Este 5 de junio, la Ciudad de México elegirá a parte de la Asamblea Constituyente encargada de revisar el proyecto de constitución elaborado por los 28 notables elegidos por el gobierno capitalino.

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Lo inédito de este suceso no solo radica en la primicia histórica de la constitución de la nueva entidad, sino también, en el proceso de creación de la misma. La construcción de la anhelada soberanía de la Ciudad de México ha tenido que pasar por un proceso de negociaciones que resultó en dos cuerpos con fines representativos distintos: el grupo de redactores y la Asamblea Constituyente.

De las tensiones y las relaciones entre ambos grupos surgen dos preguntas: ¿a quién representará la Constitución de la Ciudad de México, a sus habitantes o a su personalidad geopolítica? En pocas palabras ¿cómo afectan las reglas de conformación de la Asamblea Constituyente a los actores participantes?

Además de la precisión sobre el carácter unilateral de la conformación del grupo de redactores a cargo del gobierno local, una primera respuesta proviene de analizar el principio de representación proporcional propuesto para la conformación de esta asamblea.

La lógica de dicha regla de votación permite que los votos de aquellos partidos que no resultan mayoritarios no se desperdicien con tanta facilidad como con otras reglas. Por ejemplo, si el proceso electoral se realizara con la regla de mayoría relativa, resultarían electos los candidatos que obtuvieran la mayoría de los votos en cada uno de los 41 distritos locales del otrora Distrito Federal, dejando sin representación a los votantes que hayan elegido a alguna de las opciones perdedoras. Entonces, si lo que se buscaba era contar con un Constituyente representativo resulta intuitivo pensar en un sistema de representación proporcional.

Para el caso mexicano, el artículo 54 constitucional señala que el método de representación proporcional utilizado es el de cociente natural con restos mayores.1 Se obtiene un cociente natural al dividir la votación nacional emitida2 entre el número de curules a repartir, así, el número total de escaños que obtiene cada partido resulta de dividir el total de votos de cada partido entre dicho cociente. Luego, en el caso de que no se hayan repartido la totalidad de escaños disponibles, se reparten los faltantes a aquellos partidos que tengan los sobrantes más grandes.3

Para el caso del Constituyente de la Ciudad de México se diseñó un sistema con dos tipos de listas cerradas: las de los partidos políticos con registro nacional y una lista para las  candidaturas independientes.4 En este tipo de listas los votantes sólo votan por los partidos políticos en su conjunto sin decidir el orden de las candidaturas presentadas en las lista de cada partido.

Las reglas de distribución de escaños definidas para elegir a 60 de los 100  integrantes generan tres particularidades que es interesante analizar:

1) No se aprovechan los votos adicionales obtenidos por los candidatos independientes

Mientras que cada voto adicional a los partidos contribuye para la obtención de más escaños, los votos extra al cociente natural obtenidos por cada candidato independiente se quedan con éste sin transferirse a otro. Esto tiene sentido porque, bajo la lógica de listas cerradas, el orden importa, y aquellos independientes que se registraran primero habrían tenido una ventaja sobre los demás. Si esto hubiera sido así, la velocidad en el cumplimiento de los requisitos establecidos por la autoridad hubiera determinado su lugar en el Constituyente y no los votos.  Resumiendo, los partidos siguen al pie de la letra la lógica de la representación proporcional planteada en la Constitución y los candidatos independientes compiten entre ellos estando en la misma lista.

¿Qué hubiera sucedido si se repartieran las 100 curules mediante representación proporcional? De esta manera no existirían los 40 miembros designados por otras instituciones (Cámara de Diputados, Senado, Presidencia de la República y Gobierno de la CDMX).  Así, los candidatos dentro de las listas serían producto de las negociaciones internas de los partidos. De esta forma, si un partido considerara importante colocar en su lista seis nombres provenientes de otra institución, lo podría hacer y la ciudadanía podría valorar la calidad de cada lista y decidir cuál es el grupo de revisores que más le parece.

A continuación se presentan dos escenarios. El primero plantea la posible conformación de la asamblea con el método planteado en el dictamen (40 constituyentes designados y 60 elegidos); el segundo estipula la posibilidad de que los 100 integrantes de la asamblea fueran elegidos por representación proporcional.

Ambos escenarios fueron calculados mediante una simulación estadística. Las preferencias electorales fueron estimadas a partir de un meta-análisis para combinar la información de5 1) un modelo multinivel que incorpora los resultados de las últimas tres elecciones de diputados locales, diputados federales y jefes delegacionales de la Ciudad de México; y 2) tres encuestas de preferencias electorales para elegir al Jefe de Gobierno en 2018 realizadas por Buendía & Laredo (febrero), El Universal (marzo), y Reforma (abril).

Lo que se observa en el primer escenario es que la distribución de los sesenta escaños elegidos por votación (barra azul) se repartirían entre Morena (28.81%), seguido por el PRD (23.73%) y el PAN (15.25%). Los candidatos independientes obtendrían aproximadamente dos curules (3.39%).6

La distribución de los cuarenta escaños designados por otras instituciones (barra gris) le daría ventaja al PRI (42.11%) sobre al PRD (26.32%).

En suma: la distribución de los 100 escaños (barra violeta) muestra que el PRD y el PRI están prácticamente empatados (24.1% y 23.9%), seguidos por Morena (17.88%) y el PAN (16.34%). Los candidatos independientes representarían sólo el 2.45% de la asamblea.

