A pocos días de cumplir los primeros 100 días de su administración, Donald Trump consideró cancelar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), por medio de una orden ejecutiva. Así lo reportaron diversos medios de prestigio en la prensa norteamericana. La sola posibilidad dio fin a semanas de estabilidad y recuperación del peso mexicano, el cual mostró una vez más cuan sensible es nuestra moneda a la menor declaración, tuit, comentario, del presidente norteamericano.

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Afortunadamente, lo que parecía el inicio de otra semana de tormenta política y cambiaria, se diluyó al día siguiente, cuando Trump anunció que una decisión sobre TLCAN se posponía, a fin de evitar “shock al sistema”, y después de hablar con los presidentes de México y Canadá. En la forma en que se expresó sobre las conversaciones con los mandatarios vecinos, pretendió mostrar la magnanimidad de un estadista dialogador.

Oficialmente, fueron dichas conversaciones las que causaron el cambio de curso.

Extraoficialmente, las versiones abundaron sobre una lucha entre dos facciones dentro de la Casa Blanca, aquellos que presionaban por una salida dramática del TLCAN, en pos de una agenda cada vez más nacionalista, y aquellos que, con la fuerza de los datos, lograron convencer a Trump de no tomar una decisión precipitada, a tan sólo unos días de haber tenido que aceptar la derrota de retirar la construcción del muro del proyecto presupuestal presentado ante el Congreso.

¿Quiénes fueron los defensores del TLCAN? Según The Washington Post, Jared Kushner, el cada vez más influyente yerno del presidente; Wilbur Ross, secretario de Comercio; y Sonny Perdue, secretario de Agricultura.

En particular, Perdue habría visitado la Casa Blanca, con un mapa en mano, indicando las áreas económicas agropecuarias en EEUU que serían más afectadas por una posible cancelación del tratado; muchas de dichas áreas se encuentran en estados que votaron fuertemente a favor de Trump.

No sabemos el detalle de dicha presentación, pero no cabe duda que no le faltarían argumentos a favor. México es el primer receptor de exportaciones agropecuarias de los EEUU, en varios productos clave del sector: maíz, carne de puerco, productos lácteos, arroz; segundo destino en granos de soya y maíz. Si hay un sector donde los norteamericanos se han beneficiado del TLCAN, es el primario, como bien lo pueden atestiguar múltiples empresarios mexicanos.

Perdue no estaba defendiendo a México, sino a los trabajadores y empresas norteamericanas que se benefician del comercio con México. Le habló a Trump con el lenguaje de los números y de las estadísticas, no con el de la diplomacia.

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Se suele evaluar a una administración presidencial norteamericana usando los primeros 100 días como primera aproximación, pero para el caso de México, dicha medida es insuficiente.

El POTUS (President of the United States) no esperó a que iniciara el conteo oficial de sus días en la Casa Blanca, para ocuparse del vecino del sur.

Donald Trump arremetió contra México en diversos frentes desde principios del año. Comenzó con los carros; la inversión de Ford que se canceló en San Luis Potosí, seguido por las amenazas a otras empresas del sector que es la joya de la corona de la industria mexicana, como Toyota y BMW. Por su parte, la fabricante de aires acondicionados, Carrier, canceló una planta planeada en Monterrey, Nuevo León.

Y fue así como el 20 de enero la nueva administración norteamericana fue recibida con “temor y temblor”, en frase de Kierkegaard, el padre del existencialismo; vaya que México ha vivido ambos en los últimos meses.

Con temblor, incluso miedo, se vivieron los últimos días de enero, durante los cuales se canceló la visita del presidente Enrique Peña Nieto a la Casa Blanca; iba a ser el primer mandatario con el que el que Trump se reuniría. No importó que Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo estuvieran de avanzada en Washington negociando de buena fé. Los tuits de Trump, uno de ellos sonando a ultimátum, no dejaron otra opción que no fuera la cancelación del encuentro.

El lunes siguiente de la semana de desencuentro entre ambos países, Carlos Loret de Mola no dudó en preguntar al canciller Luis Videgaray en televisión nacional: “¿estamos en peligro?”. Por su parte, The Wall Street Journal no dudó en calificar el episodio como Trump´s Little Mexican War, en uno de sus artículos.

Al cierre de este artículo, no hay reunión programada en el horizonte.

Con temor han vivido muchos mexicanos estos casi seis meses. Se puede citar la angustia de la comunidad latina en EEUU; la ansiedad de los turistas mexicanos de ser rechazados en la frontera, o en algún aeropuerto; la frustración de los exportadores de aguacate que vieron los primeros camiones del “oro verde” del campo mexicano, rechazados en la frontera a finales de enero, por tecnicismos; la incertidumbre de los mercados y las empresas sobre que deparara la renegociación del TLCAN, etc.

Y en particular ha temblado el peso.

En enero de este año, al llegar a una cotización de 21.61 Mx/USD, Banco de México (Banxico) intervino en los mercados cambiarios inyectando más de dos mil millones dólares; funcionó, el peso se recuperó cerca de 50 centavos frente al dólar, a 21.12 Mx/USD, pero el alivio fue temporal.

Bastó un tuit de 28 palabras de Trump, amenazando a Toyota por sus planes de apertura de una planta en Baja California, para que el respiro del peso se disipara; el tipo de cambio volvió a niveles de 21.45 Mx/USD. La recuperación del peso duró escasas 48 horas, y costó el equivalente al 1.3% de las reservas del organismo dirigido por Agustín Carstens.

Irrelevante fue que la planta que el corporativo japonés piensa construir ni siquiera vaya a tener por sede el lugar mencionado en el tuit, o que la amenaza sea inconsistente, pues no se puede poner un impuesto a una compañía en particular.

