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Qué bueno que Luis González de Alba es un escritor y no un estadista. Argumentar que somos pocas las mujeres que publicamos en Nexos porque no tenemos el interés de competir en un espacio intelectual es ignorar el problema y darle la vuelta a una pregunta fundamental en este debate: ¿qué puede hacer la revista para aprovechar ese “territorio enorme de la inteligencia nacional” que son las mujeres?

La teoría evolucionista ha sido fundamental para el desarrollo del pensamiento humano en los últimos dos siglos, pero la forma en que Luis González de Alba la utilizó en su artículo de Nexos “De Género y Cuotas” para explicar la diferencia entre las publicaciones de mujeres y hombres me hace pensar que Darwin se está revolcando en su tumba. Como si los años de observación empírica en las Galápagos hubieran sido un simple capricho, hoy tenemos a alguien que se inspiró en la teoría de la evolución para “lanzar un reto sin sustento estadístico alguno” y decir que las mujeres no escriben ni publican porque, según la selección sexual, ellas no necesitan demostrar nada. Simplemente “miran, como leona aburrida, a sus atareados pretendientes o cónyuges” publicar para presumir lo listos que son.

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mujersMuchas veces se ha dicho que un modelo teórico es tan bueno como sus supuestos. El artículo “Género y Cuotas” que publicó Nexos en noviembre, firmado por Luis González de Alba sufre de este problema porque desde el primer párrafo plantea una “hipótesis por comprobar” que es el sustento de toda su argumentación y que nunca queda probada. La pregunta que pretende contestar es ¿por qué no hay más mujeres publicando en Nexos?, a la que ofrece una respuesta: no hay porque a las mujeres no les interesa, y más adelante explica, no les interesa porque su genética así lo dicta.

Usando la misma lógica que González de Alba, alguien que visitó una universidad en los años cincuenta o sesenta, después de ver la distribución de hombres y mujeres matriculados podría haber concluido, no sólo que menos mujeres tenían el interés de estudiar, sino que estaban genéticamente predispuestas a no querer o no poder hacerlo. Pasa, sin embargo que la cantidad de mujeres en las universidades ha crecido más rápido que el número de hombres, cambiando, con el paso del tiempo, dramáticamente las proporciones. ¿Cómo podrían los argumentos de González de Alba explicar este cambio?

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octubre 4, 2010

Cuidado con los números

Foto: Procsilas Moscas

Foto: Procsilas Moscas

Los números pueden, si se leen con poco cuidado, llevarnos a conclusiones equivocadas. Y aquí un ejemplo que considero relevante dado el reciente debate sobre si en la revista Nexos existe algún tipo de discriminación hacia las mujeres: los números del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

El SNI clasifica a los investigadores de todo el país de acuerdo a su producción científica. A cada uno de nosotros, cada cierto número de años, de acuerdo con nuestra productividad, un comité nos clasifica como Candidatos, Nivel 1, 2 o 3. Quienes más productivos han sido, de acuerdo con los criterios del sistema, son clasificados en un nivel más alto.

Pues resulta que del total de investigadores vigentes en el SNI en Ciencias Sociales en 2009, sólo el 33.5% eran mujeres. Y mientras casi el 40% de los clasificados como “Candidatos” eran mujeres, sólo el 35% de los clasificados como nivel 1, el 29% de los clasificados como nivel 2 y el 20% de los clasificados como nivel 3 lo eran. Bajo el mismo argumento que quienes debaten sobre la presencia de las mujeres en Nexos, el SNI las discrimina. Pero, ¿es cierto?

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Foto: Photo Jean

Foto: Photo Jean

En Estados Unidos e Inglaterra se han publicado en las últimas décadas largos artículos periodísticos sobre la industria de la pornografía. Entre ellos, hay un par particularmente famosos, de los escritores David Foster Wallace (orginialmente publicado en la revista Premiere (1998), el texto fue reeditado bajo el nombre “Big Red Son“) y Martin Amis (traducido al español en la revista Letras Libres (2002) bajo el título “Un negocio duro“)  y recientemente un reportaje independiente por Susannah Breslin ha vuelto a poner sobre la discusión pública por lo menos tres de los temas centrales en la industria del porno: el dinero, las condiciones laborales y la objetivización de las mujeres.

Sin embargo, el debate que parece que ha vuelto a cobrar fuerza no es sobre la industria de la pornografía o el porno en sí, sino sobre las consecuencias culturales de la pornografía -en todas sus variedades- pero sobre todo tras un incremento en el acceso a partir del crecimiento en el acceso a Internet. Dentro del movimiento feminista la discusión sobre la pronografía y las consecuencias que se le vinculan de la imagen de las mujeres en la sociedad, ha sido un largo debate con distintos matices que van desde la prohibición por considerarse humillante, hasta su celebración como acto liberador.

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