Cuando pensamos en Europa y su política, se ha convertido en un lugar común relacionarlas con ideologías progresistas y liberales. Los miembros de la Unión Europea han firmado la Carta de Derechos Fundamentales; el Consejo de Europa es una institución independiente de la Unión Europea, donde participan todos los países del continente con la misión de salvaguardar los derechos humanos; en los Países Bajos hay una política de drogas que se ha ido modernizando desde 1976 y ha sentado precedente para todo el mundo (Mathieu et al, 2013, pp. 349-351); en Portugal existe un programa de reducción de daños en el cual a los usuarios de drogas se les proporcionan jeringas estériles para evitar el contagio de enfermedades y se ofrecen salas de consumo supervisado (International Drug Policy Consortium, 2016); en Suecia los padres tienen derecho a 480 días de incapacidad pagada (Gobierno de Suecia, 2016); Francia es un líder mundial en uso de energía nuclear y en investigación de energías renovables (World Nuclear Association, 2016); Bélgica, Luxemburgo e Islandia han tenido jefes de Estado o de gobierno abiertamente LGBT; y trece países europeos reconocen el matrimonio igualitario que concede igualdad de derechos a parejas del mismo sexo.

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A pesar de todos estos avances en la agenda progresista Europa está sufriendo una peligrosa regresión: varios partidos de ultraderecha han alcanzado logros electorales en diferentes países, alimentados por una grave crisis migratoria y de refugiados, un desempeño económico poco satisfactorio, la crisis financiera y del euro, derivando en un sentido creciente de descontento con la Unión Europea. Amplios sectores de las poblaciones europeas se sienten agraviados y frustrados; consideran que los políticos de los partidos tradicionales han perdido el contacto con los electores que los pusieron en esos cargos en primer lugar y que velan por sus propios intereses. Ante este escenario, voltean a los partidos populistas de derecha, que les prometen regresarles el país que han perdido.

Este fenómeno se observa en una multitud de estados. En Francia el Front National (Frente Nacional) ha propuesto reducir el número de inmigrantes drásticamente y recortar las prestaciones para estas poblaciones, incluyendo los servicios de salud, y cuyos fundadores incluían colaboradores nazis y miembros de la Francia Vichy. En Países Bajos el Partij voor de Vrijheid (Partido por la Libertad) ha hecho un llamado a cerrar todas las escuelas islámicas y a establecer un registro del origen étnico de todos los ciudadanos holandeses. En Grecia el partido neofascista Chrysí Avgí (Amanecer Dorado) se convirtió en la tercera fuerza política en las elecciones de 2012, tras la crisis de la deuda y las medidas de austeridad; este partido favorece un acuerdo de seguridad con Rusia, culpa al euro por arruinar al país, y favorece un estado “étnicamente puro”. En Hungría, Jobbik se ha convertido en el tercer partido más grande y su plataforma incluye organizar un plebiscito sobre la membresía a la Unión Europea, detener “los esfuerzos de Israel de dominar a Hungría y el mundo”, y criminalizar los actos homosexuales. En Suecia, los Sverigedemokraterna (Demócratas Suecos) obtuvieron 49 de los 349 escaños del Parlamento en 2014, y entre sus propuestas figuran restringir la inmigración, oponerse a la entrada de Turquía a la Unión, y realizar un plebiscito sobre la membresía a la UE. También existen partidos populistas de derecha en Austria, Dinamarca, Eslovaquia, Finlandia, Italia, Noruega, Polonia, Reino Unido y Suiza, con distintos grados de popularidad (Carbajosa, 2016).

Parecía ser que Alemania sería una excepción a la oleada de popularidad de los partidos populistas de derecha, en parte por la cultura política del país y en parte porque se creyó que los alemanes serían inmunes al discurso anti-inmigrante, dado que sufrieron su propia crisis de refugiados después de la Segunda Guerra Mundial (Carbajosa, 2016). Sin embargo, desde 2014 y a partir de la crisis de migrantes y refugiados, y de la política migratoria de la Canciller Merkel, la ultraderecha en Alemania se ha fortalecido. El principal partido que enarbola estas ideas es Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland, AfD).

Debido a que Alemania se rige por un sistema semi-parlamentario en lugar de presidencial, los partidos políticos y sus reputaciones tienen una gran importancia para el sistema político. El regreso de la ultraderecha en Alemania no se observa sólo en la fundación de la AfD, también han aumentado los crímenes de odio hacia refugiados y extranjeros. Hubo un aumento significativo en crímenes xenofóbicos, de 2,207 en 2014 a 4,183 en 2015 (Dick, 2016).

