Hace un poco más de 60 años los estados europeos decidieron dar paso a la creación de un proyecto de integración y hacer imposibles los conflictos bélicos dentro de un continente que había estado caracterizado por una historia de constantes enfrentamientos y disputas entre los estados, al igual que en la idea de promover un estado de paz permanente en Europa y construir  un proyecto común, basado en valores compartidos, solidaridad y tolerancia entre las naciones, democracia y respeto a los derechos y las libertades individuales. Los estados entonces, decidieron soberanamente crear reglas e instituciones supranacionales que les permitieran tratar y manejar problemas de carácter común y unirse.

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Este proyecto que inició al terminar la Segunda Guerra Mundial, fue incentivado por seis estados: Alemania, Francia, Italia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo al cual se fueron uniendo paulatinamente otros, al tiempo en el que la integración y cooperación en distintas áreas (económica, monetaria, social, comercial, etc.) tenía lugar. El Reino Unido decidió formar parte de este bloque en 1973, y hasta ahora se ha caracterizado por su visión liberal sobre la UE como un área de libre comercio, siendo un país que ha mantenido una relación privilegiada y “a la carta” con Europa, pues decidió no participar en muchas de las políticas comunitarias, tales como la monetaria o algunas otras dentro del área de libertad, seguridad y justicia, como la política de asilo o la cooperación en materia policial y judicial, por ejemplo. Asimismo, cuando se incorporó el Acuerdo de Schengen firmado en 1985 a los tratados de la UE –el cual abolió los controles fronterizos entre los países firmantes y ha sido uno de los mayores logros de la UE-, el Reino Unido consiguió obtener un opt-out de todas las medidas relacionadas con dicho acuerdo, manteniendo así sus propias políticas para controlar sus fronteras.

El 23 de junio de 2016 ha sido una fecha histórica para la UE, en donde Gran Bretaña ha decidido salir del bloque comunitario, lo que hasta cierto punto podría parecernos no sólo una confirmación más del debilitamiento de la UE, sino el inicio de lo que podría parecer el inicio del proceso de desintegración europea, de la que muy pocos han hablado hasta ahora (Zielonka 2014). Tristemente, la idea de “más Europa” o “una Europa cada vez más unida”, ha estado fuera de la jugada desde hace mucho tiempo, sobre todo gracias a la incapacidad institucional de la UE para gestionar y atender las muchas crisis a las que se enfrenta desde hace varios años de manera funcional y efectiva, y de los líderes europeos al ausentarse de la necesidad de proponer una verdadera reforma estructural de la UE, de plantear un camino más democrático y que evite el regreso a los nacionalismos.

El resultado del referéndum británico demostró la gran estupidez de David Cameron, quien, por un lado, decidió convocar a un referéndum sobre una cuestión sumamente importante en un país en donde no existe la tradición de democracia directa, y por otro, como lo mencionaba hace algunas semanas Rodrigo Chacón, para fortalecer su mandato “desató el fin del proyecto de unión política más audaz desde la ratificación de la Constitución de Estados Unidos en 1788”; y al mismo tiempo, dejó libre el camino para el fortalecimiento de la extrema derecha en Reino Unido. Venció la campaña del discurso de la anti-inmigración, de la intolerancia y del racismo, de recuperar “el control” y no dejar ser “sobre-regulados” por Bruselas. Un discurso basado en argumentos totalmente falsos, soportado por una prensa irresponsable y que tuvo gran impacto en la opinión pública. Lo más sorprendente por un lado, es que no haya ningún tipo de costo político o consecuencia para los líderes políticos por su irresponsabilidad y por haberle mentido al público; y por otro, que la academia, los expertos y las organizaciones de la sociedad civil y otros grupos, o la izquierda europea, no hayan sido capaces de esforzarse más por desmentirlos.

