Tengo en mis manos el número de abril de la revista Nexos, una de las publicaciones más influyentes en el debate de las ideas en México hoy en día. El número lo compré tarde, casi acabando el mes, y lo hice porque el texto de Maite Azuela, “Tacones en bicicleta”, lo había estado discutiendo con mi novia a lo largo de algunos días y quise tenerlo impreso. Este artículo me llamó mucho la atención por dos cosas: 1) por la forma anecdótica como inicia y se desarrolla la mayor parte del texto, y 2) porque contrario a lo que pensé inicialmente, el artículo no tocaba ninguna cuestión de ciclismo o movilidad urbana. El título sirve más bien como metáfora a la reflexión final que Maite quiere lanzar: la importancia de dotar de seguridad social a las trabajadoras domésticas mientras no se avance en una reforma laboral en este sentido.

Dice Maite:

“Insisto en que a la par de abrir espacios que garanticen justicia de género habremos de trabajar la justicia entre el género. Tendríamos que analizar si no somos mujeres que construyen relaciones de sumisión con las trabajadoras del hogar. No hay modo de que la cadena de la bicicleta gire si no pedaleamos de ambos lados”. Y culmina: “A veces se requiere llevar una bici doble para que la que tiene más fuerza vaya impulsando a la que no la tiene”.

El artículo y la reflexión final me parecen pertinentes en el contexto del debate de la reforma laboral, sin embargo, desde que lo leí por primera vez, algo no me cuadró del todo: era muy poco espacio para un tema que podría ocupar páginas enteras, se daban pocos datos y, encima, gran parte del texto se iba en descripciones de la infancia de la autora. ¿Por qué?

La respuesta cayó hasta que tuve el ejemplar físico conmigo y fue entonces que entendí por qué de tanto testimonio personal antes de la reflexión social. La portada de la edición de abril tiene como título “Sólo mujeres” y su principal atractivo es mostrar los nombres de una veintena de féminas, entre escritoras, politólogas, científicas, artistas y demás. Al ver la portada queda clara la idea de que el número les pertenece a ellas.[1] Sin embargo, al leer la breve editorial de Marta Lamas, la coordinadora del tema de portada, mi sorpresa fue mayúscula. Vamos por partes.

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El primero de mayo de 1855 Lucy Stone y Henry Blackwell justo antes de casarse publicaron este texto de protesta en un periódico. Con él pretendían hacer evidentes y combatir las injusticias de las leyes matrimoniales estadounidenses que en algunos estados de Estados Unidos duraron hasta las primeras décadas del siglo XX.

Si bien reconocemos nuestro afecto mutuo al asumir públicamente la relación de marido y mujer, en un acto de justicia para nosotros mismos y en nombre de un gran principio, consideramos que es un deber declarar que este acto de nuestra parte no debe suponer una sanción de, ni la promesa de obediencia voluntaria a las actuales leyes del matrimonio, ya que se niegan a reconocer a la mujer como un ser independiente y racional, mientras que confiere al marido una superioridad perjudicial y contranatura, otogándole a él poderes legales que ningún hombre de honor debería de ejercer, y que ningún hombre debe poseer .

Protestamos en particular contra las leyes que dan al marido:

1. La custodia de la persona que tiene por esposa.

2. El control exclusivo y la tutela de sus hijos.

3. La propiedad exclusiva de la propiedad personal de ella, y el uso de sus bienes inmuebles, salvo aquellos que previamente se establecieron en ella, o se colocaron en las manos de los custodios, como en el caso de menores, dementes e idiotas.

4. El derecho absoluto al producto de la  industria de ella.

5. También contra las leyes que dan al viudo un interés mucho más grande y permanente en la propiedad de su difunta esposa, de lo que dan a la viuda en la del marido fallecido.

6. Por último, en contra de todo el sistema por el cual “se suspende la existencia legal de la esposa durante el matrimonio,” que hace que en la mayoría de los Estados, ella no tenga una parte legal en la elección de su residencia, ni pueda hacer sun testamento, ni demandar o ser demandada en su propio nombre, ni heredar propiedades.

Creemos que la independencia personal y la igualdad de los derechos humanos no puden ser suspendidos, a excepción del caso de la delincuencia; que el matrimonio debe ser una asociación equitativa y permanente, y así reconocido por la ley; que hasta que sea reconocida como tal, las parejas casadas deben proveer en contra de la injusticia radical de las leyes actuales, por todos los medios a su alcance…

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