How to become clairvoyant
That´s what I want to know
Just tell me where to sign
And point me where to go

(Robbie Robertson, How to Become Clairvoyant, 2011)

1.

El año pasado y hasta el primer mes del 2017 tuve la oportunidad de realizar una estancia sabática en la Universidad Autónoma de Barcelona. Durante ese tiempo, pude constatar la endiablada complejidad política del tema de la independencia que reclaman no pocos ciudadanos, partidos y organizaciones de Cataluña, un reclamo que se nutre con diversa intensidad de relatos históricos, mitos fundacionales, afrentas políticas, delirios nacionalistas, identidades culturales, y diversos paquetes de razones políticas y económicas.  Todo depende a quien se le pregunte, en qué momento y bajo qué circunstancias. Partida por la mitad, la sociedad catalana -de Barcelona a Girona, de Tarragona o Sitges a Badalona, en el barrio del Born, del Gótico o en el del Raval-, asiste y participa en el procés protagonizado por el Govern catalán, la alcaldía de Barcelona, y el gobierno nacional español. 

1

El espectáculo político tiene y tendrá implicaciones serias, sea cual sea su desenlace después del referéndum convocado para este próximo 1 de octubre. Fraguado a fuego lento desde hace años, el reclamo independentista admite múltiples lecturas. No sólo es una conjura radicalista, impulsada por una constelación de organizaciones ultras encabezadas por la CUP (Candidatura d´Unitat Popular), que lo es; no sólo es el fruto de la torpeza política, la indolencia o la intolerancia mostrada por el Gobierno español, en particular por el oficialismo del Partido Popular encabezado por Rajoy, que también lo es; tampoco es el resultado (malo) de la incapacidad de la izquierda socialista española tradicional (PSOE), o de la ambigua orientación populista que domina a Podemos, por buscar una salida negociada a las tensiones entre Barcelona y Madrid, que también lo es.  Estas lecturas están hoy en el centro de la lucha por la legitimidad del reclamo independentista catalán, y son ejercicios que simbolizan e imprimen significado a la tensión política de la cuestión catalana contemporánea.   

2. 

Algunas de las imágenes más potentes del conflicto son visibles, están pegadas en las fachadas de muchos de los pisos de las calles y avenidas barcelonesas. Las banderas catalanas (esteladas) cuelgan de los balcones de las avingudas, las travesseras y carrers de la ciudad. También se pueden observar en los partidos del Barsa en el Camp Nou, o en cualquier concierto de música electrónica celebrado en algún foro de las playas del mediterráneo de la Barceloneta. Con frecuencia, se observan también frases como “libertad”, “dignidad”, “felicidad”, “justicia”. En comparación, las expresiones unionistas, españolistas, son escasas, aunque las hay. Las movilizaciones independentistas son multitudinarias, mientras que las unionistas son muy pocas. El clima de la época parece abrumadoramente dominado por las utopías nacionalistas e independentistas que impulsa el Govern y sus aliados, que hablan con entusiasmo y convicción de la formación de una “nación de países catalanes” (que incluyen, por ejemplo al Principado de Andorra, en donde también se habla catalán).   

Pero la vida catalana, como todas, está hecha de rutinas y prácticas habitualmente ajenas o alejadas de las pasiones y los intereses de la lucha entre los protagonistas políticos del pleito. La cotidianidad no es gobernada por la dicotomía independencia/unión, entre la identidad entre Catalunya o España. En los mercados, en las escuelas y en las universidades, la vida fluye con los asuntos prácticos, que tiene que ver con una intensa fusión entre lo regional y lo nacional. El pan con tomate se come con jamón ibérico, lo mismo que los jóvenes y niños catalanes pasan con fluidez asombrosa de su lengua materna al español (castellano), todos los días en los espacios públicos y privados, en el metro, la escuela, en el futbol, en las calles. La vida cultural y el comercio se funden en las conversaciones cotidianas, en las terrazas de Las Ramblas, las celebraciones de día de Sant Jordi o de la Diada (el día nacional catalán), coexisten con celebraciones religiosas que rápidamente se han vuelto laicas, como en muchas otras partes del mundo. 

La intensa migración de los últimos años ha llenado barrios enteros de Barcelona y de sus alrededores de familias extensas y bulliciosas de paquistaníes, marroquíes, hindúes, senegaleses, ecuatorianos, coreanos, chinos, argentinos o dominicanos. Y es sorprendente la probada capacidad de inclusión de la sociedad catalana de grupos de orígenes culturales y sociales tan diversos, que se combina con la elástica capacidad de adaptación de estos grupos al contexto local. 

Si uno pasa por Poble Sec (el barrio donde nació Serrat), la sensación de estar en un micro-mundo alejado de las pasiones independentistas/españolistas es muy clara. El célebre Teatro Apolo, o  el de El Molino, separados solamente por la avenida Parel-lel del barrio de El Raval, significan para el forastero un espacio urbano de convivencia que nada o poco tiene que ver con el clima político de la época. El termómetro de las pasiones  y de los intereses depende en buena medida del territorio, de  las poblaciones, de los barrios. Lo intuían Marx y Engels, lo decía Norbert Elias, lo describía Manuel Vázquez Montalbán (nacido justamente en El Raval), lo cantaba el propio Serrat recorriendo las calles empinadas que conducen al Montjuic.    

3. 

