en la deuda y dos recesiones casi consecutivas (2008-2010 y 2011-2013). La respuesta desde el gobierno —impuesta por la Unión Europea— fue la “austeridad”, lo que se tradujo en una contracción del gasto en sectores clave como la educación y la salud. Estos problemas económicos derivaron rápidamente en una crisis social, actualizada diariamente con los desahucios y el éxodo masivo de jóvenes españoles.

Ahora bien, el drama social producto de la crisis coincidió con la exposición de una serie interminable de casos de corrupción, donde los partidos políticos fueron los sospechosos habituales. Empresarios, celebridades y la propia Familia Real también formaron parte de este escándalo permanente que el año pasado había facturado más de 1900 personas acusadas formalmente de delitos vinculados con la corrupción.

El previsible descontento hacia quienes se considera responsables de la crisis se materializó pronto a través de movilizaciones sociales —el caso de los “indignados” es seguramente el más conocido, aunque no el único— pero no había tenido una concreción político-electoral. Hasta ahora.

2. Vieja y nueva política

Aunque el sistema electoral español es proporcional, contiene medidas correctoras (como la Ley D’Hondt o el tamaño de la mayoría de las circunscripciones) que premian a los partidos más votados y fomentan la formación de mayorías. Aunado a la práctica del llamado “voto útil”, este sesgo mayoritario se ha traducido en que las formaciones políticas con representación parlamentaria en España sean numerosas, pero sólo dos —el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE)— se hayan alternado en el poder desde 1982. Con la crisis de 2008, el abuso de la posición dominante de ambos partidos se resumió en el uso creciente del término “bipartidismo”, antes inexistente, para definir la cartelización del sistema de partidos español, considerada una de las causas de los problemas que vive el país.

Frente al bipartidismo, el ciclo electoral de 2015 ha traído consigo una renovación en el sistema de partidos español, con la entrada de nuevos competidores, tanto en el plano local como el nacional. De hecho, en este año se ha producido el incremento más destacable del número efectivo de partidos en España desde 1983. Entre los nuevos partidos, los más exitosos y quienes pueden aprovechar el potencial voto de descontento o anti-establishment del próximo domingo son dos: Podemos y Ciudadanos.

3. Partido Popular: favorito, a pesar de todo

El actual partido en el gobierno nace como Alianza Popular en 1977 de la mano del exministro franquista Manuel Fraga y no recibe su denominación actual hasta 1989. Creado como un partido de derecha, Alianza Popular se nutrió de un importante grupo de liberales, democristianos y exfranquistas moderados que quedaron huérfanos una vez que la Unión de Centro Democrático —el partido creado en torno a Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia española— se desintegra. Empezaría así un largo viaje al centro que llevaría a los “populares” a gobernar España de 1996 a 2004 al mando de José María Aznar.

El PP, que mantiene un desempeño notable en las localidades pequeñas y entre los votantes de mayor edad,  ha visto erosionada su imagen durante estos cuatro años de gobierno por razones múltiples: los recortes que ha aplicado a los servicios públicos, los escándalos de corrupción como el “Caso Bárcenas”—extesorero del partido y persona de confianza del actual presidente— o la “Trama Gurtel— adjudicación fraudulenta de contratos públicos a empresas vinculadas con dirigentes del partido— o el uso de la mayoría absoluta como un “rodillo parlamentario” para blindar al gobierno de la rendición de cuentas, son algunas de ellas.

Pese a su desgaste, el PP se presenta como favorito en las próximas elecciones. El mejor desempeño de la economía (el desempleo sigue rondando el 20% pero España ha vuelto a crecer a un ritmo mayor al 3%) y una estrategia defensiva de campaña (mediante la prácticamente nula exposición de su candidato) posiblemente aseguren a Mariano Rajoy un triunfo por un pequeño margen, pero no le garantizan su investidura como presidente.

