Sin duda ningún otro estadístico ha alcanzado la clase de atención global (por ejemplo, su cuenta de Twitter tiene más de 365,000 seguidores) que mereció Hans Rosling (1948-2017), quien murió de cáncer pancreático el 7 de febrero en su ciudad natal, Uppsala. Rosling estudió estadística y medicina en Uppsala y salud pública en Bangalore. Posteriormente, estuvo a cargo de los servicios de salud en el norte de Mozambique a principios de los 80, llevó a cabo proyectos de epidemiología en otras partes de Africa y en 1986 regresó a Suecia a trabajar como médico y académico en Uppsala. En 1997 fue nombrado profesor de salud internacional en el Karolinska Institutet en Estocolmo, cátedra de la que fue titular hasta su muerte. En 2005, junto con su hijo Ola Rosling y su nuera Anna Rosling Rönnlund, inició la fundación gapminder, cuyo objetivo principal es “combatir la ignorancia arrolladora con una visión global, basada en hechos, entendible por todo mundo”. La fundación recopila una gran cantidad de datos históricos mundiales por país y los pone a disposición de cualquiera junto con herramienta de visualización.


Rosling

Entre las muchas cualidades de Rosling quisiera destacar su compromiso con la práctica epidemiológica y su capacidad como comunicador científico. Años atrás, adquirió considerable experiencia personal en el control de brotes de la enfermedad del virus del ébola en Africa. Al inicio de la peor epidemia conocida de esa infección, en Africa Occidental en 2014-2015, se trasladó en octubre de 2014 a Liberia para colaborar varios meses con el responsable del control de la epidemia en ese país, Luke Bawo, en la recopilación y análisis de datos. Rosling tuvo una actitud crítica por la tardanza con la que parte de la comunidad internacional reaccionó en asignar recursos para combatir la epidemia y realizó una intensa campaña para obtener ayuda imprescindible. Fue un divulgador de la ciencia extraordinario: no sólo transmitía su entusiasmo por la estadística; para mí, su argumento principal es que el mundo, en general, ha progresado enormemente en cuestiones cruciales de salud pública y desarrollo humano en los últimos 50 años pero, aunque cuantificables, tales logros no han sido tomados en cuenta en su debida magnitud. Su estilo era impresionante: incluía una gran dosis de humor, actitud crítica ante la ignorancia mal informada, interés por examinar la evidencia empírica y amor por el análisis de datos –no como un fin en sí mismo, sino como un medio para apoyar opiniones suficientemente sostenidas con hechos. Nadie que haya estado presente en cualquiera de sus conferencias en vivo podría olvidarlo.No creo que haya otro académico que iguale su ocurrencia de tragar una bayoneta de acero completa al terminar un seminario para demostrar empíricamente que “lo aparentemente imposible es posible”. En esta época de posverdades y del uso muchas veces acrítico de datos no estructurados (término que prefiero al de big data) el mensaje de gapminder es más relevante que nunca.

¿Y México? Bueno, en julio de 2015 Rosling tuiteó “Cuando el Sr. Trump obtuvo su título universitario, en 1968, México estaba muy a la zaga de los Estados Unidos. Vean cómo ya casi los alcanzan en mi video reciente sobre la carrera entre estos dos países.” Vale la pena verlo. Rosling utiliza sus “dos indicadores favoritos”: la tasa global de fecundidad ajustada por fecundidad diferencial por edades (el promedio de hijos por mujer) y la esperanza de vida (el promedio de años que un recién nacido viviría si los patrones de mortalidad al momento de su nacimiento se mantuvieran constantes). Los resultados de su factpod pueden resumirse en la gráfica 1.

Gráfica 1: Trayectoria de la tasa global de fecundidad y la esperanza de vida al nacer en América del Norte, 1968-2015

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Como se ve, en estos 48 años la esperanza de vida en México creció 15 años, de 60.9 a 75.9 años; los incrementos en Canadá y Estados Unidos fueron 9.5 y 8.7 años. En cuanto al número de hijos por mujer, bajó 4.7 en México; en Canadá y Estados unidos varió menos de un hijo por mujer (0.8 y 0.5) en este periodo. La trayectoria de la tasa de cambio de esta variable aparece en la gráfica 2, que muestra el resultado de calcular con un modelo de suavizamiento spline la derivada de la tasa de fecundidad. Los tres países tuvieron un descenso acelerado que alcanzó un decremento máximo en 1977 en México y unos seis años antes en los países del norte. La gráfica indica que la fecundidad en México seguirá bajando aunque sin aceleración, mientras que sus cambios fluctúan alrededor de cero en Canadá y Estados Unidos. Como concluye Rosling en su factpod –México está ahora a un nivel muy cercano al de Canadá y Estados Unidos en fecundidad (1.7, 1.9, 2.1, de norte a sur), y la diferencia en esperanza de vida entre nosotros y Estados Unidos (3.2 años) es semejante a aquella entre ellos y Canadá (2.6 años).

Gráfica 2: Tasa de cambio de la tasa global de fecundidad en América del Norte, 1968-2015

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Nuestro país enfrenta retos y deficiencias enormes; sin embargo es innegable que ha progresado notablemente en indicadores importantes de salud pública. Esto es de sobra conocido y no es el objeto de esta breve nota analizar estos cambios demográficos; sólo quise reportarlos con el fin de difundir la obra de Hans Rosling como mínimo homenaje a un gran estadístico prematuramente desaparecido.

Mario Cortina Borja es profesor de bioestadística en University College London, y coordinador de la junta editorial de la revista Significance. Twitter: @cortina_borja

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