El día en que se dio a conocer que el Brexit había ganado, Nigel Farage, el líder del UK Independence Party (UKIP) –quien posteriormente renunció a dicho cargo- y quien luchó durante gran parte de su carrera política por sacar al Reino Unido de la UE, dio un discurso en donde aparecía victorioso ante las cámaras señalando que esperaba que esto rompiera en su totalidad con el proyecto europeo “fallido” y trajera consigo nuevamente a una Europa de estados nación soberanos que pueden comerciar libremente, además de hacer hincapié en que el resultado del referéndum era una victoria de las “personas reales y decentes”. Mientras hablaba, recibía aplausos y elogios por parte de muchas personas, quienes parecían admirar su narrativa populista basada en la falsedad. Lo que resulta verdaderamente preocupante es que este tipo de discursos están cobrando cada vez más fuerza y visibilidad en Europa.

El problema de la incertidumbre después del referéndum

El referéndum hizo evidente la existencia de un acontecimiento imprevisible, pues nadie, ni los Brexiters, ni los que estaban a favor del Remain, fueron capaces de anticipar. Al mismo tiempo, desencadenó una fuerte crisis política en el Reino Unido, al igual que se acentuaron las preguntas en torno a las implicaciones del Brexit tanto para la UE como para Gran Bretaña y los cuestionamientos sobre los futuros escenarios y el tipo de relación que tendrá la isla con la UE. Sobre ello, hay varios puntos y dimensiones que van desde asuntos institucionales y legales en torno a cómo negociar la salida y avocar la aplicación del famoso artículo 50 del Tratado del Funcionamiento de la UE (TFUE),1 hasta el impacto que tendrá en la economía europea, el comercio internacional, la cuestión de la migración, y directamente en los ciudadanos británicos y europeos, entre otras cosas. Está presente también el  tema de las divisiones internas en la isla, empezando por Escocia en donde no es improbable que se realice un segundo referéndum en relación a la cuestión de la independencia. Sin embargo no hay respuestas concretas a todo esto, sino que priva la incertidumbre en todos los niveles y la ignorancia. 

Ante situaciones de incertidumbre y de desconocimiento, resulta un tanto difícil entonces atender las los problemas emanados de las crisis y gestionar los riesgos. Como lo menciona Innerarity (2011), las consecuencias de muchas de las decisiones políticas que se toman en nuestros días denotan un fuerte fracaso cognitivo, ya que no se es capaz de prever y anticipar el impacto que tendrán o el tipo de riesgos que pueden desencadenar y que afectan directamente a las sociedades, y por lo tanto, se hace más complicado gestionarlos y plantear “soluciones” a “problemas”.

Unos días antes del referéndum, en un evento al que asistí en un think tanken Bruselas,2 académicos discutían sobre el Timeline for Brexit, y hacían referencia a la complejidad de dicho acontecimiento, pues existe también una gran incertidumbre legal sobre sobre la aplicación del artículo 50 del TFUE y sobre lo que el tratado de salida de la UE debiera ser. Al parecer derecho comunitario tendría que dejar de aplicar en la isla formalmente después de dos años y se tendrían que pactar los términos de la relación bilateral. Se especula que durante la última fase del Brexit (que tardaría aproximadamente ocho años), probablemente tengan que establecerse algunos acuerdos “de transición” en relación a diversas políticas no consideradas en el tratado de salida, además de renegociar los acuerdos de libre comercio con terceros países que han sido firmados por la UE y de los que hoy el Reino Unido se beneficia. Sin embargo, hay que entender primero lo que el Brexit en realidad significa. Aún nadie lo sabe con certeza.

El inicio de esta tarea le tocará al gobierno de la conservadora Theresa May, quien veinte días después de llevarse a cabo el referéndum, ha sustituido a David Cameron. La nueva primera ministra se ha caracterizado por su pragmatismo político, y durante las campañas del referéndum apoyó a Cameron, manifestándose también a favor del Remain. Apareció así como la alternativa para reestablecer compromisos entre las facciones políticas y ante el abandono de la responsabilidad de “hacerse cargo del Brexit” por parte de otros miembros del partido conservador como Boris Johnson (quien fue uno de los mayores defensores del Brexit), y quien ha sido designado como secretario de política exterior dentro del nuevo gabinete conservador de May. La designación de Johnson para dicho cargo, ha generado fuertes reacciones negativas a nivel internacional y grandes críticas, debido a su falta de responsabilidad política, la falsedad en su discurso a favor del Brexit,  sus comentarios racistas, su ego y oportunismo, además de emanar una gran desconfianza (The Guardian 14.07.2016). Con todo esto, pareciera que British politics are a total joke.

