14 de marzo de 2016. Comienza la esperada final del festival Eurovisión 2016 y Susana Jamaladinova “Jamala”, concursante representante de Ucrania, sube al escenario. Lo primero que se nota es una potente voz –soprano, tal vez, con un envidiable rango vocal— que nos recuerda al R&B, pero a algo más. El performance comienza y la gente aplaude, mientras ella –claramente conmovida— interpreta “1944”, la canción que la acompañó a lo largo del festival. La primera parte de la canción, en inglés, ya muestra un poderoso mensaje que no permite recuperar el aliento: “Ustedes creen que son dioses, pero todos mueren (You think you are gods, but everyone dies)”. El coro, en lengua tártara, continúa con la misma línea de dolor e impotencia: “No pude vivir mi juventud aquí porque ustedes se llevaron mi paz”.1 La contienda continúa y Jamala logra hacerse con los votos necesarios –del público y los jueces— para declararse la ganadora irrefutable de Eurovisión. Así, se pone fin (¿o no?) a un proceso que iniciara en febrero, cuando las autoridades ucranianas decidieron seleccionar a una reconocida cantante de jazz de Crimea para representar a su país en el festival musical más importante del continente. Al recibir el premio, la cantante hace una brevísima declaración, que para muchos podría caer en el cliché: “paz y amor para todos”. Sabemos que, en ese momento, las palabras sobran. Minutos antes se dijo –o se cantó— todo. 

ajedrez

¿Cuál es la relevancia de conocer y analizar la final de Eurovisión? ¿Qué acaso no hay en el mundo eventos lo suficientemente relevantes como para dejar estas “frivolidades” en segundo plano y atender cuestiones más urgentes? ¿No deberíamos plantearnos la solución a problemas de gran escala, en vez de ver de sentarnos a observar como un grupo de cantantes europeos interpretan las mismas canciones una y otra vez? Es posible. Sin embargo, el diablo está en los detalles y, en ocasiones, eventos en apariencia triviales nos podrían dejar grandes enseñanzas –o ser grandes ejemplos— sobre cómo analizar una problemática desde ángulos diferentes. Así, de cultivar su carrera para alcanzar grandes audiencias y tratar temas similares en canciones posteriores, Jamala podría representar un creciente ejemplo de lo que en la literatura se conoce como la “diplomacia de las celebridades”, concepto derivado de la diplomacia cultural, del soft power o “poder blando” –término acuñado por Joseph Nye Jr.—, donde los individuos pueden actuar como “embajadores” de una causa y lograr dar mayor visibilidad a temas mediante vías poco ortodoxas o en un campo de acción donde el principal actor tradicionalmente sería el Estado. 

Afirmar que un individuo puede participar en actividades convencionalmente destinadas a representantes de los países de ninguna manera pretende poner en tela de juicio la vigencia de la legitimidad del Estado como actor fundamental en las relaciones internacionales. Sin embargo, como asevera Andrew Cooper, la inclusión de individuos famosos –cuya labor tradicionalmente se alejaría de la diplomacia— como actores con cierto peso en el proceso de toma de decisiones es un fenómeno relativamente novedoso, difícilmente concebible veinticinco años atrás. Aquí, el individuo contribuye a configurar los intereses en la agenda internacional, en especial en temas humanitarios.2 Si la diplomacia moderna requiere de un sentido de propósito, de la habilidad de interactuar con oficiales de alto nivel y de contar con alcance global para ser exitosa, bajo estos parámetros se podría acomodar la agencia de las celebridades y consolidarlas como un puente para involucrar a las masas –al pronunciarse en un lenguaje accesible y mediante su aparición en medios de comunicación— y a la élite tomadora de decisiones.3 De acuerdo con Rebecka Villanueva, la diplomacia de las celebridades: 

se inicia con figuras mundialmente reconocidas en campos diversos (que no son los de la diplomacia oficial), quienes toman asuntos urgentes de la sociedad o de la agenda global y los ponen bajo los reflectores de los medios de comunicación, usando su fama y aceptación pública como catalizador de una acción diplomática.4 

