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1. El presidente Calderón se ha lamentado de que “los mexicanos juzgamos a nuestro país con la mayor severidad que podemos, incluso por encima de la severidad respecto de otros temas.”[1] En más de una ocasión ha dicho que “Hablar mal del país para muchos es un esfuerzo cotidiano”.[2] Según él, esto “no se vale”, hay que “hablar bien de México”.

La primera dama Margarita Zavala ha insistido en lo mismo: “Tenemos que aprender a hablar bien de México, a no mirarlo con desprecio”. [3]

Por lo visto, la pareja presidencial ha decidido emprender una campaña intensa y decidida para conminar a los ciudadanos a que hablen bien de México.

2. ¿Qué quiere decir hablar bien de México?

El presidente es muy claro: quiere decir que los ciudadanos no hablen sobre el país violento, pobre y corrupto en el que vivimos ni sobre la incapacidad del gobierno para resolver esos problemas. Hablar bien de México quiere decir entonces, callarnos sobre los muertos cotidianos, los asaltos y robos, el miedo, y aceptar sin cuestionar aseveraciones gubernamentales como las siguientes: “Hemos avanzado en la recuperación de espacios que estaban en manos de la delincuencia organizada”[4]; “Hemos mejorado las condiciones de seguridad de los mexicanos y de sus familias”[5]; “Estamos combatiendo eficazmente a la pobreza y la marginación” [6]; “Somos uno de los países en el mundo que menor impacto tuvieron a consecuencia de los precios de los alimentos en su canasta básica y en la inflación”[7] y otras por el estilo.

En resumidas cuentas, hablar bien de México quiere decir aceptar la afirmación gubernamental de que “vamos por el camino correcto”.[8]

A este tipo de discursos el presidente los considera “información objetiva y veraz.”[9]

3. Ahora bien: ¿por qué si los discursos oficiales son objetivos y veraces como dice el presidente, los ciudadanos no creemos en ellos?

Según el mandatario, esto se debe a que “Hay quienes se empeñan en proclamar que hay un enorme caos y enorme inseguridad”[10] y según la señora Zavala, ello se debe a que: “Hay quienes están interesados en achacarnos responsabilidades que no son del todo nuestras” y “Hay a quienes les gusta hablar de que México es un país violento”.[11]

Es decir, que de acuerdo al discurso presidencial, no es que México sea un país violento e inseguro sino que hay algunos a quienes les gusta decir que lo es; no es que los ciudadanos nos demos cuenta de que así son las cosas sino que nos hemos creído lo que dicen los empeñados en envenenarnos; no es que el gobierno no pueda resolver los problemas, sino que hay personas interesadas en achacarle responsabilidades que no son suyas.

4. Y ¿quiénes son esos seres malvados?

Son aquellos que “viven de señalar que nada sirve” ha dicho la señora Zavala de Calderón,[12] refiriéndose a quienes hacen cualquier crítica o señalamiento al gobierno.

Esto hace eco a gobernantes anteriores que llamaban a los críticos “malosos”, “agoreros de infortunios”, “acarreados que se benefician de una industria de la reclamación”, “catastrofistas que pretenden atemorizar a los mexicanos y sembrar el terror.”

Pero a diferencia de Zedillo y Fox que se enojaban o se hacían como que no oían ni veían ni leían a los críticos [13], el presidente Calderón ha preferido tomar el toro por los cuernos y dirigirse a los críticos (y de una vez a todos los ciudadanos) para pedirles “hablar bien de México.”

5. ¿Cómo se le ocurrió al mandatario una estrategia tan diferente de la de sus antecesores?

La idea le nació al leer o escuchar a algunos intelectuales: por ejemplo, los que han llegado a la conclusión de que la violencia real es menor a la violencia que perciben los ciudadanos, a la que propagan los medios y a la que afirman los especialistas [14]; o los que sostienen que la estrategia presidencial de lucha contra el narco es la correcta [15]; o los que han decidido que en este tiempo de festejos de bicentenario y centenario ya es hora de terminar con la costumbre de ver al país solamente en sus momentos violentos y hora de empezar a verlo en lo que se hace en épocas de paz, cambiando el acento en la destrucción por uno sobre la construcción [16]; o los que han dado en afirmar que al presidente lo que le interesa es la defensa de las instituciones [17], argumento con el que se pretende contrarrestar el sino fatal de que el año 2010 verá otra vez un levantamiento social.