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En 2015 los crímenes de la extrema derecha aumentaron. En especial podemos observar que los delitos xenofóbicos, y los delitos xenofóbicos violentos casi se duplicaron de un año para otro. Fuente: Elaboración propia con datos de Wolfgang Dick, DW.

El objetivo de este texto es enfocarse en la AfD y plantear cuáles son los posibles escenarios electorales para 2017 ante el resurgimiento de la ultraderecha. Para este fin, se revisará brevemente el sistema político alemán y a los partidos políticos más relevantes. Evaluaremos si la posibilidad de que el AfD se convierta en la primera fuerza política en Alemania es real y tangible o es tan sólo un pequeño estertor, reflejo de movimiento similares en el resto de Europa que ante la fortaleza del sistema alemán no podrá prosperar.

Sistema político alemán

Actualmente, Alemania funciona en esquema de república federal parlamentaria. En una república parlamentaria, la legislatura o parlamento es la que provee legitimidad al poder ejecutivo, y éste le rinde cuentas al primero. En Alemania existe una separación entre Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. El Jefe de Estado es el o la Bundespräsident (Presidente), quien es electo por la Bundesversammlung o Convención Federal para servir un periodo de cinco años, con posibilidad de reelección una vez. La Convención Federal que elige al Presidente está compuesta por los miembros del Bundestag, así como delegados electos por las legislaturas de los diferentes estados o Länder. Aunque el Presidente es una figura principalmente ceremonial.

El Jefe de Gobierno es el o la Bundeskanzler, o Canciller Federal. El Canciller no es electo directamente como el ejecutivo de regímenes presidenciales. En lugar de eso, cada cuatro años después de elecciones generales se convoca a los nuevos miembros del Bundestag para que voten. El Canciller debe ser electo por una mayoría de todos los miembros del Bundestag. Naturalmente, si uno de los partidos obtuvo más de la mitad de los escaños, fácilmente puede votar para elegir que el Canciller sea el o la líder de su partido. Sin embargo, si un partido no cuenta con la mitad de los escaños más uno, se vuelve necesario formar una alianza con otro u otros partidos para formar gobierno. Una de las funciones más importantes del Canciller es elegir a su Gabinete, pero también tiene la autoridad elegir el número de Ministros que incluirá y las funciones que tendrán. Podemos pensar en el Canciller como la figura central del Poder Ejecutivo Federal, y como la persona que le da una dirección general a la política alemana durante su mandato, el cual es renovable. Angela Merkel ha sido Canciller Federal desde 2005, y su partido, la CDU, ha formado gobiernos de coalición con el SPD y el FDP. En suma, Alemania se rige por un sistema parlamentario en lugar de presidencial, los partidos políticos y sus reputaciones tienen una gran importancia para el sistema político. Las elecciones legislativas son las que determinan, indirectamente, quiénes serán el Presidente y el Canciller.

Composición actual de las fuerzas políticas

Desde la fundación de la República Federal de Alemania en 1949, la Alemania Occidental, las mayores fuerzas políticas han sido la Unión Demócrata-Cristiana (Christlich Demokratische Union, CDU) y el Partido Socialdemócrata (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD), los cuales se encuentran hoy en una Gran Coalición (Große Koalition) para formar gobierno. En la Alemania reunificada, ha habido sólo tres Cancilleres, a lo largo de siete ciclos electorales: Helmut Kohl, Gerhard Schröder y Angela Merkel. Desde 1949, todos los Cancilleres han pertenecido a la CDU o al SPD.

Alemania tiene un sistema multipartidista, lo cual dificulta que un partido consiga por sí solo la mayoría en el Bundestag y los lleva a formar gobiernos de coalición. Actualmente hay cinco partidos representados en el Bundestag: la CDU y su hermana bávara, la CSU (Christlich Soziale-Union), el SPD, Die Linke (La Izquierda), y Die Grünen (partido verde). El FDP, Freie Demokratische Partei, que anteriormente había formado gobiernos de coalición con la CDU, no alcanzó el mínimo del 5% del voto nacional en las elecciones de 2013 y por lo tanto no obtuvo ningún escaño en el actual Bundestag.

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Elaboración propia con datos de la página del Bundestag.

En cuanto a las legislaturas de los estados, el SPD cuenta con Ministros Presidentes (Ministerpräsident) en nueve de los estados, mientras que la CDU gobierna cuatro, la CSU gobierna Baviera, los verdes Baden-Württemberg y Die Linke el estado de Turingia.