Tras el Brexit, ¿qué tipo de Europa?

No cabe duda que la cuestión del Brexit se ha sumado a los problemas actuales a los que enfrenta Europa. Sin embargo podría verse también como una oportunidad para la redefinición del proyecto de integración europeo y su fortalecimiento, en donde los países restantes tendrán la tarea de empujar hacia una reforma estructural de la UE que tendría que ir acompañada de mayores debates democráticos y con la idea evitar el regreso de los nacionalismos. Puede ser así una de las últimas oportunidades para reformar a la UE, en donde las trabas que durante mucho tiempo puso el Reino Unido para mantener su relación “a la carta” y frenar muchas de las políticas comunitarias, podrían dejar de existir. Será necesario entonces reorganizar a la UE y plantear nuevos modos o formas de gobernanza que permitan una cooperación entre los estados basada en una mayor solidaridad, compromiso, voluntad política, salvaguardando la democracia, el bienestar y la justicia social.

Esto sin duda resulta bastante complejo, pues es evidente UE atraviesa sin duda un periodo de confusión, incertidumbre, riesgos desconocidos, caracterizado por un contexto en el que se conjugan varias crisis y en donde la lógica de del retorno a los nacionalismos parece fortalecerse en varios de los estados europeos, al igual que las divisiones y choques entre y al interior de muchos estados europeos. Sin embargo hay que recordar que los nacionalismos han servido más a los conceptos de conflicto, intolerancia, diferencias y guerra entre las naciones, que al de la solidaridad, respeto y convivencia, principios que privaron en los orígenes del proyecto de integración europeo. Ésta es una de las cuestiones que no debe estar ausente en Europa. Y en este sentido, los líderes europeos, y en particular el eje franco-alemán, deben tener el coraje para reconocer que la UE de hoy no es sostenible y que debe reformarse y plantearse nuevamente qué tipo de Europa, para qué y por qué.

Si no se reforma la UE, se atiende el déficit democrático, se cambia el sistema de representación, se reestablece la confianza por parte de la ciudadanía europea en la Unión y no se ataca el problema de la creciente desigualdad y se evita que los populistas de extrema derecha se sigan fortaleciendo (Habermas 2012; 2016),  y al mismo tiempo se es capaz de atacar la incertidumbre y manejar los riesgos, se abre un camino mucho más amplio hacia la desintegración.

María del Carmen Sandoval Velasco es investigadora visitante en el Centre d’Etude de la Vie Politique de la Universidad Libre de Bruselas. Realiza su doctorado en ciencia política y estudios europeos en la Universidad de Siegen, Alemania.


1 El artículo 50 del tratado del funcionamiento de la UE contiene la cláusula de retirada de un Estado miembro de la UE. Cf. “Artículo 50”, Versión Consolidada del Tratado de la Unión Europea, Diario Oficial de la Unión Europea. 

2 “The spectre of Brexit: Until referendum do us part?”, evento organizado por el Centre for European Policy Studies (CEPS) en Bruselas el 13 de Junio de 2016.

Referencias

“The Boris Johnson question: how the UK’s foreign secretary is viewed abroad”, The Guardian (Consultado el 14.07.2016)

Habermas, Jürgen (2012), The crisis in the European Union: a response, United Kingdom: Polity.

Habermas, Jürgen (2016) “Core Europe To The Rescue: A Conversation With Jürgen Habermas About Brexit And The EU Crisis”, Social Europe (Consultado el 12.07.2016)

Innerarity, Daniel (2011), La democracia del Conocimiento, España: Paidós.

Versión Consolidada del Tratado de la Unión Europea, Diario Oficial de la Unión Europea (Consultado 14.07.2016)

Zielonka, Jan (2014), Is the EU doomed?, United Kingdom: Polity.

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