La imagen de la Unión Europea (UE) como una potencia civil que impulsa las bases de una gobernanza global y como una comunidad que promueve una serie de principios y valores democráticos (Zürn 2003; Innerarity y Solana 2011), parece desvanecerse a medida que las crisis a las que se enfrenta en la actualidad- tales como la crisis económica, social, de valores, de seguridad y de refugiados-, se hacen más profundas e inmanejables. En este texto quisiera centrarme en la llamada “crisis de los refugiados” con la idea de reflexionar y abordarla desde varias aristas, que van desde mala gestión y las respuestas por parte de la UE y los gobiernos de los estados miembros, hasta el surgimiento de actitudes de racismo, así como en el debilitamiento de los principios y valores europeos de tolerancia, solidaridad, democracia y respeto a los derechos humanos.


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El flujo migratorio que se vive en Europa en la actualidad constituye el más grande al que se haya enfrentado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La situación de los países de donde provienen la mayoría de los solicitantes de asilo está caracterizada por el conflicto interno, guerras civiles, crisis políticas, violencia, la ausencia del Estado de derecho y la existencia de regímenes totalitarios. Desde la Primavera Árabe de 2011, y sobre todo a partir de la crisis y guerra en Siria, ha habido un aumento de la inmigración a través del Mediterráneo, pues no sólo el nivel de violencia en la zonas de Medio Oriente incrementó de sobremanera de 2014 a 2015, sino que el Estado Islámico consolidó su posición en Siria e Iraq.

De acuerdo con cifras de Eurostat (2016a), de los 1.3 millones de solicitantes de asilo en la UE en 2015 – la mayoría provenientes de Siria, Afganistán, Iraq, Pakistán y Eritrea-, muy pocos lograron obtener el estatus de refugiados,1 ya que solo se le otorgó este último a 229 mil personas; protección subsidiaria a 56 mil y a 22 mil se les dio autorización para permanecer en territorio de la UE por razones humanitarias (Eurostat 2016b).

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En 2015, el sistema para procesar solicitudes de asilo en la UE, conocido como el Reglamento de Dublín, comenzó a colapsarse debido a la renuencia e incapacidad de varios estados miembros en recibir al gran número de personas entrantes en sus territorios, tales como Italia, Grecia, Croacia y Hungría. Esto desembocó en fuertes divisiones entre los países europeos y conflictos en torno a los diferentes enfoques en relación a cómo atender la crisis, la cual se tradujo en una crisis de solidaridad en la UE y que evidenció las grandes dificultades y la incapacidad de los estados miembros y las instituciones comunitarias para plantear una solución funcional y efectiva.

La Comisión Europea, impulsada por el eje franco-alemán, presentó a finales de 2015 una propuesta que establecía cuotas obligatorias para la distribución de los refugiados en los 28 estados miembros, a la cual se opusieron principalmente países de Europa del este como Polonia, Hungría, Eslovaquia, República Checa y Rumania. Esta fue aprobada por el Consejo de ministros de Justicia y asuntos del interior de la UE y establecía la redistribución de 120,000 refugiados que se encontraban en Italia y Grecia. Este número podría parecernos bastante corto en comparación a la cantidad de personas que entran en territorio europeo y han solicitado asilo en los últimos años. En enero de 2016, por ejemplo, el número de solicitudes pendientes en los 28 estados miembros era de 980,135 (Eurostat 2016b).2

Hay que reconocer que la crisis de los refugiados no es un problema de carácter distributivo solamente, ya que la solución no se encuentra en asignar cuotas de refugiados entre los Estados; sino que va más allá de una simple cuestión de reparto, reubicación de personas o de recursos financieros y económicos, y que se vincula con la dimensión humanitaria de esta crisis, la prevención del tráfico de personas, el sentido de solidaridad, responsabilidad y de respeto a los derechos humanos, de integración cultural de los inmigrantes y de las condiciones socioeconómicas a las que estarán expuestos, así como con una dimensión exterior. Esta última, está relacionada con la existencia de situaciones de guerra, violencia interna, represión, ausencia de estado de derecho y conflictos en los países de los que provienen los solicitantes de asilo. Mientras existan estos, las personas se verán en la necesidad de dejar sus países.

Otra de las recientes “soluciones” al “problema” ha sido el pacto que la UE ha firmado con Turquía, que podríamos decir en términos vulgares, es más que nada un acuerdo que se basa en mantener a los solicitantes de asilo (sobre todo a los provenientes de Siria) fuera de Europa. Esto podría entenderse también como una decisión que cierra puertas a aquellos que huyen de conflictos bélicos, persecución y violencia y que viola en cierto sentido lo establecido en la Convención de Ginebra de 1951, y sobre todo, pone en cuestión todo tipo de valores y principios democráticos que la UE se adjudica como potencia civil y humanitaria y premio Nobel de la paz.

