La historia política del Partido de la Revolución Democrática (PRD) está ligada, inexorablemente, a los momentos de crisis. Nació como consecuencia de una crisis en la élite en el poder: los herederos del nacionalismo revolucionario frente al grupo tecnócrata. El cisma en el partido gobernante se presentó en una coyuntura definitoria de la izquierda mexicana, la cual se debatía entre mantener la estrategia de continuar la senda de la participación electoral o arrojarse a la marginalidad y ostracismo político. Así, ante la falta de legitimidad del régimen político mexicano provocada por la irrupción del Frente Democrático Nacional (FDN) en las elecciones presidenciales de 1988, nació el PRD hace casi 28 años.

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agosto 27, 2015

El ABC de la elección nacional perredista

La renovación de la dirigencia del PRD va más allá del cargo que deja Carlos Navarrete. El partido de izquierda más importante del país está en un momento de renovación que marcará su rumbo frente a la otra izquierda –la de Morena-, la derecha y el partido en el gobierno federal.

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enero 13, 2014

La izquierda en su laberinto

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Los partidos políticos de izquierda pasan por uno de los peores periodos de su historia reciente. 2013 les dejó secuelas terribles y, en medio de este negro panorama, comienzan el año inmediatamente previo al de las elecciones intermedias. A esto habría que sumar nuevas amenazas de fragmentación que se observan en el horizonte, específicamente la inminente creación de MORENA. La izquierda está derrotada, golpeada, descoyuntada, y en un laberinto: confundida, desnortada, obligada a decidir hacia dónde ir.

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El uso de analogías médicas es una práctica recurrente en el mundo del urbanismo. Caracterizar un edificio como foco de infección sirve frecuentemente para justificar su demolición, y afirmar que un barrio está enfermo permite poner en la mesa el desplazamiento de sus vecinos. Si un problema urbano es catalogado como una “enfermedad”, es porque pronto alguien propondrá un “tratamiento”.

Quizá la popularidad de estas analogías tiene que ver con que los especialistas sienten un llamado natural a diagnosticar. Finalmente, lo que tradicionalmente venden es conocimiento técnico para resolver problemas prácticos. Alguien llega al despacho del especialista con una vena tapada o con una calle congestionada, y lo que busca es una solución, muchas veces de manera urgente. El paciente, ya sea un ser humano o una ciudad, tiende a confiar en el especialista. Literalmente, se pone en sus manos.

El problema radica en que quienes abusan de estas analogías olvidan que la medicina y el urbanismo tienen tanto de ciencia como de arte. Las señales que comunica el paciente son complejas y frecuentemente contradictorias, y los tratamientos disponibles nunca están exentos de efectos secundarios que pueden valorarse de manera distinta por los involucrados. Por ello, cuando un urbanista recomienda una “indispensable intervención quirúrgica”, es buena práctica hacer preguntas y buscar una segunda opinión.

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