Bajo esta lógica, podría afirmarse que toda “celebridad” se convierte en objeto de estudio si se pronuncia de manera constante en medios sobre un tema en particular. No es tan sencillo. La falta de formación diplomática constituye, al mismo tiempo, una ventaja y una limitación. El individuo efectivamente enarbola un discurso accesible al grueso de la población, pero esto no le da pase libre a los foros de diplomacia tradicionales. Es por esta falta de experiencia o de credenciales que el actor buscará acercarse a organizaciones o mentores especialistas que respalden y den mayor visibilidad a su proyecto.5 De acuerdo con Villanueva, algunos de los factores que explican el surgimiento de este fenómeno tienen que ver con la importancia de la opinión pública internacional y el desarrollo de nuevas tecnologías de la información, las cuales aumentan la sensación de cercanía y familiaridad.6 Si se sabe explotar de manera adecuada, las oportunidades que se abren a estos actores son exponencialmente mayores a las del ciudadano promedio. Con el apoyo de organizaciones como UNICEF o la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), las celebridades aumentan su capital de credibilidad y, durante las misiones que representan, pueden tener acceso a tomadores decisiones clave en la región.7 De acuerdo con Andrew Cooper, las estrellas de cine (y cantantes) tienen el poder de atraer medios y al público en general e involucrarlos en temas que generalmente no serían de su interés. Con el paso del tiempo, la “diplomacia de las celebridades” contempla la creación de redes de colaboración que se puede traducir en apoyos materiales y asesorías entre pares.8 

En el caso de la interpretación de Jamala, “1944” hace homenaje a la experiencia que vivió la abuela de la cantante durante la deportación de los tártaros de Crimea hacia Asia Central y Siberia durante la Segunda Guerra Mundial. Miles de familias tuvieron únicamente treinta minutos para empacar sus pertenencias y abandonar su lugar de origen, acusados de colaborar con los nazis que ocuparon la región.9 La canción hace referencia a uno de los episodios más amargos de la historia tártara que a su vez abona a la tensión en las relaciones entre las actuales Ucrania y Rusia y se convierte en símbolo de la resistencia a formar parte nuevamente de territorio ruso. De acuerdo con la Resolución del Parlamento Europeo sobre la situación de los derechos humanos en Crimea, en particular la de los tártaros de Crimea del 4 de febrero de 2016, toda la población tártara –considerada autóctona de la región— abandonó la península y fue hasta 1989 que 250,000 personas pudieron regresar a su zona de origen.10 Bajo esta lente, la victoria de la cantante cobra especial significado. La victoria de Jamala se da a conocer cuatro días antes de la celebración del primer Día de la Memoria, fecha que el Parlamento ucraniano –el Verjovna Rada— estableció para recordar a todas las víctimas de una política rusa que ya es reconocida como genocida por el Parlamento Europeo.11 Durante esta celebración, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania hizo oficial el discurso de condena a los actos de entonces y a los actuales, al acusar al Kremlin de llevar a cabo prácticas similares desde la ocupación de 2014. De acuerdo con las autoridades, las persecuciones políticas, las acusaciones de extremismo y terrorismo en contra de los tártaros de Crimea y la disolución del Mejlis –el Congreso del Pueblo Tártaro en Crimea— traen reminiscencias de las políticas estalinistas de antaño.12 De manera paralela, se puede entender que como parte de sus políticas de diplomacia cultural, Ucrania busque representantes culturales de las comunidades minoritarias en riesgo. Por lo tanto, no debería sorprender la decisión por parte del Presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, para nombrar a Jamala “Artista del Pueblo de Ucrania” y nominarla ante la UNICEF para convertirse en Embajadora de Buena Voluntad. De acuerdo con el comunicado, la victoria en Eurovisión prueba que la gente común –y no solo los diplomáticos— pueden hablar por la trágica historia de los tártaros de Crimea, la anexión de la península y la situación en Ucrania.13 

 “1944” es un mensaje sobre el pasado que refleja la realidad del presente. La evolución de la hipotética labor de Jamala como embajadora de la causa tártara va de la mano con uno de los principales cuestionamientos que Cooper hace respecto a la capacidad de representatividad. Dado que las celebridades comienzan su proyecto filantrópico por iniciativa propia y de manera autónoma, no se les puede considerar representantes legítimos de un grupo; actores, cantantes o filántropos no cuentan con un electorado o representados oficiales que respalden sus iniciativas.14 En este sentido, el apoyo que el gobierno ucraniano brinda a la cantante refleja como la diplomacia de las celebridades es un concepto nada descabellado, capaz de hacer de puente entre política interna y externa. Al ser nombrada “Artista del Pueblo” y de aceptarse su nominación ante UNICEF, la cantante tártara se convierte en representante oficial de los ucranianos y de los habitantes en Crimea –con lo que adquiere cierta legitimidad basada en representatividad—15 y contaría con el respaldo de una organización internacional, dotándola de las herramientas necesarias –y adecuadas— para participar en el proceso de diplomacia formal. 

