De Premio Nobel de la paz a principal responsable en las deportaciones de migrantes
El 9 de octubre de 2009 fue concedido el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama. El Comité Noruego del Nobel reconoció los esfuerzos del presidente norteamericano por “fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. En su discurso de aceptación del Nobel, Obama enfatizó que no veía el premio como un reconocimiento de sus propios logros, “más bien como una afirmación de liderazgo estadounidense en nombre de las aspiraciones de las personas de todas las naciones”. La defensa de los individuos y sus aspiraciones mencionada por Obama generó una línea discursiva que lo acompañaría en todo su mandato a pesar de sus actos administrativos; la aprobación de Obama alcanzó un máximo de 55% en 2011, 2013 y 2016 de acuerdo con la encuesta realizada por CNN y ORC. Este porcentaje es bastante alto y ha impactado en las percepciones internacionales que lo consideran un presidente “popular”, pero desconoce la otra cara de este político.
La imagen de los políticos se construye y Obama es un claro ejemplo de ello. El carisma con el que los medios internacionales lo acogen desde que se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 2009 no lo vuelve un presidente ejemplar, sólo una imagen equívoca de lo que realmente ha sido. De manera concreta, ha impulsado políticas que criminalizan y violan los derechos humanos de migrantes en el momento de su detención y deportación. Es incongruente idolatrar a un sujeto que ha dañado a nuestros connacionales.
La política migratoria de Estados Unidos en el período de Obama consideró a la migración como problema de seguridad nacional, violando el derecho de movimiento contemplado en la Carta Internacional de Derechos Humanos, en especial el artículo 13, sobre el derecho a migrar; la criminalización y enfoque de seguridad que se le ha dado a la migración en el periodo de Obama ha generado discriminación social y deportaciones masivas, en especial mexicanos. Es importante contemplar la doble cara de Obama, para entender que la parte mediática es opuesta a la violencia administrativa que ha generado.
Desde que llegó al poder en enero de 2009, la política migratoria en Estados Unidos se ha endurecido. De acuerdo con cifras oficiales el Departamento de Seguridad Nacional, la administración de Obama, específicamente la Oficina de Seguridad Nacional, había deportado para 2010 un total de 863 647 extranjeros, de los cuales el 43.5% fueron calificados como criminales, a pesar de que sus delitos fueran simples faltas administrativas; más preocupante es que, los datos muestran un incremento en la tasa de deportación desde 2009 con un máximo de 435 000 deportados para el año de 2013, la cifra más alta de todos los tiempos y curiosamente es el año donde logró una aprobación de 55%.

Estas cifras responden a la concepción de “problema de seguridad” que se le ha dado a la migración en Estados Unidos. Después de los atentados el 11 de septiembre de 2001, se fundó en 2003 el Departamento de Seguridad Nacional, organismo encargado de la seguridad interna de ese país; la política migratoria quedo bajo el Immigration and Customs Enforcement conocido como “ICE”; a pesar de que esta oficina federal se creó en el gobierno de George W. Bush, fue en el mandato de Obama cuando se generaron más deportaciones. La llegada de Trump al poder, preocupa entre otras cosas porque podría darle continuidad a la política migratoria encabezada por Obama, la única diferencia es que la aceptación mediática de estos dos políticos es distinta.
Barack Obama mantuvo un doble discurso frente al mundo. Por una parte logró el reconocimiento internacional con un discurso en pro de la paz y la integración de las sociedades, y contradictoriamente sus acciones reforzaron la política migratoria que criminaliza y sistemáticamente atenta contra los Derechos Humanos de la población migrante indocumentada. Contradicciones entre la retórica y la práctica en un líder mundial son peligrosas porque ocultan realidades catastróficas.
Alan Betancourt Torres es estudiante de la Maestría en Cooperación Internacional para el Desarrollo en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

Gracias por el ensayo. Sabía que Obama había hecho deportaciones masivas pero desconocía la escala. Por ahí hay un comentario de que tu aportación está fuera de lugar, considero todo lo contrario ya que es parte de la historia bastante reciente y sustentado en cifras lo que le confiere legalidad auqnue también invita al debate. Saludos.
USA, China y Rusia son imperios. Ellos mandan. Europa = Polis Griegas.
La colaboraciòn de Alan es a toro pasao, ya se fue Obama y con todo y sus errores, cumpliò con su mandato constitucional, asì haya incumplido algunas de sus promesas de campaña, ahora sigue el cuatrienio de Trump, veremos que le va al pueblo norteamericano y a Mèxico, como paìs independiente y subdesarrollado, bueno… ahora le llaman emergente. Sigue estudiando Alan. Vale.
No es de sorprender que haya entregado el poder a los republicanos!! Increíble su habilidad y claro, fortalecida por los medios de mantener y proyectar una imagen pacífica, popular y carismática tan efectiva que logró disimular acciones negativas, y por esta razón, muchos estadounidenses y latinos emitieron el voto de castigo.
Muy buen articulo, es importante que la sociedad conozca la realidad de los lideres mundiales, por que a decir verdad a nivel local, nacional o internacional , ninguno busca la verdadera unidad y cooperación en ningún ámbito
Bienvenido un artículo bien articulado en contra de la corriente. Obama igual a bueno y todo lo demás malo. Trump es un horror, eso ni quien lo dude, pero Clinton en una línea aparentemente opuesta, hubiera sido también un horror para México, como lo fue Obama para los migrantes como en el artículo se demuestra.
Trump es un horror, porque esa imagen se construye; si fuera como Obama sería un horror disfrazado. ¡Qué buen ensayo de Betancourt!