4. Partido Socialista Obrero Español: “Ferraz,2 tenemos un problema”

El más veterano de los partidos democráticos españoles fue fundado en Madrid en 1879 por Pablo Iglesias, un tipógrafo gallego, en un local encima de un famoso bar de la capital española, “Casa Labra”. El SPD alemán, decano de los partidos socialdemócratas europeos, nace apenas cuatro años antes. Los socialistas españoles obtienen su primera representación parlamentaria en 1910, en la piel del propio Iglesias, y estarán presentes en las Cortes hasta que el PSOE es declarado ilegal por el régimen de Franco.

Durante la dictadura, el PSOE se divide entre la vieja guardia que marchó al exilio y unos “jóvenes turcos” que lideran el partido en la clandestinidad dentro de España. Estos últimos, bajo el liderazgo de Felipe González, acabarán ganando la partida. Con ellos, los socialistas abandonan el marxismo y gobiernan España de 1982 a 1996. Luego de ocho años de gobiernos del Partido Popular, el PSOE volverá a formar gobierno con José Luis Rodríguez Zapatero durante dos legislaturas más, hasta el estallido de la crisis.

La situación del PSOE es hoy quizá la más complicada entre los partidos españoles, también por varias razones: por su responsabilidad en la mala gestión del primer periodo de la crisis, por la desafección que provocó el choque entre las políticas austeras aplicadas por el último gobierno Zapatero y la ideología tradicional del partido y, finalmente, por la sangría a la que le someten los nuevos partidos, que le arrebatan votos por ambos flancos. El dilema de Pedro Sánchez —su telegénico líder y candidato— lo resumía bien el colectivo “Piedras de papel” hace algunas semanas: tiene que competir contra Podemos por la izquierda, con Ciudadanos por el centro y con el PP como principal rival en términos de “partido de gobierno”.

5. Podemos: en busca del momentum perdido

Fundado en enero de 2014, Podemos fue la gran noticia de las elecciones al Parlamento Europeo del año pasado. Combinando la experiencia de las movilizaciones surgidas al calor de la crisis, un método basado en primarias abiertas y crecimiento por medio de asambleas,  así como un discurso que desplazó el  conflicto político desde el eje “izquierda-derecha” a otro que diferenciaba a “la casta” de  “la gente decente”, esta organización abrió una grieta en un sistema de partidos convertido en un cartel. El éxito del partido liderado por Pablo Iglesias —un joven profesor de ciencia política, homónimo del fundador del PSOE— fue tal que en noviembre de 2014 ocupaba el primer lugar en intención de voto entre los españoles.

Sin embargo, durante los últimos meses, las simpatías por este partido han sufrido un claro retroceso. ¿Por qué Podemos parece “no poder”? Como explica Pablo Simón, uno de sus problemas ha sido la dificultad para sostener en el mediano plazo una coalición muy heterogénea de simpatizantes. Durante un tiempo, esto fue posible gracias a una ambigüedad intencional, pero los rivales de Podemos han tenido éxito al arrinconarlo en la izquierda, lo que ha ahuyentado votantes ubicados al centro del espectro ideológico. La segunda razón es un asunto de timing: las elecciones de 2015 anteriores al 20-D han obligado a Podemos a formar gobierno pactando con otras fuerzas políticas a nivel regional y local, lo que podría haber desacreditado su discurso contra la “casta”. Finalmente, están las dificultades del nuevo partido a la hora de enfrentarse a una vieja conocida de las organizaciones políticas: la “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels. La tensión entre la dinámica de raíz asamblearia surgida en los “Círculos” y una cúpula central enfocada en construir una “maquinaria de guerra electoral” parece haberse resuelto en favor de la segunda, lo que ha generado conflictos y defecciones, incluso entre sus fundadores. Ante estas dificultades, la posibilidad del sorpasso a los partidos tradicionales parece difícil, aunque el repunte en las encuestas a medida que avanza la campaña da esperanza a quienes buscan la “remontada”.

