Este jueves el Reino Unido (RU) decidirá si continua o no formando parte de la Unión Europea (UE). Hasta el miércoles en la tarde, las encuestas seguían muy cerradas y nadie se atrevía a predecir cuál será el resultado del referendo. El Primer Ministro David Cameron lo ha llamado la decisión más importante que tomarán los británicos en más de dos generaciones y la cuestión ha dividido al país.

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El referendo no solo atañe al RU; tanto la UE como el resto del mundo aguardan con expectativa y cierta preocupación la decisión de los ciudadanos británicos. Líderes mundiales como Barack Obama y Angela Merkel, así como organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han llamado a los británicos a mantenerse dentro de la UE. Han advertido que la salida de la Unión podría afectar el mercado de valores o detonar una caída en los precios de los bienes raíces. La gran mayoría de los economistas y el sector empresarial advierten que una eventual salida tendría efectos desastrosos, que podrían incluir la devaluación de la libra esterlina  y la detonación de una recesión.

Sin embargo, estos llamados no han tenido resonancia en los ciudadanos del Reino Unido. Para el electorado ésta es una decisión mucho más emocional que racional, en la que los sentimientos xenófobos y el orgullo insular parecen prevalecer sobre los argumentos económicos e incluso sobre las advertencias a los riesgos para la seguridad nacional. Este referendo se ha convertido predominantemente en un pronunciamiento a favor o en contra de la migración. En un momento en el que Europa enfrenta una grave crisis por el alto número de refugiados y migrantes que llegan al Mediterráneo, la salida de la UE, permitiría a los británicos retomar el control de sus fronteras y reducir los flujos migratorios.

Además de la estabilidad económica, los partidarios de quedarse también argumentan todos los beneficios que ofrece la UE a los británicos, incluyendo los fondos para desarrollo regional, investigación y las amplías oportunidades de becas académicas. La UE también garantiza muchos derechos civiles y laborales para los habitantes del RU, los cuales no son reconocidos por el marco legal británico, como por ejemplo el máximo de horas diarias laborales o el derecho a vacaciones pagadas. Ni siquiera la posibilidad de que Escocia muy probablemente reconsidere su pertenencia al Reino Unido ha logrado hacer mella ante los partidarios de la salida (Brexit).

Un país dividido

De ver Londres parecería claro que todos están a favor de quedarse en la UE. Cientos de personas, principalmente jóvenes, portan con orgullo estampas que dicen “I’m IN” (yo me quedo), y se pueden ver puestos promoviendo el voto a favor de permanecer en metros y calles transitadas. Pero Londres es una ciudad única en el Reino Unido, en la que el alto número de migrantes (39% de sus habitantes) la convierten en una de las urbes más cosmopolitas del mundo. 

Al salir de Londres, el panorama cambia radicalmente. En las carreteras y en las granjas se observan carteles a favor de la salida de la UE, y al hablar con los votantes (que tienden a ser más conservadores), la opinión generalizada es que al RU le iría mejor solo. Opinan que los británicos le dan a la UE mucho más de lo que reciben y que los migrantes abusan de los beneficios sociales que se ofrecen gratuitamente, como los servicios de salud y educación.

El efecto Jo Cox

Hace una semana, Joanne Cox, miembro del Parlamento por el partido laborista fue trágicamente asesinada. Cox, quien este miércoles hubiera cumplido 42 años, murió mientras hacía campaña a favor de permanecer en la UE. Durante el ataque, su asesino gritó “libertad para Gran Bretaña”, uno de los eslogans de la campaña a favor de la salida de la UE.

La muerte de Cox tuvo efectos importantes en la decisión que tomarán los británicos. Por una parte, el asesinato sucedió justo cuando las reñidas encuestas parecían empezar a favorecer la decisión de abandonar la UE.  La circunstancial interrupción de las campañas como señal de luto, empañó el impulso que comenzaban a ganar. Adicionalmente, obligó a matizar el discurso xenofóbico de la campaña de Brexit, ya que el tema migratorio se convirtió en un tema sensible después de la muerte de Cox. Durante los últimos días, se favoreció destacar que la salida de la UE beneficiaría al muy querido Sistema de Salud británico (NHS) y le permitiría al país retomar el control de su futuro. Ninguno de estos argumentos ha tenido el mismo peso emocional que el tema migratorio.

¿El error de Cameron?

En abril de este año, Cameron anunció la realización de un referendo para decidir la permanencia en la UE. Dicho referendo fue una de las promesas más populares durante su campaña electoral durante el año pasado. Cameron, como líder del Partido Conservador, cuestionó en su momento las condiciones de la membresía del Reino Unido en la UE. Sin embargo, ya como Primer Ministro, decidió declararse a favor de continuar formando parte de la UE.

Esta promesa de campaña le resultará muy costosa, pues su decisión de no apoyar Brexit no fue respaldada por su partido, ni siquiera por todo su gabinete. Figuras clave como el Secretario de Justicia, Michael Gove, y el exalcalde de Londres, Boris Johnson, se declararon a favor de la salida. De perder el referendo, probablemente Cameron se vea obligado a renunciar y se llame a elecciones para elegir a un nuevo líder. Si gana, de todos modos el Partido Conservador tendrá que resolver las graves fracturas que deja el referendo entre sus integrantes y la posición de Cameron será endeble.

Además de las consecuencias para el Partido Conservador, si el voto por la salida gana, Reino Unido invocará el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar un complejo proceso de dos años para abandonar la UE. El país tendrá que replantearse su lugar en el mundo y buscar un reacomodo de sus intereses. Los británicos le tendrán que dar prioridad a la negociación de acuerdos comerciales tanto con la UE como con países clave, incluidos Estados Unidos y China.

La moneda está en el aire y sin importar el resultado, el referéndum tendrá efectos a corto y largo plazo tanto para el Reino Unido como para Europa, e incluso para la tendencia mundial que actualmente favorece la integración regional. Se queden o se vayan de la UE, los británicos tendrán que reajustar su identidad y cuestionar si su mentalidad imperialista, que se remonta a la época en la que dominaban una cuarta parte del territorio del mundo, sigue siendo valida en el siglo XXI.

La Redacción

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