A casi 500 años de su muerte, ¿qué puede decirnos Nicolás Maquiavelo -el teórico, el historiador, el diplomático- sobre la política de nuestro tiempo? ¿Qué podría aconsejar a los modernos príncipes y ciudadanos? ¿Qué haría, por ejemplo, como asesor en Los Pinos o la Cancillería? A continuación, una selección de fragmentos de sus obras más celebres que nos muestra a la Historia como la consideraba el gran florentino: “maestra de nuestras acciones, sobre todo de las acciones de los príncipes”:

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Sobre la retórica de Donald Trump como candidato y presidente:

“Una de las grandes prudencias que pueden usar los hombres es abstenerse de amenazar o de injuriar a alguien con las palabras, porque lo uno y lo otro no le quitan fuerzas al enemigo, sino que la primera lo hace más cauto, y la otra le hace tener más odio contra ti y pensar con mayor industria en dañarte […] De modo que son todas armas que van en tu contra (Discursos sobre la primera década de Tito Livio, p. 294)”.

Sobre la demora en reaccionar a los insultos de Donald Trump hacia México:

“Los romanos vieron con tiempo los inconvenientes, los remediaron siempre y jamás les dejaron seguir su curso para evitar una guerra, porque sabían que una guerra no se evita, sino que se difiere en provecho ajeno (El Príncipe, p. 33)”.

“Las repúblicas irresolutas nunca toman partido bueno sino por fuerza, porque su debilidad nunca las deja decidir cuando hay alguna duda y, si esa duda no es borrada por alguna violencia que la empuja, siempre quedan postergadas (Discursos, pp. 149 y 151)”.

Sobre Donald Trump y el muro fronterizo:

“No hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo (El Príncipe, p. 160)”.

Sobre la organización de la visita de Donald Trump a México en 2016:

“De lo cual se infiere una regla general que rara vez o nunca falla: que el que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina (El Príncipe, p. 38)”.

Sobre la dificultad de enfrentarse a Donald Trump en medio de una crisis de popularidad:

“Insistiré tan sólo en que un príncipe necesita contar con la amistad del pueblo, pues de lo contrario no tiene remedio en la adversidad (El Príncipe, p. 81)”.

Sobre los problemas para articular un discurso oficial frente a Trump:

“En la ambigüedad y en la incertidumbre de lo que se quiere hacer, no se saben acomodar las palabras bien, pero una vez firme el ánimo y decidido lo que se hará, es fácil encontrar las palabras apropiadas (Discursos, p. 250)”.

Sobre los conflictos de Donald Trump con algunas ciudades y estados norteamericanos:

“Porque en verdad, el único medio seguro para dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla (El Príncipe, p. 46)”.

Sobre la forma idónea de lidiar con un adversario como Donald Trump: 

“Muchas veces vemos cómo la humildad no solamente no beneficia sino que hace daño, especialmente cuando se la usa con los hombre insolentes que, por envidia o alguna otra razón han concebido odio por ti […] y si cedes por temor, lo haces para evitarte la guerra, y las más de las veces no lo consigues, en cuanto aquél a quien concedes con abierta cobardía no se quedará tranquilo, sino que querrá quitarte otras cosas y se enardecerá más contigo, estimándote menos y, por otro lado, encontrarás más fríos a tus defensores, por parecerles más débil o más cobarde. Pero si tú, descubierto el deseo del adversario, preparas rápidamente tus fuerzas, aunque sean inferiores a las suyas, él comenzará a estimarte, y los otros príncipes en torno también te estimarán más y, si tomas las armas, desearán ayudarte cuando, si las hubieras abandonado, no te ayudarían nunca (Discursos, p. 248-49)”.

Sobre el (escaso) apoyo que la comunidad internacional ha dado a México ante las amenazas de Trump:

“Será estimado el príncipe capaz de ser amigo o enemigo franco, es decir, al que, sin temores de ninguna índole, sabe declararse abiertamente en favor de uno y en contra de otro. El abrazar un partido es siempre más conveniente que el permanecer neutral. [En un conflicto entre dos vecinos] siempre le será más fácil decidirse por una de las partes y hacer la guerra. Pues […] si no se define, será presa del vencedor, con placer y satisfacción del vencido; y no hallará compasión en aquél ni asilo en éste […] Los príncipes irresolutos, para evitar los peligros presentes, siguen las más de las veces el camino de la neutralidad, y las más de las veces fracasan (El Príncipe, 163-164)”.

“Las decisiones lentas y tardías no son menos nocivas que las ambiguas, especialmente cuando hay que decidirse a favor de algún amigo porque, con la lentitud no se ayuda a nadie, y uno se perjudica a sí mismo” (Discursos, p. 250).

Sobre la ascendencia de los consejeros o colaboradores sobre los presidentes (por ejemplo, la de Steve Bannon sobre Donald Trump):

“Un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar, a menos que se ponga bajo la tutela de un hombre muy prudente que lo guíe en todo. Y aun en este caso, duraría muy poco en el poder, pues el ministro no tardaría en despojarlo del Estado (El Príncipe, p. 175)”.