La épica independentista se funda en una retórica incendiaria, apasionada, que es, o pretende ser, a la vez ética, cultural,  moral y política. Detrás de ellos coexisten una constelación de discursos específicos, que van del anarquismo antisistema al nacionalismo, del populismo al antineoliberalismo, de la crítica a la democracia representativa a las virtudes del asambleísmo. Eso se expresa en una multitud de agrupaciones políticas muy extrañas, que configuran un mapa político muy difícil de descifrar para un forastero.  Junts pel Sí, CUP, Catalunya Si que es Pot, PDeCAT, ERC, Podem Catalunya (que se ha transformado en Catalunya en Comú), conforman algunas de las organizaciones que habitan el barroco panorama político catalán de la coyuntura. Ahí se anidan historia viejas y nuevas, narrativas encontradas, grupos y grupúsculos que se han unido por la cerrazón del partido popular, por  la incapacidad de la izquierda socialista, por el espíritu de la época, por las creencias, por la experiencia, por la desesperación, el temor, por las ganas de creer en algo, impulsados por las ansiedades de la negociación o por las pasiones de la ruptura.

Las claves de entendimiento del desafío independentista combinan historia, política y sociología. Sus raíces penetran en el pasado monárquico y franquista, y contienen episodios de resistencia, de rebeldía y de fracasos políticos y culturales tanto de Catalunya como de España. La configuración de corrientes y expresiones políticas obedecen a una lógica de negociación y autonomía entre partidos locales, regionales y nacionales, que se ha resuelto con el reconocimiento del estatuto autonómico incluido en la constitución española de 1978, pero que se refleja  en la construcción de equilibrios inestables entre Madrid y Barcelona desde la era previa y posterior a los Juegos Olímpicos  de 1992, que se suele considerar un momento significativo en la historia de las relaciones entre Catalunya y España. Sin embargo, para no pocos analistas españoles y catalanes, el punto clave es situar el problema como autonomía o como independencia. Pero el hecho es que las circunstancias y los acontecimientos derrotaron poco a poco el tema autonómico para colocarlo como un tema independentista, y los grupos moderados parecen haber sido derrotados por los grupos radicales de ambos bandos. 

4.

En medio de la anárquica invasión turística que ha desbordado desde hace años la vida en la ciudad, los debates políticos sobre el independentismo catalán han llenado el espacio público (medios y redes sociales, espacios televisivos) de posiciones encontradas. Una creciente intolerancia se ha expandido entre analistas y liderazgos locales, entre académicos serios y políticos profesionales. Más allá de las fronteras de Catalunya, la intensidad de ese debate solo se mantiene quizás en Madrid, donde se suele mirar el conflicto como una amenaza más que como una oportunidad de transformación y modernización del formato democrático español. El dilema democracia o dictadura se ha instalado en el imaginario y los relatos políticos de ciertos protagonistas y analistas del pleito. El acto del terrorismo yihadista del verano pasado en Las Ramblas solo añadió mayor complejidad al clima político local y europeo. En esas condiciones, las soluciones posibles –es decir, negociadas- se han hecho terriblemente más complejas. 

Añadir sangre y víctimas mortales al momento catalán solo confirmó el hecho de que el terror puede aparecer en cualquier lugar y circunstancias, pero las reacciones políticas de la coyuntura indicaron un evento inesperado, una especie de milagro político: la  imagen de unión del President Puigdemont, la alcaldesa Ada Colau, el Rey Felipe y al Presidente Rajoy, parecía un rasgo de prudencia y optimismo frente a la tragedia del verano catalán, y la posible negociación de la agenda independentista. Pero muy pronto ese rasgo se disipó cuando el Parlament aprobó y confirmó la decisión de que el próximo 1 de octubre se celebrará el referéndum independentista, a lo que el gobierno de Rajoy respondió con una nueva acusación de ilegalidad del acto solicitando la intervención del Tribunal Constitucional.    

5.

El 1 de octubre se ha convertido por efecto de la retórica, las decisiones y los hechos en una fecha fatal para el presente y el futuro del proceso independentista. El largo pleito político y judicial que por lo menos desde 2015 acompaña con especial intensidad el fenómeno tendrá su momento crítico y definirá el futuro de las relaciones entre Cataluña y de España.  Hay por lo menos tres escenarios probables. El primero, la celebración del referéndum sin la aprobación del Tribunal Constitucional y el gobierno español. El segundo, la decisión del Parlament de suspender, cancelar o aplazar la consulta, debido a las presiones judiciales y/o políticas, dentro y fuera de Catalunya. El tercero es la intervención policiaca del gobierno nacional para impedir a toda costa la celebración del acto, apoyada muy probablemente por la resolución de las máximas instancias judiciales españolas. Hoy, como canta Robertson, solo un acto de clarividencia sería capaz de leer correctamente las señales y puntos de referencia del drama catalán. 

En cualquiera de estos escenarios, o de sus probables combinaciones e implicaciones, alguien o algunos perderán en el juego.  Sin embargo, en los tiempos en que los plebiscitos y referéndums parecen ejercicios cargados por el diablo, los resultados pueden ser desagradables y política, institucional, y socialmente costosos para todos los participantes. Para Catalunya y España, y en especial para las elites políticas que hoy rigen sus destinos y construyen sus pleitos, las palabras pronunciadas en los años ochenta por el  politólogo español Juan Linz de que España había sido capaz de crear, desde las entrañas mismas del franquismo y luego con la democracia, un Estado pero no una Nación, volverán a sonar como campanadas a la medianoche.  

Adrián Acosta Silva es sociólogo. Profesor-investigador en el Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo, Universidad de Guadalajara.

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