Para finalizar, me gustaría regresar un poco a las preguntas que planteo al inicio de este ejercicio. ¿Emisiones como Eurovisión son meros eventos rodeados de frivolidad y contenido vacío? Para nada. Aunque muchos puedan considerarlo así, el concurso musical Eurovisión es una plataforma que permite observar el estado de las relaciones entre los países participantes. Para Crimea, la controversia inicia al momento en que la Unión Europea de Radiodifusión, encargada de desarrollar el concurso anual, prohíbe la exhibición de la bandera de Crimea por aquellos asistentes a los conciertos. La polémica no hizo más que aumentar, al darse a conocer la queja del gobierno ruso respecto a la decisión ucraniana de seleccionar la interpretación de una canción con un tema que está más vigente que nunca. Para Rusia, el recuerdo del fenómeno de magnitizdat –el contrabando de grabaciones—16 durante la era soviética no les permite tomarse a la ligera una “inocente” canción de protesta. El revuelo continuó con las declaraciones del representante ruso, Sergei Lazarev, al afirmar que el no considera que Crimea sea territorio ruso, por lo que no participó en los conciertos para celebrar la anexión.17 Las heridas se abren y nos recuerdan que no hay perdón ni olvido. Así, Eurovisión se convierte en el foro perfecto –más claro que nunca— donde artistas se convierten en potenciales “embajadores” para dar visibilidad a causas que, como el concurso, son producto de la búsqueda de identidad, de pertenencia y reflejan las grandes preocupaciones de la política regional. 

María del Rocío Rodríguez Echeverría es licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México.


1 Eurovision Song Contest, “Jamala- 1944 (Ukraine) Winning Performance at the 2016 Eurovision Song Contest”, video, 5:39 min, 14 de mayo de 2016.
2 Andrew F. Cooper, “Beyond Hollywood and the Boardroom. Celebrity Diplomacy”, Georgetown Journal of International Affairs, 8(2007), p. 125.  
3 Op. cit., p. 126.
4 Rebecka Villanueva, “Diplomacia de las celebridades y los retos a la diplomacia pública”, Revista Mexicana de Política Exterior, no. 85, 2009, p. 208.
5 Ídem. 
6 Op. cit., p. 209.
7 Andrew F. Cooper, op. cit., p. 127.  
8 Op. cit., p. 129.
9 Eve Conant, “Behind the Headlines: Who Are the Crimean Tatars?”, National Geographic, 15 de marzo de 2014.
10 “Resolución del Parlamento Europeo sobre la situación de los derechos humanos en Crimea, en particular la de los tártaros de Crimea”, Estrasburgo, 4 de febrero de 2016.
11 Ídem. 
12 Ministry of Foreign Affairs of Ukraine, “Statement of the Ministry of Foreign Affairs of Ukraine on the Day of Remembrance of the victims of Crimean Tatars Genocide”, 18 de mayo de 2016.
13 President of Ukraine, “President meets with Jamala: You have made a lot of people happy”, 16 de mayo de 2016.
14 Andrew F. Cooper, op. cit., p. 130.
15 Para muestra del gran apoyo con el que la artista cuenta en Crimea, un botón: en su cuenta de Facebook, el periodista tártaro Ayder Muzhdabaev declaró: “¡Canta Jamala! Canta y gana, a pesar de todo. Haz que el mundo escuche las palabras de tu canción tártara. Haz que escuchen nuestro dolor y vean nuestra dignidad.” Shaun Walker, “Ukraine’s Eurovision singer urges voters to show Crimea solidarity”, The Guardian, 13 de mayo de 2016.
16 Para mayor información sobre magnitizdat, consultar Peter Steiner, “On Samizdat, Tamizdat, Magnitizdat, and Other Strange Words That Are Difficult to Pronounce”, Poetics Today, 29(2008), p. 613-628.
17 Shaun Walker, op. cit.

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