“Dado que las creencias políticas ilusorias o delirantes son gratuitas,
el votante las consumirá hasta que llegue a su `punto de saciedad´,
creyendo aquello que le haga sentir mejor”.
Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter

El mito del votante racional

La premisa de la obra seminal de Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter: Why democracies choose bad policies (“El mito del votante racional: por qué las democracias escogen malas políticas”) es que los electores tenemos sesgos que nos llevan a votar por políticas equívocas. Esta aseveración se fundamenta en dos principios: el primero es que la gente actúa racionalmente (en interés propio) únicamente cuando hay un costo real y directo al equivocarse; Caplan afirma que al no percibirse un costo directo de equivocarse, como a la hora de votar, la gente prefiere actuar según dictan sus creencias preconcebidas que asumir el costo de razonar.

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Esta “racionalidad irracional”, término que utiliza Caplan para catalogar comportamientos contrariados en cuanto a decisiones de mercado y decisiones políticas, lo ilustra al mencionar que la misma persona que vota y se expresa vehementemente en contra del libre comercio es la misma persona que consume esos productos gracias a su competitividad. A la hora de votar el sujeto busca ser congruente con su ideología y la imagen social que quiere proyectar; sin embargo, a la hora de consumir busca actuar de manera alineada a su presupuesto. Caplan concluye que la agregación de estos votos que “no importan” arrojan incentivos para que políticos tomen decisiones adversas a sus constituyentes.

En una revisión al trabajo de Caplan, Franceso Caselli resume la premisa del libro de una manera más colorida diciendo que “la gente vota con su corazón pero consume con su mente”. Caselli agrega que, dado que la gente vota conscientemente sabiendo que su voto no es relevante, estos lo hacen por el deseo de expresar sus creencias; votan con su corazón porque su mente les dice que su voto no será decisivo. Siguiendo esta corriente de pensamiento, Caselli propone que el voto es utilizado por el elector como una manera de satisfacer necesidades psicológicas.

La irracionalidad racional de los Republicanos

En el censo oficial estadunidense de 2010 se reportó que el 16.4% de la población es de origen hispano, dato que reafirma a los hispanos como la minoría más grande de los EE.UU. Se proyecta que para el 2020 este número podría incrementar hasta el 19.4% y que, para 2050, esta comunidad pudiera representar el 30.2% de la población de los Estados Unidos. En cuanto al impacto económico de la hispanidad, en 2010 se calculó que el tamaño del mercado latino en los EE.UU. era de un trillón de dólares con pronósticos de crecer a 1.5 trillones de dólares en los siguientes años. Esto hace de ese mercado una de las 10 economías más importantes del mundo.

En 2012 casi el 8.4% de la lista nominal estadounidense correspondía a ciudadanos hispanos (23.3 millones de personas), de estos únicamente votó el 48% (11.2 millones). Como referencia, en 2012 votaron el 66.6% de todos los afroamericanos y el 64.1% de los estadounidenses blancos.

Tabla 1: Participación electoral según etnia

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Del voto latino, el 71% respaldó al actual Presidente Barack Obama y el 27% votó por el candidato del Partido Republicano, Mitt Romney. Hoy en día, según una encuesta levantada por Fox News, un medio conservador, el 65% de Hispanos votaría por Hillary Clinton y el 21% por Donald Trump. Esta cifra es la intención de voto más baja de la historia por parte de la comunidad hispana por el partido republicano.

De acuerdo a datos del Pew Research Center, en 2016 habrán 27.3 millones de hispanos registrados para votar, un incremento de 17% desde 2012.

Lo curioso de todo esto es que los hispanos tendrían que ser una importante fuente de votos para el partido Republicano, ya que el hispano estadounidense es ideológicamente más afín al pensamiento Republicano que al Demócrata. Un estudio realizado por el Pew Research Centre encontró, que aunque la inclinación partidista entre hispanos favorece al partido Demócrata, la inclinación ideológica favorece al partido Republicano. En resumen, hay más hispanos que se consideran conservadores que liberales.

Tabla 2: Ideología política de los Hispanos en los Estados Unidos

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La idea de que el partido republicano construya una base electoral entre los hispanos no es novedad, tanto el presidente Reagan como G.W. Bush han logrado un número de votos importantes del electorado hispano. Reagan en su momento logró un 37% del voto latino, y el voto hispano más alto de la historia por un candidato Republicano fue el 40% que logró G.W. Bush para lograr su reelección en 2004; inclusive muchos analistas electorales atribuyen las victorias de G.W. Bush al voto atípico de los hispanos.

Parece irracional que el partido republicano esté abiertamente antagonizando a esta minoría considerando el peso actual del electorado hispano; sus pronósticos de crecimiento poblacional y económico a corto y mediano plazo, y su afinidad ideológica Sin embargo, si el establishment Republicano no invierte más en cautivar el voto hispano es porque existe un antagonismo con su voto duro, ciudadanos blancos de medianos y bajos ingreso.

Si bien los medios de comunicación conservadores llevan años fijando estereotipos negativos de la comunidad hispana, muchos dirán que este antagonismo es reciente, y la candidatura de Donald Trump ha profundizado esta ruptura.. Evidencia de esto se encuentra en un estudio realizado por el PEW Research Center y la Coalición Nacional Hispana de Medios que revela:

  • La tercera parte de los norteamericanos cree que más de la mitad de los latinos son indocumentados, cuando en realidad sólo 17% carece de documentos;
  • 71% de los norteamericanos cree que los hispanos son pandilleros;
  • 64% los percibe como jardineros y sólo 5% como profesionistas,
  • 51% de la población opina que los latinos viven del gobierno.

El tratamiento de los medios conservadores ha logrado reducir la identidad de los hispanos a criminales o, en el “mejor de los casos” , a percibirlos como un “mal necesario”. Paul R. Kibbe, estudioso de los movimientos braceros, explica la función social de deshumanizar al hispano:

“…uno puede suponer que (el bracero) no es un ser humano del todo, sino una especie de implemento agrícola que misteriosa y espontáneamente llega por coincidencia en el momento mismo de la maduración del algodón, que además no requiere mantenimiento, consideración especial durante su periodo de utilidad, que no necesita protección de los elementos del tiempo y que cuando la cosecha ha sido levantada, desaparece en el limbo de las cosas olvidadas hasta que la próxima temporada de cosecha regresa”.

Según Caplan, si el partido Republicano fuera un actor político racional, estaría haciendo una labor intensa para consagrarse con un electorado numeroso, en crecimiento, volátil, económicamente empoderado e ideológicamente afín al partido. Sin embargo, dado el imaginario social que ha sido perpetuado por el mismo partido y sus aliados mediáticos, la representación errónea de los hispanos genera un efecto emotivamente adverso en la base republicana; los hispanos son, en mente de muchos republicanos, todo lo que está mal con el país.

Trump no es la causa; es el resultado.

Roberto Morris Bermúdez es licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics and Political Science. Actualmente es socio en la consultoría política Strategic Affairs.

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