El hombre reposaba en el asiento del copiloto, eran las 16:20 del día. Las puertas del coche estaban abiertas de par en par. Sus pies, sin zapatos, reposaban sobre el tablero.

De la radio salía música que hacía retumbar el vehículo, y que inundaba la avenida, la banqueta y llegaba hasta las ventanas de los edificios cercanos. “Queeeriiidaaaa…”. Juan Gabriel resonaba en el sureste del Bronx, en Nueva York, un día después de su muerte.

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El Bronx es el municipio con mayor porcentaje de habitantes de habla hispana u origen latinoamericano en Nueva York, con 55.1% según el censo de 2015 realizado por el United States Census Bureau. La mayoría de los latinos del Bronx provienen de Puerto Rico, en segundo lugar de la República Dominicana y en tercero de México, en particular del estado de Puebla, según un estudio realizado por el Teachers College de la Universidad de Columbia.

Pero, al tratarse de Juan Gabriel, la nacionalidad no importa. La música del Divo de Juárez trasciende fronteras. 

El lunes 29 de agosto, las televisiones de todos los comercios del barrio de Soundview,  mostraban a a JuanGa en sus pantallas: Telemundo o Univisión tenían transmisión continua.

Silvino Isidra, originario de Guerrero, veía nostálgico la pantalla en el bar “El Texano”. El local está decorado con papel picado de color verde, blanco y rojo en el techo y en la pared del fondo hay un sombrero de mariachi. Para Silvino, que trabaja de mensajero en bicicleta, lo mejor era oír a Juan Gabriel y sus popurrís llegando del trabajo a la casa. 

Para Andrés Cantor, trabajador de construcción y demolición, migrante de Puebla, Juan Gabriel era su ídolo. “Lo ponía llegando a mi casa para un par de milonguitas”.  Cantor estaba feliz y orgulloso de haber ido a un concierto del cantante cuando fue a Atlantic City con una banda de mariachis hace más de 20 años. 

Metros más adelante sobre Westchester Avenue, Cleo Godoy, también de Puebla, se acuerda que ponían seguido “Yo no nací para amar” y “El Noa Noa” en la rocola del negocio que tiene su suegra. En “Tehuacán, Deli Grocery & Taquería” Juan Gabriel era un clásico. Además, en las fiestas del barrio cuando contratan mariachi, lo primero que piden es “Amor Eterno”. 

Otro lugar donde no podía faltar la música de JuanGa es la cocina del concurrido Jimmy’s Grand Café, un restaurante famoso por estar cerca del estadio de los Yankees y ser el destino favorito de muchos jugadores de beisbol. Simón Romero, veracruzano, es uno de los muchos mexicanos que escuchan “No tengo dinero” al calor de la lumbre de la cocina.  

Incluso Fernando Suazo, hondureño y estudiante de ingeniería en computación, recuerda con una sonrisa a Juan Gabriel. ¿Su canción favorita? “Abrázame muy fuerte amor mantéeenemeee así a tu laaadooo”, responde cantando.  

El lunes 29 de agosto de 2016 parecía que en cada rincón del sureste del Bronx, alguien estaba viendo, oyendo o recordando a Juan Gabriel. En la florería de Doña Caro, reunidos alrededor de la televisión, estaban Carolina, su hija Gaby, Don Manuel y Mayra, viendo la repetición de los últimos momentos del ídolo. “No sólo es una pérdida para la comunidad mexicana, sino para la comunidad mundial”, resumió Mayra. 

Alejandra Ibarra Chaoul es politóloga por el ITAM y estudiante de posgrado en periodismo en la Universidad de Columbia.

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