Gran parte de las personas que buscan obtener el estatus de refugiados en la UE y que provienen del Medio Oriente, pasan por Turquía y cruzan por el Mediterráneo hasta las costas griegas, para después subir por los Balcanes y dirigirse hacia el norte de Europa, buscando asilo principalmente en países como Alemania y Suecia. La idea de la UE ha sido entonces, por un lado, retener al mayor número posible de sirios en Turquía para que eviten llegar a Europa, y por otro regresar a los inmigrantes que llegaron a las islas griegas por territorio turco, a cambio de ciertas concesiones. Estas últimas se han materializado en un acuerdo con el actual gobierno de Erdoğan de reabrir el capítulo del ingreso de Turquía a la UE, el cual ha sido un país candidato desde 1987 y de acelerar los procedimientos de liberalización de visa para los ciudadanos turcos, además de otorgar ayuda financiera (European Commission 2016). No obstante, esta forma de atender la crisis muestra en cierto sentido una situación de gran ignorancia u ocultamiento de los problemas que existen en Turquía en relación a las libertades y los derechos humanos, en donde el actual gobierno ha reprimido constantemente a la oposición y a la población kurda en ese país.

A principios de junio de 2016 la Comisión Europea lanzó una nueva propuesta que, como las anteriores, pone en tela de juicio la capacidad institucional de Europa para gestionar la crisis, ya que sigue la misma línea que el pacto con Ankara: se basa en la creación de un nuevo marco de asociación en materia de migración con terceros países, cuyo principal objetivo es frenar el flujo migratorio hacia Europa de países de tránsito como Libia, Túnez, Jordania, Nigeria y Etiopía. En términos generales, se pretende liberalizar las visas y las políticas comerciales con dichos países así como otorgarles incentivos financieros con el objetivo de que estos y otros estados, eviten que personas emigren hacia la UE y se readmita a los migrantes en sus territorios originarios (Comisión Europea 2016).

Las reacciones a nivel doméstico

Varios países (Austria, Eslovenia, Croacia, por ejemplo) han restablecido los controles fronterizos que habían sido removidos desde hace varios años por medio del Acuerdo de Schengen, el cual permite la libre circulación de personas y la eliminación de fronteras territoriales entre los miembros de la UE y que ha sido considerado como uno de los mayores logros del proceso de integración europeo. Y otros, como Suecia y Dinamarca, han decidido despojar de los objetos de valor a los solicitantes de asilo que ingresan en sus territorios, así como imposibilitar la reintegración familiar de los inmigrantes.

Por otro lado, en muchos Estados, las actitudes entre los diferentes grupos políticos y la opinión pública, tristemente han sido bastante negativas, pues además de marcar las fuertes divisiones políticas y denotar la falta de solidaridad, han contribuido a acentuar el racismo y la xenofobia y han fortalecido a los partidos de extrema derecha. El caso de Alemania resulta interesante, pues ha sido uno de los países europeos que ha demostrado ser más fieles a una política de solidaridad y “puertas abiertas” para los solicitantes de asilo, pero también ha sido un estado en donde los conflictos políticos internos han sido más fuertes y visibles, al igual que las reacciones racistas y discriminatorias.

El enfoque alemán ha intentado exponer la responsabilidad humanitaria y civil de este país, ya que ha decidido “aceptar” a un número significativo de solicitantes de asilo.3 No obstante, esta política de puertas abiertas promovida por Merkel ha generado fuertes conflictos políticos entre los principales miembros de los partidos de la coalición de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el Partido Social Demócrata (SPD) y la Unión Cristiana de Baviera (CSU) y con algunos miembros de su propio gabinete, como Wolfgang Schaüble y Thomas De Maizière.

El sentimiento de oposición a la política de asilo promovida por Merkel se ha manifestado también en los resultados de las elecciones que tuvieron lugar en varios estados alemanes en marzo de 2016, en donde el partido de extrema derecha y anti-UE Alternativ für Deutschland obtuvo una presencia significativa (The Guardian 2016). Asimismo, el rechazo hacia los refugiados y actitudes racistas se han hecho más visibles en algunas zonas de Alemania, sobre todo en el este, principalmente en Sajonia-Anhalt. Del mismo modo, el movimiento de extrema derecha y anti-islam Pegida,4 ha cobrado fuerza en los últimos dos años, así como las células neo-nazis. De acuerdo con un reporte de Amnistía Internacional (2016), las actitudes racistas y ofensas discriminatorias en este país han incrementado en un 87% entre 2013 y 2015, así como los crímenes y ataques a los centros de refugiados han aumentado en un 16%. Existe también una aparente renuencia por parte de las cortes alemanas para juzgar los crímenes racistas, lo que demuestra un incumplimiento con las obligaciones internacionales y europeas de protección y mantenimiento de los derechos humanos (Amnistía Internacional 2016: 39-40).5

Una de las cuestiones más preocupantes hasta el momento, es que tanto en Alemania, como en otros países europeos, la crisis de los refugiados ha sido vinculada también con la crisis de seguridad que se vive en Europa y con el terrorismo, pues entre muchos ciudadanos europeos y principalmente dentro de la clase política de la extrema derecha, se ha llegado a considerar al flujo de inmigración masiva como una de las principales causas de la presencia de grupos fundamentalistas en la UE causantes de actos terroristas. Esto sin embargo, no hace más que alimentar los objetivos políticos de los partidos de ultra derecha, anti europeístas y anti-islam que existen en la UE y del fundamentalismo islámico.

