El 12 de julio, en la ciudad de Culiacán, Quirino Ordaz Coppel dio a conocer la marca “Calidad Puro Sinaloa”, “sello distintivo” y campaña oficial con que su gobierno busca enaltecer la imagen del estado, tan manchada desde hace años por el estigma del narcotráfico y de la violencia. Al parecer la presentación del Plan Estatal de Desarrollo (PED) —efectuada apenas a finales de junio— no le alcanzó al gobernador para convencer sobre la “estrategia integral” con que su administración pretende impulsar el crecimiento de Sinaloa. Ni el decálogo de “principios, valores y actitudes irrenunciables” que abre su plan de trabajo —sencillez y humildad, honestidad, compromiso, el cómo sí, echados pa´delante, hacer equipo, perseverancia, congruencia, integridad, pluralismo y diversidad—, ni los cinco ejes estratégicos de Desarrollo Económico, Desarrollo Humano y Social, Desarrollo Sustentable e Infraestructura, Seguridad Pública y Protección Civil, y Gobierno Eficiente y Transparente, bastaron para contrarrestar los números rojos, los frecuentes hechos de sangre, de los primeros meses de su gobierno.


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900 homicidios en lo que va del 2017 —entre estos el de cinco maestros, el del abogado Miguel Ángel Sánchez Morán, el del periodista Javier Valdez Cárdenas, el del médico Miguel Ángel Camacho Zamudio, el del joven fotógrafo Jassiel Contreras y el de más de 40 mujeres— desvelaron que pese a lo “echados pa´ delante”, el gobernador y su gabinete no encuentran “el cómo sí”. Pese a sus ganas de “hacer equipo”, las estadísticas demuestran que algunas de sus políticas públicas no están funcionando como deberían. En el caso de la seguridad –que sin duda es uno de los grandes problemas del estado—, el gobierno no ha logrado cumplir con su compromiso de “reducir los índices delictivos para brindar la tranquilidad que merecen las familias y en general la ciudadanía sinaloense”. (Ver la página 10 de su Plan estatal de desarrollo.)

De acuerdo con cifras oficiales, sólo en el primer cuatrimestre del año los homicidios se dispararon en Sinaloa en un 61.5 %; mientras de enero a abril de 2016 se registraron 330 asesinatos, durante el mismo periodo del 2017 sumaron 533, lo que arroja una diferencia de más de 200 casos de violencia homicida. Por su parte, en mayo y junio del 2017 se registraron 184 y 180 asesinatos respectivamente, contra 108 y 94 que ocurrieron durante los mismos meses en el 2016. Y aunque se presume una tendencia a la baja en los homicidios de junio del presente año, debe apuntarse que los 180 casos ocurridos este mes superaron los 174 de junio del 2011, que hasta entonces presentaba la cifra más alta de asesinatos.

>De hecho, los 900 homicidios del primer semestre del 2017 están muy cerca de alcanzar los 1,161 con que finalizó el 2016, último año del sexenio de Mario López Valdez (Malova). De continuar esta tendencia es posible que la cifra se acerque, e incluso que supere, los 1906 asesinatos que se registraron en el 2011, el peor año del malovismo. Por último, cabría agregar un dato más: mientras en 2016 se cometieron 3.16 asesinatos diarios en la entidad, durante el primer semestre de 2017 se perpetraron en promedio 5 homicidios al día.

En cuanto a la comisión de otros delitos, el robo de vehículos también sufrió un incremento de más del 60 % —68.2 % para ser exactos—, es decir, de mil 430 casos que se reportaron de enero a abril de 2016, se pasó a dos mil 405 entre enero y abril del 2017. Los feminicidios, en cambio, aumentaron un 212.5%, ya que de ocho casos se subió a 25. Por su parte, durante los meses de mayo y junio se reportaron en total 1277 robos de autos y 15 asesinatos de mujeres. En el bimestre en mención también se observó un repunte en el robo a negocio, lesiones y violaciones. A esto habría que sumarle los desplazados por la violencia (más de 700 personas han salido huyendo de la zona serrana de Concordia, San Ignacio y Badiraguato en lo que va del año) y las desapariciones forzadas que continúan como “una estadística dispersa y desarticulada”.

Así pues, rebasado por el recrudecimiento de la violencia pero asediado además por la aparición de otros problemascomo la creciente protesta de maestros, periodistas y trabajadores del sector salud y el malestar generalizado de la ciudadanía por la falta de voluntad de su gobierno para juzgar los delitos de corrupción del malovismo—, Quirino Ordaz Coppel presentó su marca con el respaldo de un grupo de sinaloenses “destacados” e “ilustres”. Preocupados más por el tema de las percepcioneses decir por la manera cómo se ve, se aprecia y se imagina a Sinaloa fuera y dentro de sus límites geográficos— que por resolver los problemas, el gobernador y sus colaboradores prefirieron recurrir a la estrategia frívola y de relumbrón, al discurso fácil y regionalista, que insiste en la grandeza del estado y en el orgullo de ser sinaloense. “Este es un estado destacado, ya quisieran muchos tener lo que somos y hemos sido en Sinaloa”, señala Ordaz. A su vez, el “himno oficial” de la campaña, interpretado por la banda El Recodo, enaltece las bondades de “esta tierra bendita” y grita con fervor “Yo soy puro Sinaloa, orgulloso estoy de serlo”.

De acuerdo con lo anterior, puede decirse que “Calidad Puro Sinaloa” no es sólo una marca o una estrategia publicitaria con la que se pretende mostrar otro rostro de la entidad ante México y el mundo. Busca ser una política que, mediante la exaltación del sentimiento de amor a la “patria chica”, quiere instaurar el olvido. Que quiere convencer de que todo está bien en Sinaloa: que se “está trabajando”, que “se está haciendo un esfuerzo”, que “la estabilidad es sólida”. En suma, es una medida con la que el gobierno de Quirino Ordaz Coppel se propone asegurar y construir un clima positivo de percepción en Sinaloa. Basta observar las escenas del evento para advertir que en la presentación de “Calidad Puro Sinaloa”, como en la historia de Las reputaciones de Juan Gabriel Vásquez, hay demasiadas personas “trabajando con tesón para que se olvid[en] ciertas cosas —pequeños o grandes crímenes o desfalcos o tortuosas mentiras—”.

Liliana Plascencia es candidata a Doctora en Historia por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Profesora en la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

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