Finalizó el G20 (grupo de las 20 economías más importantes del mundo) en la provincia de Hangzhou, China. Como otras cumbres, parecería que lo planteado en ella podría ser parte de los reportes y memorias listas para publicarse y ser parte de los archivos de las cancillerías de los respectivos países miembros. El olvido viene después. Al parecer esta vez no será así. Es la primera vez que China toma la presidencia de G20 y no precisamente el legado será el recuerdo del protocolo, las cenas y las conferencias. Al contrario, China ha aprovechado la coyuntura para establecer y proponer temas sensibles que aquejan a todos los países miembros.

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El G20 en Hangzhou, China será la punta de lanza de la fractura y el establecimiento de un nuevo orden económico internacional propuesto por los anfitriones. La reciente crisis financiera internacional es la antesala de esto. La respuesta china es categórica: la gobernanza global considerando los factores económicos y financieros; la coordinación en temas macroeconómico y la promoción de políticas encaminadas a promover la innovación representan el cambio de paradigma industrial pasando por una agresiva lucha contra la corrupción, que dicho sea de paso, se ha acompañado de una campaña muy activa en la televisión china en donde se muestra cómo terminan en prisión los funcionarios públicos, hombres de negocios o agentes económicos que se corrompen. Imágenes impactantes que no necesitan una mayor explicación. Las penas son tan severas que dudo mucho haya alguien, por lo menos en China que quiera correr el riesgo. Ojalá que el ejemplo haga eco en otros países. 

El cambio del paradigma económico vendrá tan pronto Estados Unidos y China, quienes son los responsables del 40% de la emisión de contaminantes a nivel global, cumplan sus compromisos ambientales al ratificar el Acuerdo de París referente al cambio climático y se enfoca en la reducción de emisión de contaminantes de efecto invernadero.  De acuerdo a la Comisión de Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas “El objetivo del Acuerdo de París es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2ºC, lo más cerca posible de los 1,5ºC, para aumentar la habilidad de la economía y de la sociedad de adaptarse a los extremos climáticos, y dirigir la escala y la velocidad de los flujos financieros a encontrar el camino adecuado hacia un desarrollo bajo en emisiones y resiliente al cambio climático”. El fondo de esto, sin duda, será una transformación (ecológica) de la industria lo que traerá como consecuencia, mayor competencia global económica e industrial entre Estados Unidos y China. En todo esto, lo estipulado por el presidente chino Ji Jinping en el marco del G20 sobre el papel del la innovación en el desarrollo, cobra sentido.

Adolfo Laborde es internacionalista y profesor-investigador del Tec de Monterrey, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Actualmente es profesor investigador visitante en la Universidad de Fudan, Shanghái. China. 

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