Durante los días 20 y 21 de noviembre se llevó a cabo en la ciudad de Lima, Perú el encuentro del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC, en inglés) que incluye a 21 economías de esta región (Australia; Brunei Darussalam; Canadá; Chile; República Popular China; Hong Kong, China; Indonesia; Japón; Malasia; México; Nueva Zelanda; Papúa Nueva Guinea; Perú; Filipinas; Rusia; Singapur; Corea; Taiwán; Tailandia; Estados Unidos y Vietnam) y que representa el 48% del Producto Interno Bruto (PIB) y el 49% del comercio mundial. El APEC surgió en el año de 1989 por iniciativa de Japón y Australia y desde sus inicios se ha enfocado en promover la cooperación económica de manera voluntaria entre sus miembros. 

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En esta ocasión el Foro estuvo enmarcado por las secuelas internacionales de las elecciones en los Estados Unidos y lo que esto representa para el comercio internacional que enfrentará un reto mayúsculo: el proteccionismo del comercio exterior y su salida de este país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en inglés) tan anunciado en la campaña electoral de Trump. 

El APEC, si bien es cierto ha sido un importante foro de diálogo regional, no representa un mecanismo vinculante entre sus socios; es decir, los países miembros no tienen la obligación de cumplir los acuerdos acordados en sus reuniones. No es un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) como muchos piensan, solo uno de discusión y de cooperación que desde su formación, esperaba contribuir a la creación de una zona de libre comercio en el Asia Pacífico, primero en el año 2010 para las economías más avanzadas y en el 2012 para las en vías en desarrollo. No se cumplió el cometido en ninguna de las fechas, aunque frente a la actual coyuntura, la propuesta china de concretar una Zona de Libre Comercio en el Asia Pacífico es más viable que nunca a través del esquema propuesto por este país denominado Acuerdo de Libre Comercio del Pacífico (FTAAP, en inglés).

La reunión de Lima reflejó lo revuelto que se encuentra el mundo en términos geopolíticos y geoeconómicos. En este contexto, el gobierno chino pidió mayor integración, facilitar y aumentar el comercio ante el proteccionismos estadunidense que se asoma al igual que los otros miembros del APEC. Asimismo, cabe señalar que el vacío que dejará Estados Unidos en la región dará pauta a un mayor activismo de China y la promesa de esta nación de apoyar el desarrollo en el mundo a través de inversiones, mayoritariamente en infraestructura, llevando una especie de extensión de su programa one belt, one road, lanzado en el año de 2013, y que tiene por objetivo incrementar el comercio y promover la integración logística a través de la expansión de la infraestructura china en Asia, Asia Menor y Europa retomando la vieja ruta de la seda terrestre y marítima no es un disparate. Si lo que tienen los chinos son excedentes económicos y buscan en donde ponerlos a trabajar. La reciente visita a Ecuador del presidente chino Xi Jinping previo al Foro del APEC y la firma de varios acuerdos de cooperación es una muestra de que la política exterior de China no se limita a Asia o África donde tradicionalmente se había concentrado y pone a América Latina en su mirada. Así lo demuestran las visitas de Estado Oficiales del Presidente Xi Jinping previa a la Cumbre del APEC a Ecuador y a Perú y Chile después de su conclusión. 

¿Permitirán los Estados Unidos que China tenga una mayor influencia económica y política en América Latina? Si bien es cierto ya había mostrado un acercamiento con algunos países en la región desde el el año 2005 al 2015 con préstamos para proyectos de energía y infraestructura a Venezuela 65 mil millones de dólares (17 préstamos); Brasil, con 21.8 mil millones de dólares (8 préstamos), Argentina, 15.3 mil millones de dólares (8 préstamos); Ecuador, 15.2 mil millones de dólares (11 préstamos) y México mil millones de dólares (1 préstamo) no se había sentido la fuerza de la diplomacia de yuan tan cerca más aún cuando esta moneda ha sido aceptada en la canasta del Fondo Monetario Internacional (FMI) como moneda convertible en las operaciones financieras internacionales en el mes de septiembre pasado. Vienen cambios importantes en las relaciones de poder a nivel internacional, especialmente en América Latina, que sin temor a equivocarme, será un escenario en disputa entre los nuevos actores de las relaciones internacionales, es decir, China y Rusia. ¿Habrá alguna reacción al respecto de Estados Unidos en la era Trump muy similar a vivido al de la Guerra Fría? Probablemente, solo que la confrontación no estará centrada en el aspecto ideológico, si no en la lógica de mercado. ¿Quién hubiera pensado este escenario? En todo esto, ¿cuál será el papel de México? Buena pregunta que nos obliga a repensar sobre la diplomacia tradicional contemporánea de nuestro país, es decir, la de centrar toda nuestra atención en América del Norte, que por cierto, al parecer nos guste o no, tendrá que cambiar. 

Adolfo Laborde es profesor del Departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, Campus Santa Fe. Investigador visitante del Instituto de Desarrollo de la Universidad de Fudan, China.

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