Gráfica 1: Primer Escenario 60 + 40

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El segundo escenario muestra las estimaciones en el caso hipotético de que la asamblea fuera asignada en su totalidad por representación proporcional. Se observa que Morena cuenta con el 29.7% de las curules, seguido por el PRD (24.3%) y el PAN (15.2%), quedando el PRI en cuarto lugar con 13.8%. Los candidatos independientes obtendrían dos curules (2.4%)

Gráfica 2: Elección 100 RP

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2) Las candidaturas independientes requieren un número de votos mínimo mayor que los partidos políticos para obtener una curul

El dictamen de reforma establece que primero se debe de fijar un cociente natural para repartir la lista de candidatos independientes (votación válida emitida entre 60), y luego repartir las listas de partidos según el artículo 54 constitucional. Los cocientes son distintos ya que el cociente para los partidos resulta de dividir la votación nacional emitida entre el total de las curules que quedan por repartir. De lo anterior se puede concluir que el cociente natural de los independientes siempre es igual o mayor que el de los partidos. Esto introduce una desigualdad de iure entre el número mínimo de votos para que un candidato independiente sea electo como constituyente.

¿Existe algún modelo de listas que evite un trato distinto para los candidatos independientes? Sí. Se podría haber considerado una lista cerrada desbloqueada, de esta forma el votante no sólo decide dar su voto a la lista de los independientes, además, elige el orden de dicha lista.  Así, no se pierden los votos de aquellos candidatos independientes que obtuvieron un mayor número al cociente natural.

3) Los candidatos independientes reciben un trato distinto de los votos obtenidos al repartir asientos mediante restos mayores

En el caso de que quedaran curules sin repartir, tanto para partidos políticos como para candidaturas independientes se utilizará el resto mayor de votos a pesar de que resultan de cocientes naturales distintos. Es decir, en el caso más probable de que el cociente natural de los candidatos independientes sea mayor, se estaría dividiendo el voto por los candidatos independientes entre un número mayor, y garantizando un resto menor que el que generaría el mismo número de votos por encima del cociente obtenido por un partido.

¿Existe alguna forma de procesar los restos mayores que garantizara el mismo trato al voto por independientes que por partidos? Sí. Se pudo haber especificado una forma de recalcular los restos de los independientes para hacerlos comparables a los de los partidos.

Para concluir

La legitimidad de la Constitución de la Ciudad de México proviene de que nazca de los mismos sujetos que se comprometerán a respetarla. Por ello, la conformación de los órganos responsables de su creación deben garantizar la representación de la ciudadanía. Esto hace que las reglas para elegir a estos cuerpos constructores importen, son éstas las que generan ganadores y perdedores.

Tal es el caso de comparar los resultados de los dos escenarios planteados en este artículo.

Gráfica 3: Comparativo entre escenarios

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En la gráfica 3 se puede observar que la diferencia más notoria entre ambas reglas de elección la tienen el PRI y Morena. Mientras que en el primer escenario el PRI se ve favorecido por los 40 constituyentes que vienen de otras instituciones, Morena tiene una clara ventaja en el escenario plenamente representativo. Por su lado, el PRD, al ser el segundo partido con mayor número de constituyentes provenientes de otras instituciones, termina con un resultado muy similar con cualquiera de las dos reglas.

El resultado de las reglas de selección de la Asamblea Constituyente nos habla de la lógica de representación con la que funcionan los partidos políticos en nuestro país. Al definir que 40 de los 100 integrantes provengan de otras instituciones, se premia a los partidos con mayor poder de negociación en dichas instituciones. Cuando en el planteamiento de una elección inédita se observa que la “voluntad política” se pone por encima de la verdadera legitimidad de una constitución, cuando no existe la posibilidad de debatir nuevas formas de representación política, distintas a los partidos políticos, sobra contexto para poner en duda que el desajuste en las reglas de conformación de la Asamblea Constituyente provengan de una simple innovación constitucional. Este es un buen momento para repensar la representación política en México.

Salvador Ascencio, Fernando Martín Gou, Javier Márquez y Pedro Sánchez Rodríguez


1 Lo mismo se estipula en el artículo 15 de la Ley General de Procedimientos e Instituciones Electorales.

2 La que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido el tres por ciento de dicha votación, los votos emitidos para Candidatos Independientes y los votos nulos.

3 Sobre la distribución de escaños plurinominales en México (actualizado junio 2015), ver este texto de Alejandro Díaz.

4 Dicha lista está conformada por los 21 ciudadanos que cumplieron con todos los requisitos establecidos por la autoridad electoral.

5 Si bien es difícil estimar la votación que obtendrían los partidos en una elección con poca participación (la tasa de participación puede beneficiar a algunos partidos en detrimento de otros), se asume que el resultado tendrá cierta correspondencia con las preferencias electorales de la población en su conjunto

6 Dado que se cuenta con poca información histórica sobre la fuerza electoral de los independientes, el modelo supone que su rango de votación podría ubicarse entre 5% y 30% del total de votos. A su vez, debido a que cinco candidatos independientes obtuvieron su registro con más de 85 mil firmas, se asume que éstos tienen mayor probabilidad de conseguir más votos que los 16 restantes.

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