6. Así pues, los argumentos que utiliza el presidente para justificar su insistencia en “hablar bien de México” son: en primerísimo lugar, el supuesto éxito de la guerra contra el narco y de las acciones contra la inseguridad y la violencia; y en segundo lugar, el de su respeto a la ley y las instituciones lo cual se expresa en las propuestas de reformas política, energética, etc. que derivarán, nos dicen, en mejoría social –menos pobreza, más empleo-.

Sin embargo, si algún ciudadano duda de esto y lo dice en voz alta, eso significa que está hablando mal de México.

Entonces resulta que hablar bien de México significa no criticar al gobierno. Y al revés, que criticar lo que hacen, dejan de hacer o cómo lo hacen en el gobierno es lo mismo que hablar mal de México.

Dicho de otro modo, que según el presidente Calderón:

  • hablar de la realidad (por ejemplo, la de la violencia en que vivimos) es lo mismo que hablar mal de México,
  • críticar la incapacidad del gobierno para resolver ciertos problemas (por ejemplo, la manera de llevar a cabo la guerra contra el narcotráfico y la inseguridad o de manejar la crisis económica) es lo mismo que hablar mal de México,

En conclusión: hablar de la realidad es hablar mal de México y hablar del gobierno es lo mismo que hablar del país.

7. La confusión entre gobierno y país es lo que le permite afirmar al mandatario que las políticas emprendidas por su gobierno son “temas y asuntos de interés nacional”, y más todavía, le permite reclamar “la convergencia de voluntades y el apoyo de todos”[18] y también insistir en que “no es el momento de discordias”[19].

Por supuesto, para ningún gobernante hay nunca un momento en que se valga la expresión de las diferencias y la oposición, todos prefieren el acuerdo y la unanimidad. Calderón apela a la unidad nacional en aras de lo que llama “el interés superior de la nación” [20]: “Todos los actores políticos y sociales están llamados a anteponer el interés superior de la nación al interés particular, por legítimo que sea” [21], es decir, no solamente exige a todo mundo estar de acuerdo con lo que hace su gobierno sino que además autoriza a justificar lo que sea en aras de ese supuesto interés superior.

8. La argumentación del mandatario no se detiene allí. Sigue: “Yo nunca he escuchado a un brasileño hablar mal de Brasil y sí he escuchado a muchos mexicanos hablar mal de México en el mundo”.[22]

Dejando de lado que para el presidente el mundo se reduce a “lo que yo he escuchado”, lo cual necesariamente tiene que ser muy poco, porque ni él (ni nadie) puede haber escuchado a todos los brasileños y suponiendo que fuera cierto que ningún brasileño habla mal de Brasil, o mejor dicho, del gobierno de ese país, habría que preguntarse si ello es así:

  • porque alguien convocó a la unidad nacional y pidió a todos los ciudadanos hablar bien en aras de un interés superior de la nación y todos le obedecieron, o
  • porque los brasileños consideren que el gobierno de su país está haciéndola bien y están más satisfechos que los mexicanos con su gobierno, o
  • porque hay algún tipo de censura que impide que las personas puedan decir algo que no sea “hablar bien” o algún tipo de censura que impide que otras personas puedan enterarse de ello.

9. Pero dado que en México no hay (todavía) esa censura, porque la libertad de expresión se ha ganado a pulso desde hace un buen cuarto de siglo, entonces ¿cuál es el método que nos proponen para conseguir el objetivo?

Cuando era procurador, Eduardo Medina Mora hizo la siguiente propuesta: “Acotar la difusión de actos violentos”.[23]

Por su parte la señora Margarita, propone “desaprender lo que aprendimos y aprender a hablar bien de México.” [24]

Lo primero es imposible e indeseable, pues no es tapando o engañando como se resuelven los problemas. Lo segundo parte de una premisa falsa, según la cual los mexicanos aprendimos algo completamente distinto a lo que realmente aprendimos. Porque ha sido exactamente al revés: fuimos educados en la idea de que no se debía criticar jamás porque eso se pagaba caro, a veces hasta con la vida. De modo que lo que tuvimos que aprender ha sido lo contrario: a atrevernos a criticar. Y ese ha sido el gran salto de los últimos años, un logro enorme.