Mapa 1 – Gobierno local por partido político

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Elaboración propia con datos de la página del Bundestag.

El creciente éxito del populismo de derecha

La ultraderecha en la Europa de la posguerra ha venido en olas, y la ola actual, la más exitosa, inició en 1980 (von Beyme, 1988). Desde entonces, los partidos de ultraderecha han participado en gobiernos de coalición y han formado parte de la oposición. Estos partidos tienen tres elementos principales: el radical – extremismo, el populismo y el nacionalismo (Golder, 2016). El radicalismo hace un llamado a reformar de forma extensiva el sistema político y económico de un país, mientras que el extremismo busca minimizar o eliminar cualquier configuración democrática.

El partido que aprovechó los agravios de la población con la estrategia populista es Alternative für Deutschland, AfD, fundado en 2013. En las elecciones del mismo año ganó 4.7% del voto popular. AfD no obtuvo escaños en el Bundestag, ya que no logró superar el mínimo del 5% del voto para tener representación en la legislatura. Sin embargo, la popularidad del partido ha crecido. En 2014 AfD logró obtener representación en el Parlamento Europeo, y obtuvo 7 de los 96 escaños alemanes. AfD se unió al Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), pero fue excluida en abril de 2016, ya que consideraban que sus posiciones eran demasiado extremas y le daban una mala reputación al grupo parlamentario (Oliveira, 2016). Ahora, AfD ha logrado tener representación en las legislaturas de 10 de los 16 estados. En el estado de Mecklenburg-Vorpommern, la AfD superó a la CDU (Wieder, 2016), y en Berlín, AfD también adquirió una presencia importante (Scholz, 2016). No sólo ha habido un resurgimiento de la derecha en forma de la AfD, sino en movimientos ultranacionalistas como Anti-Antifa (que deriva su nombre por ser anti-anti-fascista) y Reichsbürger (Dick, 2016).

Posibles escenarios para las elecciones alemanas en 2017 y europeas en 2019

Si bien la Alternativa para Alemania va a experimentar un crecimiento, respaldado en hechos como el Brexit, la victoria de Donald Trump o la posible calificación de Marine Le Pen para el balotaje en Francia, hay un gran problema en la composición de su apoyo. Estados como Sajonia le dieron el 24.2% de sus votos, dejándolo en el margen de error hacia el gobierno local. Hay estados como Rin-Palatinado que no le dieron siquiera el 10% de sus votos (Deutsche Welle, 2016). Esto permite configurar un escenario en 2017 y 2019 donde el AfD se convierte en una de las voces del juego, sin embargo, la Gran Alianza SPD/CDU-CSU seguirá teniendo la suficiente fuerza para gobernar al menos un periodo más en este país.

Un factor de unidad para la Gran Coalición será el débil liderazgo de Sigmar Gabriel, líder del SPD, así como la ya declarada voluntad de Angela Merkel para competir por un periodo más. Los socialdemócratas han visto avanzar ampliamente su agenda energética y Merkel se ha comprometido con ella por completo (lo cual le puede ayudar a obtener el apoyo de los verdes) con el cierre de siete plantas nucleares y la promoción del subsidio EEG a la Generación y Consumo de Energía Limpia ha hecho que el compromiso CDU-SPD se fortalezca. En palabras de Philip Fink:

[el] liderazgo que la democracia social, en tanto que movimiento social y político, ha asumido en el diseño de la transición energética. La razón para ello es que, a diferencia de otros movimientos políticos, mientras por un lado mantenía su tradicional cercanía al sector energético, a la industria y a sus empleados, por otro salían de entre su filas algunas de las cabezas pensantes que han concebido la transición energética. Encontrar una solución de compromiso que tenga en cuenta los intereses dispares de beneficiados y perjudicados es complejo y puede ser frustrante para algunos de los implicados. Sin embargo, apostando por esta solución, la socialdemocracia ha conseguido poner en marcha una transición energética que es un proceso de modernización social y económica. (Brüggemeier, 2016).

Es decir, no hay elementos para que la izquierda socialista busque una alianza con Die Linke, ni para que la CDU tenga que buscar una alianza con partidos más a la derecha de sí mismo para mantener el gobierno. Asimismo, para el experto en política alemana, Franco Delle Donne, Merkel no tiene un rival a su altura, ni dentro de la CDU ni fuera de ella. A pesar de su reciente impopularidad, Merkel es la figura central de la política alemana, su aprobación sigue por encima del 50 por ciento y los alemanes son el país europeo con mayor satisfacción con la democracia (Delle Donne, 2016).

