Foto: Aaron

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En su artículo en Reforma el lunes pasado, Jesús Silva-Herzog Márquez habla sobre el resurgimiento del populismo de derechas en Estados Unidos, y el viernes en El País Antonio Caño publicó “El nuevo conservadurismo americano“. Uno de los motores centrales de este neo-populismo es el lenguaje económico y el doble filo de la simplificación de un asunto complejo. Dos textos recientes hablan de ello: uno en la revista The New Yorker, y otro en el New York Review of Books.

Ben McGrath describe esta simplificación económica en voz de activistas de lo que se conoce como el “Tea party movement” en “The rise of the Tea Party movement“:

Burlington es la cabecera del Condado Boone, y el mitin se llevó a cabo en los jardines del Condado, en un tarde que era suficientemente fresca para inspirar a uno de los oradores, el escritor-fantasma de la biografía “Joe the Plumber”, que descalificó el calentamiento global, entre grandes aplausos. Un vendedor de Chrysler de segunda generación, cuyo lote de autos fue cerrado, se quejó de que los expertos de Wall Street y Washington educados en Harvard no sabían nada de automóviles (“¡Yo he estado en esta negocio desde 1958, y lo que se es que el público Americano no quiere autos pequeños!”). El representante en el congreso de ese distrito, Geoff Davis, sacó a relucir la propuesta de los demócratas de cap-and-trade (mercado de bonos de carbón) y la llamó “la colonización económica de los estados trabajadores que producen energía, comida, y los bienes de manufactura de la patria, para pagar los programas sociales de los grandes estados de las costas”.

Jonathan Raban en “Sarah and her tribe” explica el éxito del lenguaje simplista de la ex-candidata del partido republicano a la vicepresidencia de Estados Unidos, Sarah Palin:

En nuestro actual momento, neo-Keynesiano, la economía nunca había parecido tan desconcertante y arcana, o el dominio exclusivo de los odiados “expertos” de las “élites de la costa este”. La mayoría de la gente que conozco, y me incluyo, no pueden fácilmente entender las ecuaciones algebraicas que explícan “el multiplicador keynesiano”, que a su vez es necesario para explicar TARP y el paquete de estímulo. Al pertenecer a una tribu diferente a la de Palin, lo tomo como un tema de confianza o un asunto de fé que Paul Krugman, y sus columnas en el periódico The New York Times, es más probable que estén en lo cierto sobre ciertas cosas que por ejemplo Lou Dobbs o el Senador John Thune, pero comparto la aprensión sobre la nubosidad de lo que está sucediendo.

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