Foto: Policía de Cheshire/AP

Hace una semana Inglaterra despertaba con la peor resaca en 30 años. Los disturbios (en forma incendios intencionales, saqueo de negocios, violencia contra la policía y la población, destrucción de propiedad privada y pública) se extendieron, con manifestaciones menores pero igualmente serias, de vecindarios específicos de Londres a segmentos centrales de otras ciudades grandes y pequeñas. Una vez que los fuegos se extinguieron, la pregunta mil veces repetida ha sido ¿por qué?

Sin embargo, a pesar de la existencia de evidencia seria que ayudaría a explicar causas y contextos de los disturbios y por lo tanto a evitar que se repitan, el discurso oficial, definido por el primer ministro conservador David Cameron, es que los perpetradores pertenecen a un segmento de la sociedad “enferma”, y la propuesta oficial es simplemente el castigo carcelario y mayores estrategias represivas. Contradictoriamente, Cameron no cederá en la decisión de recortar el presupuesto de la policía, incluso después que se comprobó que mayor presencia policiaca a partir del miércoles pasado coincidió con el disminución y cese de la violencia en las calles de Londres. Pero más allá de apagar los fuegos de la violencia, lo que se quiere “apagar” son los medios de comunicación accesibles a los ciudadanos: los medios sociales en línea.

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