Sobre el comportamiento y los deberes de los embajadores de México en Estados Unidos:

“Y sobre todo debe un embajador ingeniarse para adquirir reputación, la cual se adquiere dando de sí ejemplos de hombre de bien, y ser considerado liberal, entero, y no avaro y doble, y no ser tenido por uno que cree una cosa y dice otra. Esto es muy importante, porque sé de algunos que por ser hombres sagaces y dobles han perdido de tal modo la confianza del príncipe que después jamás pudieron negociar con él (Epistolario, p. 254)”.

“Debéis observar la naturaleza del hombre, si se gobierna o se deja gobernar, si es avaro o liberal, si ama la guerra o la paz, si la guerra lo mueve u otra pasión suya, si los pueblos lo aman, si está más a gusto en España que en Flandes, qué hombres tiene alrededor que lo aconsejan, y a qué tienden, es decir si están por hacerlo hacer nuevas empresas o por tratar de disfrutar esta presente fortuna, cuánta autoridad tienen con él y si los muda o los mantiene firmes […] y si son corruptibles. Después es bueno además considerar los señores y los barones que están más alejados de él: qué potencia es la de ellos, si están contentos con él, y si estuvieran descontentos, cómo pueden perjudicarlo (Epistolario, p. 257)”.

Sobre las marchas, protestas y el debate en torno a la unidad nacional:

“Quienes condenan los tumultos entre los Nobles y la Plebe atacan aquellas cosas que fueron la primera causa de la libertad de Roma y consideran más los ruidos que de dichos tumultos nacían, y no los buenos efectos que ellos producían, y tampoco consideran que en toda república hay dos humores distintos, el del pueblo y el de los poderosos, y que todas las leyes a favor de la libertad nacen de su desunión (Discursos, p. 63-64)”.

“De modo que, si Roma hubiera querido eliminar las causas de los tumultos, también habría eliminado sus posibilidades de engrandecimiento […] Por lo tanto, si quieres un pueblo numeroso y armado para llegar a un gran imperio, lo haces de modo tal que nunca lo podrás manejar después a tu gusto (Discursos, p. 71)”.

Sobre la liberalización de los precios de las gasolinas y la manera de llevarla a cabo (por etapas):

“Llamaría bien empleadas a las crueldades (si a lo malo se puede llamar bueno) cuando se aplican de una sola vez por absoluta necesidad de asegurarse, y cuando no se insiste en ellas (El Príncipe, 75)”.

Sobre las medidas que buscan modular los ajustes a los precios de las gasolinas (y las reacciones que han generado):

 “Y, sobre todas las cosas, un príncipe vivirá con sus súbditos de manera tal, que ningún acontecimiento, favorable o adverso, lo haga cambiar; pues la necesidad que se presenta en los tiempos difíciles y que no se ha previsto, tú no puedes remediarla; y el bien que tú hagas ahora de nada sirve ni nadie de lo agradece, porque se considera hecho a la fuerza (El Príncipe, p. 76)”.

Sobre la selección de miembros de un gabinete:

“La primera opinión que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodean; si son capaces y fieles, podrá reputárselo por sabio, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son no podrá considerarse prudente a un príncipe que el primer error que comete lo comete en esta elección (El Príncipe, p.169)”.

“Porque los títulos no hacen ilustres a los hombres, sino que los hombres hacen ilustres a los títulos (Discursos, p. 433)”.

Sobre la inclusión de representantes de la sociedad civil en instituciones fiscalizadoras (por ejemplo, el Sistema Nacional Anticorrupción):

“Se debe colocar como guardias a quienes tienen menos ganas de abusar de una cosa.  Y sin duda, si observamos los propósitos de los nobles y de los que no son nobles, se verá en los primeros un gran deseo de dominio, y en los otros solamente deseo de no ser dominados, y en consecuencia, una mayor voluntad de vivir libres, pudiendo abusar de dicha libertad menos que los poderosos (Discursos, p. 66)”.

Sobre el método más sencillo para frenar el ascenso un adversario político popular:

“En una república no es posible oponerse a la ambición de algún ciudadano de mejor modo, menos escandaloso y más fácil, que ocupándole antes aquellos caminos por los cuales se ve que él anda para llegar al puesto que ambiciona (Discursos, p. 176)”.

Selección de César Morales Oyarvide.


Referencias:

García Jurado, Roberto (2016). “Maquiavelo y el arte de la diplomacia”. Estudios PolíticosEnero-Abril, 11-31. UNAM, México.

Maquiavelo, Nicolás (1978). El Príncipe, Editorial La Prensa, México.

Maquiavelo, Nicolás (2004). Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Losada, Argentina.

Maquiavelo, Nicolás (2013). Epistolario 1512-1527. FCE, México.

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