En los días pasados se comentó que estábamos navegando sobre un mar picado, pues esas fuertes olas ya tuvieron una primera víctima: Petróleos Mexicanos (Pemex) cambió de capitán. Sin embargo, para ser justos, no todo fue su culpa, el tan ya platicado y leído deterioro en los precios internacionales del crudo desde 2014 y sus perspectivas están más allá del alcance de cualquier director de la entidad.

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Lo que aparentemente sí se encuentra en su toma de decisión y no se realizó de manera eficiente, ya que disminuyó en casi 50 por ciento y que ha perjudicado el nivel de desempeño de la petrolera nacional, es el programa de perforación, lo cual afecta la extracción presente del oro negro y pone en condiciones desfavorables al futuro inmediato.

La puesta en marcha de manera seria y oportuna de la gran apuesta de esta administración federal en la reforma energética, donde la participación privada desempeñará un papel fundamental, se ha visto frenada por la situación internacional de la cotización del barril, por la ineficiencia en la administración de la entidad y por el mal manejo de los recursos; este contexto ha detenido proyectos de inversión que no hacen sino crear un círculo vicioso en el tema petrolero del país.

Desde el lejano 1980 no se observaban tan bajos niveles de producción de barriles diarios (2.27 millones), lo cual no tiene otro camino que verse reflejado en la generación de utilidades y en la muy probable caída en la sustitución de reservas para Pemex.

Hoy, el nuevo responsable de la entidad –por cierto con una hoja de estudios brillante, pero por más que se busque no se observa experiencia en el sector, a menos que sea información confidencial– se enfrentará a retos inmediatos que generen cambios significativos en la entidad, no solamente para su supervivencia sino que pueda alcanzar niveles adecuados en su situación financiera.

Una de las primeras prioridades es reunirse (por no decir enfrentarse) con el sindicato y trabajadores con el objetivo inmediato de dar un cambio de timón en las finanzas de la entidad, generando consensos en las partidas de costos, lo cual se traduce en un saneamiento financiero con una varita mágica ya que se ha mencionado que no necesariamente tiene que ver con recortes en el personal; seguramente su experiencia en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ayudará a llevar a “buen término” este punto, tal vez es el motivo del que ahora se encuentra a cargo de Pemex.

En este saneamiento financiero ojalá se hable de la participación de las partidas monetarias al sindicato y de temas de igualdad para cualquier trabajador sea de Pemex o

no, como son la edad para el retiro y las aportaciones para las pensiones; parafraseando al doctor Jesús Valdés, académico de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, cualquier desigualdad e inequidad en las condiciones laborales implica una violación a los derechos humanos.

El saneamiento financiero de Pemex en 2016 tendrá que ser vía inyección de capital, desde la visión federal las fuentes probables van desde la contratación de deuda, el uso de los remanentes del Banco de México, que la Secretaría de Hacienda le otorgué más recursos mediante la emisión de deuda pública o la exención de impuestos.

Algunas visiones alternas empiezan a hablar de que la entidad sea de todos los mexicanos, no únicamente del gobierno, esto querría decir que todos los mexicanos paguemos sus pasivos y listarla en Bolsa; otros más opinan que se venda al sector privado y que el gobierno cobre una participación. Cada solución tiene sus ventajas y desventajas, y como es lógico sus discusiones, intereses y alianzas políticas.

Pero no es el único reto, destacan también aquellos estipulados en la reforma energética que van desde la concreción en la búsqueda de socios para los proyectos de explotación (conocidos como migraciones), la asociación o licitación con empresas internacionales para atacar el tema de los hidrocarburos en aguas profundas, el ciclo de pago a proveedores el cual ha venido aumentando desde el año 2013 hasta alcanzar 180 días, la reconfiguración de las refinerías que tiene relación directa con la producción de gasolina y la inminente apertura del sector y por último los procesos litigiosos ante la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece).

Así pues, al igual que la economía nacional, Pemex enfrentará un año crucial para lograr al menos una pequeña estabilidad y respiro financiero, la pregunta es: ¿esta nueva administración estará a la altura de conseguir resultados?

Abraham Vergara es académico del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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