10. Pero el presidente no solamente le pidió a los mexicanos que hablaran bien de México, sino que le ordenó a los funcionarios y a los representantes diplomáticos que lo hagan: “Hablar bien de México es algo que yo les agradezco y se los pido y se los instruyo”. [25]

No es la primera vez que lo hace. En 2009, unas semanas antes de la reunión de Davos en Suiza, la Secretaría de Relaciones Exteriores instruyó a los embajadores y cónsules a ocuparse de “detener las campañas bastardas de desprestigio” y de “promoción negativa” del país. [26]

De modo pues, que el presidente obliga a los miembros de su gabinete y del servicio exterior a que no digan lo que sucede sino a dorar la píldora. ¡Con razón tantos dislates y disparates que escuchamos! Ahora se explica aquello de que para nosotros la crisis sería un catarrito y de que está a la vuelta de la esquina el triunfo contra el narco y de que se avanza en la lucha contra la pobreza y todos los discursos similares y conexos que escuchamos en esta República mexicana y que también dicen fuera de ella.

Porque al presidente lo que más le preocupa es lo que se dice en el exterior. Seguramente supone que si no se dice, los extranjeros no se van a enterar de la realidad que se vive en el país y entonces querrán invertir y venir de paseo.

11. La solicitud presidencial está a tono con algo típico de la posmodernidad: la positividad. [27] Está de moda no mirar lo “feo” y solo mirar lo “bonito”. Y es más: se supone que si no se dice lo feo esto no existe. Y al revés, si se lo dice, se lo invoca.

En una carta al publicista Carlos Alazraki, un televidente le reclamó “que todos tus invitados se la pasen hablando del México jodido.” Dice: “Todo lo que sale de nuestra boca o de nuestra pluma es un acto de creación, si hablamos de las jodidez de México, es algo que estamos creando y si esto lo mencionas en un programa de televisión, es algo que estás trasmitiendo a miles o a millones de personas en todo el país.” Y le sugiere “hablar de cómo crear la riqueza en México” y que “Ya no hagas preguntas que sólo estimulan el pesimismo. Mejor haz preguntas que estimulen el optimismo”. [28]

Algo parecido me escribió un lector: “Existen dos tipos de mexicanos. Los que se la pasan criticando y los que construyen. Criticones empedernidos, que desorientan; que su universo cultural sólo da para echarle lodo al gobierno. Que les haga provecho.Yo pertenezco a los mexicanos que construyen, mexicanos anónimos que edificamos, construimos, emprendemos.” [29]

Lo que dicen estas personas, forma parte de una tendencia a culpar de los males del país a quienes hablan de ellos, como si las palabras no recogieran la realidad sino que la crearan.

12. Pero sobre todo, la solicitud presidencial está a tono con la cultura política mexicana. Si algo ha aprendido en estos años Felipe Calderón es precisamente su código. Ello se nota no solamente en el cambio de su actitud corporal –se ve mucho más seguro de sí mismo que hace dos años- sino en el hecho de que su discurso ha incorporado algunas de sus lecciones fundamentales. La primera, que se puede decir lo que sea, cualquier cosa, tenga o no sentido, tenga o no lógica, tenga o no piso en la realidad. Esto es así porque en la cultura política mexicana la realidad no es aquello que existe independientemente de quien lo mira o escucha, “una cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independiente de nuestra volición” según afirman Berger y Luckmann,[30] sino una creación discursiva a la que por lo tanto se puede llevar por donde más convenga o interese.