6. Ciudadanos: ¿regeneración o recambio?

Al tiempo que Podemos retrocedía en las encuestas, el otro nuevo invitado, Ciudadanos, subía en las preferencia electorales aprovechando el viento de cola del partido de los “Círculos”. El rápido ascenso de este partido, que el año pasado apenas tenía presencia en unas cuantas ciudades, y de su joven candidato, el abogado Albert Rivera, ha sido una de las grandes novedades de esta elección.

Ciudadanos no es propiamente un partido nuevo: surgió en 2006 como un partido local en Barcelona, muy vinculado a las movilizaciones contra el nacionalismo catalán. Durante los últimos meses, los “naranjas” han logrado romper con el monopolio de la nueva política que poseía Podemos, presentándose como la opción del “cambio sensato” (una especie de tercera vía entre la ruptura y la continuidad). Dicha estrategia ha resultado efectiva para atraer a los votantes más moderados y centristas que, no obstante, han dado la espalda al viejo bipartidismo.

Pese a su reciente popularidad, la situación de este partido sigue siendo complicada: en primer lugar, porque su discurso centrista es un arma de doble filo. Si bien hasta el momento Ciudadanos parece estar aprovechando los votos decepcionados de todos sus rivales, quienes lo apoyan lo tienen fácil para encontrar una alternativa, como señala Jorge Galindo. La manera en que el partido ha buscado paliar su falta de presencia territorial —a través de la captación, sin demasiados miramientos, de “notables” locales o de antiguos miembros de otros partidos— también puede resultar problemática. Por último, existe una creciente percepción de que Ciudadanos es en realidad un partido de derecha.3 La propia dinámica de la campaña electoral parece estar empujando al partido hacia ese terreno. El problema es que ahí el PP es el que tiene las de ganar.

Quizá la duda más importante en torno a este “Podemos de derecha” sea su nivel de compromiso con la regeneración política de España: ¿representa una verdadera alternativa o es, por el contrario, la apuesta de quienes quieren que “todo cambie para que todo siga igual”?

7. Las encuestas reflejan un cambio de época

La última encuesta preelectoral realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada a principios de este mes, presenta unas elecciones de pronóstico reservado. De acuerdo con el barómetro, el PP obtendría 28.6% del voto estimado, mientras que el PSOE alcanzaría 20.8%. Más abajo se encontrarían Ciudadanos, con el 19% del voto,  y Podemos, con el 9.1% de los votos (porcentaje que podría duplicarse gracias a las formaciones aliadas de este partido). Los distintos sondeos coinciden en que el PP será la opción más votada el próximo domingo, pero el orden en el que le seguirán los otros tres principales partidos sigue siendo una incógnita.

La encuesta del CIS coincide con otros sondeos en marcar un cambio de época: el bipartidismo español  —que podría llegar a perder casi 100 diputados en comparación con las elecciones de 2011— parece tener sus días contados y con ello se agota también la posibilidad de gobernar en solitario. Se auguran unas Cortes divididas en cuatro grandes bloques, sin posibilidad de alcanzar una mayoría absoluta a menos que se construya un pacto entre dos o incluso tres partidos.

8. La batalla por los indecisos

Algo que ha vuelto sumamente interesante esta campaña es que, lejos de disminuir, los electores que afirman no tener decidido su voto aumentan a medida que se acerca el día de las elecciones. De acuerdo con la última encuesta del CIS, el 41% de los españoles que declaran tener intención de votar todavía no saben por quién lo harán. Es una cifra de indecisos histórica, 10 puntos mayor que la que existió en 2011, 2008 y 2004. Aunque hay especialistas como Sebastián Lavezzolo que argumentan que estos electores representan un porcentaje más modesto (19.1%), su magnitud ha añadido más incertidumbre a la contienda.

Entre los electores indecisos, el grupo más grande parece dudar entre votar al PP o Ciudadanos, seguidos de quienes se debaten entre el PP y el PSOE y entre el PSOE y Ciudadanos, aunque lo cierto es que hay indecisos de todo tipo, sobre todo entre los nuevos votantes.