En ese sentido, la encuesta de YouGov es esclarecedora: los alemanes al contrario que sus pares ingleses, franceses y españoles siguen confiando en la democracia como la principal manera para organizar su política y por ello están menos expuestos a la tentación de extrema derecha que azota Europa.

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Elaboración propia con Datos de YouGov (Abraha, & Smith) no refleja al porcentaje que respondió: No sé y No contestó.

Conclusión

El diseño MMP (Mixed Member Proportional, en inglés) del sistema semi-parlamentario alemán hace prácticamente imposible, o al menos dificulta significativamente, la formación de mayorías sectarias. La mayor prueba de esto es lo dicho por Franco Delle Donne: “las elecciones alemanas ya no son competitivas”, y esto es precisamente lo que buscaban quienes lo diseñaron. Si bien la AfD tendrá indudablemente presencia en los gobiernos locales y estatales, la CDU-CSU tiene una mayor alianza y provecho en la agenda política con el SPD a su lado. El surgimiento de otra alternativa política a la izquierda, Die Linke hará que los votantes inconformes se reparta prácticamente a la mitad entre los electores del populismo de izquierda y de derecha. Se puede observar un fenómeno similar al que sucedió en España este año, que permitió que ante las alternativas Ciudadanos y Podemos, la concertacesión entre PSOE y PP siguiera gobernando. Merkel tendrá hasta 2021 para construir a su sucesor y ser la líder de la Europa liberal. Si no lo logra para entonces, puede ser que el crecimiento del AfD y el desgaste del SPD como alternativa, entonces sí, le abran las puertas al extremismo. Esto si no antes Marine Le Pen, Donald Trump y Nigel Farage desgastan la credibilidad de esta alternativa política.

Fernando Carrera y Saul Vazquez Torres, estudiantes del programa de Licenciatura en Relaciones Internacionales en el ITESM Campus Santa Fe.

Referencias:

Abraham, T. & Smith, M. (2016, 28 de noviembre). “Five findings from YouGov’s European mega-survey“. YouGov.

Brüggemeier, F-J. (2016). Sol, agua, viento: la evolución de la transición energética en Alemania. Friedrich Ebert Stiftung.

Carbajosa, A. (2016, 14 de marzo). “La excepción alemana sucumbe al virus europeo”. El País.

Conrad, N. (2016, 09 de octubre). “As German police conduct manhunt, residents in Chemnitz vent their anger”. Deutsche Welle.

Delle Donne, F. (23 de noviembre de 2016). “Merkel decidió gobernar hasta 2021″. Elecciones en Alemania.

Dick, W. (2016, 19 de octubre). “What is behind the right-wing ‘Reichsbürger’ movement?” Deutsche Welle.

Dick, W. (2016, 23 de octubre). “From Anti-Antifa to Reichsbürger: Germany’s far-right movements”. Deutsche Welle.

Europe’s Rising Far Right: A Guide to the Most Prominent Parties. (2016, 17 de noviembre). The New York Times.

“German state elections: Success for right-wing AfD, losses for Merkel’s CDU”. (2016, 13 de marzo). Deutsche Welle.

Gobierno de Alemania. (2016). Der Bundespräsident.

Gobierno de Suecia. (2016). 10 things that make Sweden family-friendly.

Golder, M. (2016). Far Right Parties in Europe. Annual Review of Political Science, 19, 477-497. Pennsylvania State University.

Hasselbach, C. (2016, 06 de septiembre). Opinion: Why is the AfD so successful? Deutsche Welle.

International Drug Policy Consortium. (2016). Western Europe.

Mathieu, H., Niño, C., Campero, J. C., Barrancos, H., Vargas, R., Vergara, E., … Plenert, M. (2013). De la represión a la regulación: propuestas para reformar las políticas contra las drogas. Bogotá, Colombia: Friedrich Ebert Stiftung.

Migrant crisis: Migration to Europe explained in seven charts. (2016, 4 de marzo). BBC.

Oliveira, I. (2016, 10 de marzo). “ECR group kicks out German far-right MEPs”. Politico.

Scholz, K-A. (2016, 19 de septiembre). “Berlin elections: The end of the grand coalition”. Deutsche Welle.

Wieder, T. (2016, 4 de septiembre). “Régionales en Allemagne: l’extrême-droite inflige un sérieux revers à Angela Merkel”. Le Monde.

Wieder, T. (2016, 7 de septiembre). “Angela Merkel met en garde contre la montée des extrémismes”. Le Monde.

World Nuclear Association. (Noviembre 2016). Nuclear Power in France.

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