El episodio mereció un indicativo titular de The Financial Times el 5 de enero, el segundo diario financiero más importante del mundo: “En la guerra por el peso, Trump 1, Banxico 0”. En momentos de (aparente) calma, en que el peso se ha recuperado ya a niveles cercanos a los 18 Mx/USD, es conveniente recordar lo volátil que nuestra moneda puede ser.

Y lo más difícil está todavía por venir, la renegociación del TLCAN.

Durante la Convención Nacional Bancaria 2017, Larry Summers, quien fuera Economista en Jefe del Banco Mundial, Secretario del Tesoro bajo la administración Clinton, y presidente de la Universidad de Harvard, indicó cuáles eran sus previsiones sobre la renegociación del TLCAN. Se encontraba frente a una audiencia en la cual hallaban en primera fila, entre otros, el director de Bancomer, Robles Miaja, y el de Santander, Marcos Martínez, éste último estrenándose como presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM).

Trump “needs to declare victory”. En un mensaje breve pero contundente, indicó a los banqueros que, cualesquiera que sean las piezas o áreas a negociar, la Casa Blanca necesitará algo que le permite declarar ante el electorado que la eligió, demostrando que ha triunfado ante el socio ventajista que se ha aprovechado de EEUU en materia comercial. Tal fue su narrativa durante la campaña, y ha seguido siendo, durante estos meses.

Y si quedaba alguna duda, llegó el acuerdo azucarero de la primera semana de junio.

EEUU había levantado restricciones al azúcar de México en 2008, conforme a los términos negociados originalmente en el TLCAN, pero los productores de azúcar norteamericanos –conocidos como Big Sugar-habían acusado a los mexicanos de dumping en 2014. Se llegó a un acuerdo que incluía precios piso y cuotas de exportación de México hacia EEUU.

Pero el acuerdo se colapsó el año pasado, y tocó a Ildefonso Guajardo sentarse a negociar un acuerdo con Wilbur Ross; las pláticas iniciaron en marzo.

Aunque con un ambiente inicialmente conciliador, el tono de la Casa Blanca se fue endureciendo; Ross amenazó con poner tarifas del 80% al azúcar mexicana, si no se llegaba a un acuerdo para la primera semana de junio, presionado por los fuertes intereses de una industria en EEUU que ha aportado fuertes cantidades de dinero al partido y campañas republicanas. El 6 de junio se anunció un acuerdo donde se reduce de 53% a 30% las exportaciones de azúcar refinada a EEUU, y se incrementa a un 70% la cuota de exportación de azúcar cruda, cuando antes era de 47%.

Exportaremos más del producto de menor valor, para vender menos del de mayor, lo cual beneficiará a los refinadores norteamericanos, quienes quedaron ansiosos aún de mayores sanciones a México.

En México, la administración presentó el acuerdo como un logro, al señalar que los productores mexicanos tendrán acceso a mejores precios de referencia de la caña. Pocos parecen compartir tal visión.

Carlos Blackaller, presidente de la Unión Nacional de Cañeros, denunció que el acuerdo beneficiaba a los productores norteamericanos. Enrique Bojorquez, presidente del principal productor de azúcar líquida de México, Sucroliq, señaló en una carta a finales de mayo que “los EEUU hacen bien en defender a sus agricultores. En México, son sacrificados”, según reporta The Financial Times.

Pero más importante aún, la forma en que Wilbur Ross comunicó la decisión al público norteamericano tuvo un indiscutible aire de victoria:

“Hemos logrado que México acepte casi todo lo demandado por la industria norteamericana……. y asegurar trato justo a los productores norteamericanos…”.

Como indicó Larry Summers, es importante que Trump pueda declarar victoria sobre un socio que supuestamente ha tratado injustamente a los EEUU.

Más allá de los mensajes mediáticos, la principal enseñanza radica en lo que demuestra sobre los intereses reales de la Casa Blanca. Mientras los analistas y economistas mandan mensajes de calma, basados en la realidad de los datos y las estadísticas, los hechos de los últimos meses muestran un insight que a muchos se les escapa.

La lógica de los números no es la de Trump, su lógica es la de la política. ¿Cuál es la diferencia? la primera es sobre la verdad, la verdad de los datos; la segunda es sobre el poder, y el poder es sobre victoria. En la primera cabe la diplomacia, en la segunda el acoso.

Por ellos los tuits, no el diálogo; el manotazo y poder de la orden ejecutiva, no la del consenso y el cabildeo; el ultimátum, y la filtración de prensa, no el encuentro entre mandatarios.

Y por ello, en la renegociación del TLCAN, Trump no buscará necesariamente el mejor acuerdo, sino aquel que le permita ganar. El problema en la lógica del poder y la victoria es que alguien tiene que ser la parte más débil, y perder.

Además, en la medida que Donald Trump coseche derrotas domésticas, como el Obamacare y la falta de fondos para el muro, y abra frentes de incierto desenlace, como Corea del Norte, la presión por una victoria contundente será mayor.

Según The New York Times, Juan Cortina, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA), señaló que en el acuerdo alcanzado a principios de junio “definitivamente cedimos mucho”.

Esperemos que dicha sentencia no se convierta en el epitafio de la renegociación del TLCAN en meses próximos, pues mientras que en el caso del azúcar se trata del futuro de un sector que genera miles de empleos, en el segundo se juega el futuro de millones.

Ante la percepción de debilidad por parte de la administración en su trato con los EEUU a principios del año, los acontecimientos recientes parecen confirmar los temores de muchos.

Gerardo R. Herrera Villanueva es analista e investigador de negocios, así como académico en la U. Iberoamericana y la U. Anáhuac. Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, MBA por la Universidad Erasmus de Rotterdam, economista por la Universidad Panamericana.

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