Con más de dos terceras partes (55 votos de 81), el senado brasileño autorizó esta mañana el inicio del juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff (PT). Esto significa que será apartada de su cargo –provisionalmente hasta por 180 días– mientras se realiza su proceso. El vicepresidente Michel Temer (PMDB) asumirá la presidencia durante este tiempo.

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En este periodo, el Senado –bajo la conducción del presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski– debatirá si Rousseff cometió algún  crimen de responsabilidad. Se le acusa de usar maniobras contables para transferir recursos de bancos públicos para el pago de programas sociales sin solicitar aprobación del Congreso para aumentar la deuda, y mejorar la apariencia de la cuenta pública, maniobras que fueron llamadas “pedaleadas fiscales”.Al concluir el juicio político, el Senado deberá votar, al menos por dos terceras partes (54 votos), si la mandataria deberá ser o no destituida definitivamente de su cargo.

Después de ser notificada del resultado de la votación en el Senado, favorable a la instauración del impeachment, Rousseff dio un mensaje público en el que nuevamente denunció que el juicio político que se inicia en su contra se trata de un golpe de Estado, planeado por la oposición desde el inicio de su segundo período de gobierno. Aseguró que luchará con todos los instrumentos legales que tiene a su disposición para regresar a terminar su mandato.

La Presidenta y su defensa han sostenido desde la admisión del pedido de impeachment que no se cometió ningún crimen de responsabilidad y que las maniobras fiscales de las que se le acusa son una práctica común que ha sido previamente utilizada por los presidentes y gobernadores del país.

Acompañada por sus ministros y colaboradores, así como por el expresidente Lula da Silva durante su pronunciamiento, Rousseff se mostró orgullosa de ser la primera mujer brasileña elegida democráticamente en las urnas y destacó que lo que está en juego no es solo su administración, sino el respeto a las urnas y el mantenimiento de las conquistas sociales que los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) lograron los últimos 13 años.  

A su salida del palacio presidencial, Dilma estuvo acompañada por cerca de tres mil personas. Antes de concluir el que podría ser su último discurso como mandataria, pidió a sus seguidores mantenerse “movilizados, unidos y en paz”

Mientras Rousseff se dirigía a sus simpatizantes, el vicepresidente Michel Temer firmaba la notificación del senado, con lo que oficialmente asumió de manera interina la presidencia de Brasil durante el lapso que dure el juicio político de la presidenta, que puede ser hasta 180 días.

El presidente interino arranca hoy al frente del gobierno de Brasil con un enorme reto por delante: superar la grave crisis económica que afecta al país. Para ello, cuenta con un hombre clave, el que se ha especulado que será su ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, expresidente del banco central durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y que tiene el respaldo del mercado financiero.

No es menor el desafío. La séptima mayor economía del mundo se retrajo un 3.8 por ciento en 2015, la mayor contracción de los últimos 25 años, y está en vías de sufrir un retroceso similar este año. Además, la inflación superó el 10%, muy por encima del techo de la meta oficial, que es de un 6.5%, y el desempleo llegó a 10.2 % y afecta a más de 11 millones de personas.

A diferencia de Rousseff, quien tuvo una compleja y desgastante relación con el Legislativo desde que inició su segundo mandato, el partido de Temer  –Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)– tiene una mejor posición en el Congreso, pues cuenta con la bancada más numerosa en ambas cámaras. Además, por ser un partido ubicado en el centro del espectro ideológico y caracterizado por ser pragmático, ha logrado en las últimas décadas composiciones políticas que le han permitido participar siempre del gobierno, aunque nunca hayan ganado una elección presidencial directa. En la designación de su gabinete, además, Temer buscará incluir al mayor número de partidos para garantizar su lealtad y facilitar el apoyo a sus iniciativas en el Congreso.

Una salida definitiva de Rousseff pondría fin a 13 años ininterrumpidos de gobiernos petistas, que impusieron una nueva agenda política en la que se dio mayor espacio a los intereses de las clases trabajadoras. El PT, por lo tanto, prometió que será una dura oposición al gobierno del presidente interino.

Si el PT quiere ser una opción viable electoralmente, deberá equilibrar la oposición que dará al gobierno de transición y la radicalización de los movimientos sociales que componen su base. Ninguna otra fuerza política en el país tiene la capacidad de movilización de sus entidades sindicales, populares y precaristas, pero esto no necesariamente se refleja en triunfos electorales.

Hay actores de la izquierda que critican al PT por considerar tímidos los avances en diversos temas progresistas (aborto, matrimonio igualitario, reforma agraria, cuestión indígena). Sin embargo, esta crisis política mostró que el PT aún mantiene fuertes lazos con sus bases sociales históricas. A pesar del impacto negativo provocado por las denuncias de corrupción contra algunos de sus dirigentes, el PT sale del poder –temporalmente– habiendo dejado los temas sociales en la agenda del país, que difícilmente los demás gobiernos podrán soslayar.

Desde la oposición durante el gobierno de Temer, el Partido de los Trabajadores estará en situación más cómoda para defender sus banderas históricas (derechos laborales, desarrollo social, reducción de las desigualdades) sin tener que apoyar las concesiones que exigía el ejercicio del poder.

La posibilidad de que Rousseff regrese para terminar su encargo dentro de 180 días, o menos, es una probabilidad que algunos consideran remota, pero es factible. Sobre todo en caso de que el gobierno de Temer no consiga revertir el bajo desempeño económico y pierda la composición política en el Congreso que logró hasta ahora. Un cambio de gobernante por sí mismo no traerá las soluciones de fondo que Brasil necesita. Aún menos en el corto plazo.

¿Qué cabe esperar en los próximos meses? Como Brasil ha venido demostrando durante este proceso, la tarea de predecir la situación política es misión imposible. La inestabilidad de su sistema político-electoral, que algunos califican de “presidencialismo de coalición”, durará hasta que consigan una reforma política que permita cambiar los estándares éticos de comportamiento de sus dirigentes.

La Redacción

(Para mayor contexto, aquí están las entregas anteriores sobre este tema: “Brasil embiste la corrupción”, “El juicio político contra Dilma Rousseff”, “Brasil atrapado en su laberinto”, “La crisis política en Brasil se agudiza”, “Avanza el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff”.)

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