En su discurso de Año Nuevo, el líder norcoreano Kim Jong-un anunció que su país está terminando los preparativos para realizar el lanzamiento de un misil balístico de alcance intercontinental, lo que se traduce en una amenaza directa para los Estados Unidos. Bien podría entenderse esta declaración como respuesta al mensaje del presidente electo Donald Trump del 23 de diciembre en el cual afirmó que los Estados Unidos deben “reforzar y expandir enormemente su capacidad nuclear hasta que el mundo entre en razón respecto a las armas nucleares”. Mensaje contradictorio en sí mismo si se piensa bajo la lógica armamentista de la Guerra Fría ya que podría amenazar la paz y estabilidad mundial, fomentar la proliferación nuclear y violar los tratados de no proliferación estadunidense.

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De acuerdo con datos de la Federación Americana de Científicos de mayo de 2016, Rusia y los Estados Unidos poseen el 93% del total de armas nucleares a nivel mundial: mientras que los Estados Unidos son el segundo país con mayor cantidad de armamento nuclear con 7,000 unidades -2,500 retiradas, 4,500 almacenadas y 1,930 desplegadas-, Rusia cuenta con 7,300 -2,800 retiradas, 4,490 almacenadas y 1,790 desplegadas- las cuales, según declaraciones del presidente Vladimir Putin de finales de diciembre, quiere fortalecer. Si bien ambos países han reducido su armamento nuclear desde el fin de la Guerra Fría, no es el caso con otros países como China o Corea del Norte que lo han expandido de forma gradual. Según el mismo organismo, China cuenta con aproximadamente 260 unidades de armamento nuclear mientras que se calcula que Corea del Norte tiene entre 10 y 12 -información bastante inicierta debido a la naturaleza hermética del propio del régimen-, Francia con 300, el Reino Unido con 215, Pakistán con 130, India con 120 e Israel con 80.Asimismo, se desconoce si otros países, como Irán, también cuentan con armamento nuclear.

Estos datos demuestran la asimetría existente en lo relativo a la capacidad nuclear de los Estados Unidos y Rusia con el resto del mundo, en especial con Corea del Norte. Sin embargo, los mensajes tanto de Trump como de Kim Jong-un han generado intranquilidad en la comunidad internacional y abren paso a la posibilidad de una carrera armamentista, algo que de por sí ya es una realidad en el este y sudeste asiático. Asimismo, el mensaje de Kim Jong-un muestra claramente que las sanciones económicas y la condena unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –lo que incluye a China, aliado histórico de Corea del Norte- por las actividades nucleares que ha realizado en el pasado, no han afectado la decisión del líder de continuar desarrollando su programa nuclear.

Si bien un análisis del Brookings Institute señala que los Estados Unidos no tiene necesidad de expandir su capacidad nuclear para mantener una política de disuasión tanto con Corea del Norte, Rusia o cualquier otro país debido a que cuentan con las fuerzas nucleares suficientes para hacerlo, el apoyo de China para eliminar los proyectos nucleares norcoreanos sería de gran ayuda. Trump ha exigido a China a tomar acciones en contra de Corea del Norte de forma poco diplomática. Además, la postura que ha tomado frente a China no da indicios de que vaya a mantener una relación armónica o de cooperación entre ambos país durante su gobierno: los Estados Unidos no contarán con el apoyo chino para este tema y cualquier otro, si inician una guerra comercial en su contra o si dañan la relación bilateral al no respetar la política de “Una Sola China”, pilar fundamental de la política exterior china y de su relación con los Estados Unidos.

Greta Bucher es licenciada en Relaciones Internacionales con Honores por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y maestra en Estudios de Asia y África con especialidad en China por el Colegio de México.

 

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