Este viernes inician los XXXI Juegos Olímpicos, que se celebran cada cuatro años. Después de lo fastuoso de la olimpiada en Beijing (2008) y de la celebración un tanto más austera de Londres (2012), quedan muchas dudas sobre qué sucederá en Río de Janeiro.

Ros-Túnel

Brasil demostró en 2014, al organizar su segundo mundial de futbol, que los múltiples problemas de organización no fueron un obstáculo mayor. Desde escándalos políticos –en ese entonces sucedían las manifestaciones de #PasseLivre por el costo del transporte público, y comenzaba a vislumbrarse la operación Lava Jato, que destaparía la red de corrupción más grande en la historia del país– hasta problemas graves de construcción –en los que murió un gran número de trabajadores por negligencia y trabajo a marchas forzadas–, pasando por la hecatombe de su selección –el 7-1, que ahora se utiliza como sinónimo de humillación–. A pesar de todo ello, el mundial de futbol fue uno de los más vistos en la historia.

Sin embargo, las cosas son distintas –peores– ahora. Desde 2014, la economía de Brasil ha implotado, y el gobierno ha sufrido una de las peores catástrofes desde el regreso a la democracia en 1985. Dilma Rousseff se encuentra suspendida de su cargo mientras se le investiga, y el presidente interino, Michel Temer, ha tomado una serie de decisiones que pueden considerarse, al menos, cuestionables.

Ver: 1) “Brasil embiste a la corrupción” (Nexos, en español, octubre de 2015), 2) “Brasil atrapado en su laberinto” (Nexos, en español, marzo de 2016) e “Instauran juicio político contra Dilma Rousseff” (Nexos, en español, mayo de 2016).

La economía brasileña va en caída libre. Tan solo en 2015 el PIB se desplomó 3.8%. Las causas, entre otras, la corrupción gubernamental y el mal manejo de las finanzas de la petrolera estatal, Petrobras, así como la baja de precios de crudo a nivel mundial. 

Ver: 4) “Brasil: las cuatro causas del desplome de la mayor economía de América Latina” (BBC, en español, marzo de 2016).

Aunado a esto, a nivel local Río de Janeiro tiene problemas de financiamiento para las sedes olímpicas, para pagar servicios básicos y ha instaurado una terrible práctica de limpieza social para dar una “mejor imagen” a nivel internacional. La Policía ha instalado una protesta permanente en el aeropuerto internacional, cuyo principal cartel “Welcome to Hell”, es inevitable para cualquier persona que llegue por avión a la ciudad.

Ver: 5) “Financial calamity declared in Rio weeks before Olympics, but Games will go on” (The Washington Post, en inglés, junio de 2016). 6) “’Welcome to Hell’: Rio police protest financial disaster ahead of Olympics” (The Guardian, en inglés, junio de 2016). 7) “Los polémicos carteles con los que están ‘ocultando’ las favelas para los Juegos Olímpicos de Río 2016” (BBC, en español, julio de 2016).

Por otra parte, la ciudad ha tenido serios problemas de infraestructura y ha roto varias promesas para garantizar la seguridad y la salud de los atletas. Algunas personas como Grant Wahl, reportero de Sports Illustrated, dicen que los riesgos han sido exagerados; sea cierto o no, varios atletas han renunciado a participar en la Olimpiada debido a los contagios de zika, que afectan, en particular a mujeres embarazadas. Asimismo, el gobierno local prometió limpiar las playas, en especial la bahía de Guanabara, donde se realizarán varios eventos –voleibol de playa, canotaje, triatlón–. En fechas recientes han aparecido cuerpos y restos humanos en el agua y en la arena; y, según científicos y expertos, el agua está tan contaminada que la gente que nade en ella se expone a contaminación fecal e infecciones, así como a una superbacteria resistente a antibióticos.

Ver: 8) Alerta del Center for Disease Control sobre zika y malaria (en inglés) y 9) “Rio Olympics athletes advised to not put their heads underwater” (The Verge, inglés, agosto 2016).

Y, por si fuera poco, las Olimpiadas están empañadas por el escándalo de dopaje de la federación rusa. El escándalo, que consiste en una trama de película e involucra a personas disfrazadas de plomeros y robo de muestras de orina, fue dado a conocer por una deportista rusa que admitió haber participado en el programa. Más allá del problema del dopaje, los alegatos en contra de la federación mostraron que el gobierno ruso estaba directamente involucrado y apoyaba a sus atletas para que se doparan. El Comité Olímpico Internacional (COI) suspendió a la representación de atletismo del país, pero se negó a suspender a la delegación entera; dejó que cada deporte decidiera si los vetaba o no (por ejemplo, los responsables de halterofilia –levantamiento de pesas– descalificaron al equipo ruso, no así los de natación). Entre las afectadas está Yelena Isinbayeva, doble medallista de oro en salto con garrocha, que había salido del retiro para competir por una tercera medalla. Aunque la representación rusa no es tan protagonista en el medallero como antes –cuando formaba parte de la Unión Soviética–, sí es un duro golpe al espectáculo olímpico.

Ver: 10) “Russian Insider Says State-Run Doping Fueled Olympic Gold”, (The New York Times, en inglés, mayo 2016).

Por ello, es posible que los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro deslumbren por motivos equivocados. Aun así, uno siempre espera que no sea el caso: como cualquier campeonato mundial, las Olimpiadas están hechas para que nos detengamos por unos momentos y veamos de qué son capaces los seres humanos.

Esteban Illades

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