La segunda, que no hay nada más efectivo que apelar al amor por la patria. Esto lo han hecho todos los gobernantes (y todos los opositores) en la historia y lo está haciendo Felipe Calderón cuando sustenta su petición de hablar bien de México en el “interés superior de la nación” y en la afirmación de que “la patria es primero”.[31]

El discurso patriótico forma parte de nuestra educación escolar y de nuestros sentimientos. Aprendemos a amar a México con una retórica declamatoria que habla de la patria diamantina, del México lindo y querido, del territorio como cuerno de la abundancia y de la capital como la región más transparente del aire. Generaciones enteras han memorizado y repetido con la voz impostada y la lágrima en el ojo, el célebre Credo de Ricardo López Méndez: “México, creo en ti” que habla de “la plegaria que yo aprendí para llamarte Patria”. [32] Es pues, un discurso que nunca tiene pierde y por eso los poderosos, cuando ya no tienen otra salida, siempre acuden a él.

13. Hablar bien de México es lo que se propuso una joven cantante de nombre Jannette Chao y un fotógrafo amigo suyo llamado Pepe Jiménez, quienes se lanzaron a recorrer el país para crear un documental que se llamaría X México en el cual “decidimos hacer algo más que quejarnos por el país en el que vivimos (y) lanzarnos a hacer un proyecto artístico con la finalidad de brindar esperanza y certeza a la sociedad mexicana.” Por eso incluso el documental se acompañaría de una canción llamada “Paz para tu Corazón”.

Pero sucedió que apenas iniciado su recorrido, cuando llegaron a Tijuana, se toparon con el México real: “Nos robaron todo absolutamente. Nos quedamos sólo con la ropa que llevábamos puesta. Fue un shock tremendo.”.

Y agrega la mujer: “Lo que más me dolía, mucho más que las cosas materiales, era decirle a la gente que tenía razón en sentirse como se siente respecto a su país”.[33]

14. La pregunta es: ¿por qué a pesar de lo que diariamente vemos, vivimos, leemos y oímos se considera que debemos pensar y decir que México es otra cosa?

Lo que el presidente no parece querer aceptar es que la razón por la cual los ciudadanos somos críticos del gobierno es porque nuestra vivencia cotidiana nos dice algo completamente opuesto a los discursos oficiales. No se trata de una percepción equivocada de la realidad que se puede corregir a golpe de palabras y cifras o de instrucciones a funcionarios y diplomáticos, sino de nuestra realidad misma, la que vivimos en la piel, en el cuerpo nuestro y el de los nuestros.

Por eso hoy le reclamamos lo mismo que hace casi un siglo le reclamaban a Madero. Si a éste le objetaron que “ni sufragio ni tierras, puro patrioterismo”[34], hoy le podemos decir a Calderón: “ni seguridad ni empleo, puro discurso”.

Y de hecho se lo dijeron en Angangueo: no queremos un pueblo mágico sino uno que tenga fábricas donde trabajar.[35]

Y se lo dicen los estudiosos: desde los que afirman que la disminución de cifras del delito no se debe a una mayor seguridad sino a que hay menos denuncias “porque no hay confianza en que denunciar sirva de algo”,[36] hasta los que aseguran que la estrategia contra el narco es equivocada.[37]

15. Pero aún si efectivamente hubiera menos secuestros o asaltos y si efectivamente hubiera avances en la lucha contra el narco, lo significativo no es si son mil en lugar de mil quinientos los muertos, sino el hecho de que la sociedad vive aterrorizada por la violencia y la inseguridad, por la real y por la imaginada y por la percibida y por la supuesta y eso es algo que el gobierno no puede pasar por alto ni resolver pidiendo que no se hable de ello.

Lo mismo sucede con la concepción que se tiene de México en el exterior: no importa lo que digan o lo que callen los diplomáticos mexicanos, fuera “hay la percepción de que todo el país está en una espiral imparable de violencia y de que el gobierno es incapaz de controlar su territorio.” [38]

16. Platón decía que “el gobierno está autorizado para utilizar aquellas mentiras que considere convenientes por encima de la verdad.” Pero para el jurista Hans Kelsen “no hay ningún motivo que nos impida colocar la verdad por encima y rechazar la propaganda del gobierno por estar fundada en la mentira.” [39]

Así que, pensándolo bien, el presidente Calderón no debería lamentar lo que dicen los ciudadanos, más bien al contrario, somos los ciudadanos los que debemos lamentarnos de que el presidente quiera tapar la realidad con puras palabras y pretender que ella es otra solo por sus discursos.

Los mexicanos no hablamos mal de México sino de lo que está sucediendo en México por las acciones y omisiones de sus gobiernos.

