El gesto de Benito Nacif, consejero del INE, de recurrir la legalidad y la constitucionalidad de una serie de acuerdos que tomó la Junta Ejecutiva General de este organismo se traduce en términos prácticos en impugnar la reducción del 10% de su salario. Esto lo hizo Nacif mediante una carta dirigida al presidente del Instituto; esta misiva ya es del dominio público. Esta actitud y esta carta tienen muchos aspectos que merecen atención. A primera vista, es el hecho insolidario de un servidor público que tiene unos ingresos mensuales de alrededor de 177,000 pesos.

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Imagen: James Gillray

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El debate sobre la reelección, y en particular la reelección legislativa, continúa. Por un lado, los críticos de la reelección, cómo Federico Berrueto, insisten en que la medicina resultará peor que la enfermedad:

La reelección consecutiva lleva a romper con la responsabilidad colectiva implícita en el voto unificado por partido, característica de la modernidad parlamentaria. Seduce la idea de legisladores independientes del partido que los llevó al cargo, sobre todo en aquellos que no tienen la menor idea de la forma en como funciona el parlamento. Por ello, la cuestión no son buenos legisladores, sino buenos partidos. El problema no está con los diputados y senadores, sino en el Congreso y particularmente del sistema de representación a través de los partidos; entender la diferencia entre el contenido —el individuo— y el contenedor, la institución.

Por el otro lado, quienes empiezan a observar la hipermayoría parlamentaria que pueden generar el PRI y el PAN en torno a la reelección legislatvia, lo ven como el único cambio posible e importante , entre ellos Jesús Silva-Herzog Márquez:

El gobierno y el PRI (por lo menos su bancada en el Senado) se han pronunciado por la reelección de los legisladores. El acuerdo no es poca cosa. Abre la posibilidad de una carrera parlamentaria que no cuelgue en exclusiva de la voluntad de los partidos sino de la evaluación de los electores. De concretarse la reforma institucional en este solo cambio, tendríamos, a mi entender, una transformación valiosa.

Sin embargo, en ninguno de los dos argumentos se atiende el vínculo que existe entre el sistema de partidos, y el tipo de partidos que hay, con la reelección y sus consecuencias.

En un interesante artículo académico publicado en la revista “Política y Gobierno” en 1997, “La rotación de cargos legislativos y la evolución del sistema de partidos en México” Benito Nacif explica:

El artículo analiza los efectos del régimen de rotación de cargos, establecido mediante la no reelección consecutiva, en la estructura interna del partido hegemónico y en la evolución del sistema de partidos. La primera parte explica cómo la no reelección consecutiva creó las condiciones para el control centralizado del procesos de nominación de candidatos. La segunda examina la manera en que la rotación forzosa aceleró la integración de fuerzas política locales en una organización nacional cohesiva y centralizada. La tercera sostiene que la no reelección consecutiva le ha dado al partido hegemónico la capacidad institucional de asimilar movimientos políticos emergentes.

Las dos últimas partes tratan sobre los efectos de la no reelección consecutiva en el desarrollo de los partidos de oposición. Se argumenta que la rotación forzosa suprimió el terreno en al cual los partidos locales habían florecido e inhibió el desarrollo de partidos nacionales de oposición.

En otro texto académico, “El congreso, las maquinarias política locales y el ‘Maximato’: las reformas no-reeleccionistas de 1933”, publicado en el libro El legislador a examen, Jeffrey A. Weldon también encuentra un vínculo directo entre la reelección y el sistema de partidos:

En este ensayo, propongo que hubo dos razones básicas que explican las reformas [anti-reeleccionistas]. En primer lugar, contribuyeron a la centralización de poderes en torno a las dependencias federales de gobiernos en manos del liderazgo del partido, específicamente del jefe máximo, Plutarco Elías Calles. En segundo lugar, aceleraron la centralización del poder en el nivel nacional, como parte de un proyecto de mayor envergadura que pretendía debilitar a partidos y maquinarias políticas locales en beneficio del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Nacional Revolucionario (PNR), el partido oficial a nivel nacional. Al día de hoy, las consecuencias de la primera de estas razones fortalecen el presidencialismo en la política mexicana; el predominio del Ejecutivo federal, como cabeza del partido, sobre la legislatura. La segunda razón, el debilitamiento de los partidos locales, fue quizá la de mayor peso y consideración en el momento de las reformas.

Considerando el análisis contenido en estos textos académicos, es difícil pensar que la “democratización legal” que propone Berrueto, dentro del sistema de partidos, los mejore, sin que los partidos tengan que someterse a más competencia -sobre todo local- e indisciplina partidista. De la misma manera, justamente porque el tema central no es la reelección en sí, sino el control sobre la nominación de candidatos, la reelección sin la posibilidad de indisciplinarse a la dirigencia partidista con la flexibilización del sistema de registro de partidos y/o candidaturas independientes, nos puede dar un peor resultado que el actual en el que sólo el/la legislador más disciplinado a la dirigencia partidista nacional puede volver a presentarse como candidato para ser reelecto.

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