9. La fractura generacional es también electoral

El 20-D probablemente marcará la emergencia electoral de un cleavage demográfico oculto durante años: mientras los jóvenes preferirían a los nuevos partidos, los votantes de mayor edad se seguirían manteniendo fieles al bipartidismo tradicional. Los últimos datos del CIS parecen corroborar esta hipótesis: PP y PSOE se enfrentan a un marcado envejecimiento de sus votantes. El PP, por ejemplo, tiene un 31% de simpatizantes entre los votantes mayores de 64 años pero sólo un 11% entre los menores de 34. En el otro extremo está Podemos, que tiene un apoyo entre el grupo de 18-24 años del 11.9%, mientras que entre los mayores de 65 apenas alcanza el 2.5%.

Como explica la politóloga María Ramos, el papel de los nuevos votantes en estas elecciones debe ser matizado, al menos por dos razones: el nivel de abstencionismo de este grupo de edad, que es tradicionalmente mayor que el de los votantes de más edad, y la propia estructura demográfica de España, con más votantes mayores de 65 años que menores de 34. Con todo, la fractura generacional en términos de voto mostraría que la transformación del sistema de partidos español no es algo efímero: los nuevos partidos llegaron para quedarse.

10. El día después: las mayorías posibles

Dado que seguramente ningún partido alcanzará los 176 diputados necesarios para obtener la mayoría absoluta, las distintas fuerzas políticas deberán formar pactos para investir a un presidente (o presidenta). Francisco Llaneras ha realizado un ejercicio de 15 mil simulaciones para calcular las probabilidades de éxito de las distintas coaliciones posibles. De acuerdo con su trabajo, la opción con más probabilidades de lograr una mayoría absoluta en términos estadísticos es una coalición entre PSOE, Ciudadanos y Podemos para desbancar al PP (“un tripartito de perdedores”, le llamó la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría). Sin embargo, la formación de esta coalición es poco probable en términos políticos. Igual de difícil se presenta una gran coalición entre el viejo bipartidismo para frenar a los partidos emergentes. Tal parece que la mayoría más factible políticamente es la del PP apoyado por Ciudadanos, aunque esto entrañe riesgos al partido de Rivera, al enclavarlo definitivamente en la derecha. Con todo, no puede descartarse la posibilidad de que los “populares” terminen gobernando en minoría.

11. La envidiable moderación española

La larga crisis y sus efectos, especialmente dolorosos en los sectores más dependientes del amparo público, han posibilitado la irrupción en Europa de nuevos discursos, formas y organizaciones políticas, que se presentan como alternativas a los partidos tradicionales. Como puede verse, España no es una excepción a esta tendencia: la presencia de las nuevas formaciones —y el previsible aggiornamento de las demás— anticipa que la próxima será una legislatura “casi constituyente”.

Pese a la magnitud del cambio, el caso español se distingue a nivel europeo por la moderación en el planteamiento y las propuestas de los nuevos actores, lejos de las posiciones antidemocráticas y las propuestas xenófobas y euroescépticas que caracterizan a algunos de los nuevos (y no tan nuevos) rostros de la política en lugares como Francia, Reino Unido o Grecia.

Con vehemencia en el discurso e intensidad en la denuncia, los nuevos partidos españoles coinciden en la búsqueda de una “regeneración democrática” que —dada la previsible pluralidad del parlamento— tendrá que ser construida con base en la deliberación y el acuerdo. Por ello, más que una fuente de inestabilidad, las novedades de estas elecciones son prueba del nacimiento de eso que el escritor John Carlin llama una “envidiable política española”.

José A. Molina Gil y César Morales Oyarvide son politólogos por la Universidad Complutense de Madrid.


1 Así como la mayoría de los miembros del Senado (208 de 266).
2 Ferraz es el nombre de la calle donde se encuentra la sede nacional del PSOE.
3 Un ejemplo reciente es la polémica en torno a la violencia de género contra las mujeres, problema especialmente grave en España, en la que Ciudadanos se ha quedado solo.

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