Sara Sefchovich. Autora del libro País de Mentiras.


[1] Discurso del presidente Felipe Calderón en la reunión anual con embajadores y cónsules, Residencia Oficial de los Pinos, 8 enero 2010, Página de la Presidencia de la Republica, online.
[2] Felipe Caldeón en El país, 21 agosto 2009.
[3] Margarita Zavala de Calderón, Congreso Internacional de Innovación Educativa 2010, La jornada, 9 febrero 2010.
[4] Francisco Ramírez Acuña, secretario de gobernación, en el seminario Seguridad en Democracia Ciudad de México, septiembre 2007.
[5] Francisco Ramírez Acuña al inaugurar la 19 Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, La Jornada, Mexico, 21 septiembre 2007.
[6] La Jornada, 19 junio 2007.
[7] Alberto Cárdenas Jiménez, secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, La Jornada, 21 abril 2008.
[8] Felipe Calderón en la citada reunión con embajadores y consules.
[9] Francisco Ramírez Acuña en la citada inauguración de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia.
[10] Felipe Calderón, declaraciones citadas a El país.
[11] Margarita Zavala de Calderón en el citado Congreso de Innovación Educativa.
[12] Idem.
[13] Fernando Escalante Gonzalbo, “Homicidios 1990-2007”, Nexos, septiembre 2009.,
[14] El Universal, 20 diciembre 2001.Sara Sefchovich “Nueva estrategia:¡Ignóralos!
[15] Joaquín Villalobos, “Doce mitos de la guerra contra el narco”, Nexos, enero 2010.
[16] Enrique Krauze, participación en Discutamos México, Conaculta-Canal 11 de televisión, 25 febrero 2010.
[17] María Amparo Casar, “Comparar e Imitar”, Reforma, 26 enero 2010 y Debates y argucias, Reforma, 9 febrero 2010.
[18] Felipe Calderón en la citada reunión con embajadores y cónsules.
[19] Felipe Calderón al Consejo Coordinador Empresarial, noviembre 2009.
[20] Felipe Calderón en la citada reunión con embajadores y consules.
[21] Felipe Calderón, declaraciones en Cholula, Puebla, 16 febrero 2010.
[22] Felipe Calderón en la citada reunión con embajadores y consules.
[23] Excelsior, 12 febrero 2009; La jornada, 3 marzo 2009.
[24] Margarita Zavala de Calderón en el citado Congreso de Innovación Educativa.
[25] Felipe Calderón en la citada reunión con embajadores y cónsules.
[26] Sara Sefchovich, “El peso de la palabra”, EL Universal, 15 marzo 2009.
[27] Barbara Ehreneirch, Bright sided, New York, Metropolitan books, 2009.
[28] Ernesto Partida citado en Sara Sefchovich, “La palabra y el país”, El Universal, 30 agosto 2009.
[29] Mario Hernández, correo electrónico a Sara Sefchovich, 23 noviembre 2008
[30].Peter L. Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1968, p. 13.
[31] Felipe Calderón, declaraciones citadas en Cholula, Puebla.
[32] Ricardo López Méndez, Credo, online
[33] Reforma, 28 octubre 2009.
[34] El Mañana, 1 julio 1912, citado por Ricardo Pérez Montfort, “Francisco I. Madero 1908-1913. sAproximaciones a partir de la historia política con algunas aportaciones de cultura popular” en Cotidianidades, Imaginarios y Contextos: Ensayos de historia y cultura en México 1850-1950″, México, Ciesas-La casa Chata, 2008, p. 148.
[35] Se lo dijeron al presidente Calderón en su visita a Michoacán el pasado 15 de febrero, La Jornada, 16 febrero 2009
[36] “El costo de la inseguridad en México”, Instituto Ciudadano de estudios sobre la inseguridad, Cuaderno número 5, Reforma, 6 febrero 2010.
[37] Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, El narco: la guerra fallida, México, Punto de lectura, 2009.
[38] Luigi Mazzitelli, representante regional de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el delito, El Mañana, 14 febrero 2010, Online.
[49] Platón y Kelsen en Hans Kelsen, ¿Qué es la justicia?, México, Fontamara, 1994, p 25.

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