El debilitamiento de los valores y principios europeos

La llamada crisis de los refugiados en la que actualmente se encuentra Europa tiene una dimensión humanitaria, de solidaridad, económica, de integración cultural y también una dimensión de política exterior, como hemos visto. Su mala gestión está poniendo en tela de juicio algunos de los valores fundamentales que Europa decía promover y demuestra su incapacidad para abordar de manera funcional y efectiva la crisis, tanto a nivel europeo como intergubernamental. Las medidas que hasta ahora se han propuesto, no parecen ser del todo efectivas, sino que demuestran fuertemente la falta de funcionalidad y de incertidumbre sobre cómo manejar esta crisis y de gestionar los riesgos, así como de una verdadera voluntad política por parte de los estados miembros para asumir una responsabilidad humanitaria, la ausencia de solidaridad, tolerancia, principios democráticos y de promoción de los derechos humanos. Esto se ha enlazado también con el incremento y la mayor visibilidad que han adquirido las actitudes racistas y xenófobas, lo cual resulta verdaderamente preocupante. El intentar frenar el flujo migratorio de personas que huyen de países inestables, de la inseguridad y la violencia por medio del otorgamiento de recursos financieros a los países por los que transitan y el tipo de propuestas y acuerdos que se han hecho de liberalización de visas, así como la distribución de los refugiados que han entrado ya en el territorio europeo o la negación de asilo a las personas que lo necesitan, no ayudará a gestionar de manera adecuada la crisis, sino que por el contrario, está dejando ver una situación inadmisible en donde los principios y valores que parecieron ser el motor de Europa después de las grandes guerras, parecen esfumarse.

María del Carmen Sandoval Velasco es investigadora visitante en el Centre d’Etude de la Vie Politique de la Universidad Libre de Bruselas. Realiza su doctorado en ciencia política y estudios europeos en la Universidad de Siegen, Alemania.


1 Para una mayor precisión conceptual sobre los términos “solicitante de asilo” y “refugiado”, véase la Convención del Estatuto de los Refugiados de 1951 de las Naciones Unidas.

2 De éstas, los números más altos de solicitudes pendientes se encontraban en Alemania (432,260), Suecia (156, 220), y Austria. Cf. Eurostat (2016b).

3 Alemania es uno de los países que desde hace varias décadas tiene una tradición y experiencia de acoger refugiados: después de la caída de la Unión Soviética, este país recibió aproximadamente tres millones de personas provenientes de países que formaban parte del bloque soviético, pero de origen alemán, conocidos como Aussiedlers (Cf. Klusmeyer and Papademetriou, 2009).

4 Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente).

5 Las actitudes racistas y xenófobas y los que se manifiestan en contra de la política de puertas abiertas, no son, por fortuna, la mayoría, ya que han habido también importantes muestras de solidaridad.

Referencias

Amnistía Internacional (2016) “Living in insecurity. How Germany is failing victims of racist violence”, Amnesty International Ltd., London, United Kingdom. (Consultado el 07.06.2016)

Comisión Europea (2016) Comunicado de prensa: “La Comisión anuncia un Nuevo Marco de Asociación en Materia de Migración: una cooperación reforzada con terceros países para gestionar mejor la migración” Estrasburgo, 7 de junio de 2016. (Consultado el 08.06.2016)

Convención sobre el Estatuto de los Refugiados 1951, ACNUR. (Consultado el 18.05.2016)

European Commission (2016), “Fact Sheet. EU-Turkey Agreement: Questions and Answers”, Brussels, 19 March 2016. (Consultado el 20.05.2016)

Eurostat (2016a), “Asylum in the EU Member States Record”, Eurostat New Release 44/2016 – 4 March. (Consultado 18.05.2016)

Eurostat (2016b), “Asylum statistics”. (Consultado el 18.05.2016)

Innerarity, Daniel y Solana, Javier, Eds. (2011), La humanidad amenazada. Gobernar los riesgos globales, España: Paidós.

Klusmeyer, Douglas B. and Papademetriou, Demetrios G. (2009),Immigration policy in the Federal Republic of Germany. Negotiating membership and remaking the nation, New York: Berghahn.

The Guardian (2016) “German elections: setbacks for Merkel’s CDU as anti-refugee AfD makes big gains.” (Consultado el 08.06.2016)

Zürn, Michael (2003) “Globalization and global governance: from societal to political denationalization”, European Review, Vol. 11, No. 3, Academia Europea, United Kingdom: 341–364.

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