noviembre 27, 2014

Resumen comentado de las 10 propuestas de seguridad

epn

El día de hoy, 27 de noviembre, el presidente Enrique Peña Nieto presentó 10 medidas que pueden entenderse como su respuesta a lo sucedido en los últimos meses en el país: las presuntas ejecuciones extrajudiciales de 22 personas en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, la muerte de seis y desaparición de otras 43 en la ciudad de Iguala, las (masivas) manifestaciones posteriores a ambos eventos, y la serie de reportajes del equipo de Carmen Aristegui sobre la llamada “Casa Blanca”.

Leer más

Leer completo

mayo 5, 2014

Ley sin paz en Michoacán

vr

Un texto a partir del artículo de Viridiana Ríos en el número de Nexos de abril.

Leí con mucha atención el número de abril de Nexos sobre Michoacán. Los artículos de Salvador Maldonado, Denise Maerker, Leticia Pineda, Teresa Zerón-Medina y Eduardo Guerrero son piezas muy interesantes y útiles para entender el problema de la entidad. Sin embargo tengo que discrepar del artículo de Viridiana Ríos sobre las autodefensas.

Leer más

Leer completo
Imagen: Koheler

Imagen: Koheler

El año empezó con la discusión abierta sobre la política de drogas y la posibilidad de una estrategia de legalización. Primero Nexos abrió con un artículo con  más tonos de estrategia militar que de análisis político de Joaquín Villalobos; en uno de sus Doce mitos sobre la guerra contra el narco Villalobos expone la idea de que la legalización sería deseable como mal menor, pero afirma que:

un mito en la actualidad es pretender que esta estrategia (la legalización) pueda ser puesta en marcha con éxito por los países afectados por la violencia que genera la producción y el tráfico de drogas. La legalización de las drogas requiere un acuerdo simultáneo con los países consumidores. Sin la participación de Estados Unidos y Europa una estrategia de este tipo, aplicada en México o Colombia, por ejemplo, sería un suicidio para la seguridad de estos países. Esto es injusto, pero el problema no es de ética sino de realidad.”

En contraposición, Mario Vargas Llosa publicó en El País el 10 de enero un fuerte alegato a favor de la legalización con un argumento contundente:

El problema no es policial sino económico. Hay un mercado para las drogas que crece de manera imparable, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, y la industria del narcotráfico lo alimenta porque le rinde pingües ganancias. Las victorias que la lucha contra las drogas pueden mostrar son insignificantes comparadas con el número de consumidores en los cinco continentes. Y afecta a todas las clases sociales. Los efectos son tan dañinos en la salud como en las instituciones. Y a las democracias del Tercer Mundo, como un cáncer, las va minando.

Unos días después, el escritor volvió sobre el tema en una entrevista con Radio Programas del Perú, según da cuenta una nota de El Universal donde propuso “explorar a través de estudios, con organismos especializados, la posibilidad de reorientar la inmensa suma que se emplea en la represión, en la rehabilitación, y en la prevención mediante campañas pedagógicas”

Héctor Aguilar Camín terció en el no declarado debate con un artículo en Milenio donde se plantea que si bien existe

un creciente acuerdo intelectual y mediático, en ciertos círculos y en ciertos medios de resonancia global, (que) anuncia quizá el camino que la respuesta al problema tendrá en los años por venir”, sin embargo “el hecho trágico (…) es que la solución de legalizar no está realmente al alcance de la mano. No ha empezado a ser planteada por ningún gobierno, por ningún político en funciones, ni siquiera por algún político en campaña con posibilidades de triunfo, en ningún país del mundo”. De ahí concluye que “Mientras no haya legalización de las drogas no puede haber sino complicidad o guerra con el narco. La guerra es cara, y más cara entre mayor complicidad acumulada debe revertir.

Parece necesario, empero, abordar el tema desde una posición menos dicotómica.

En primer lugar, la guerra no es la única estrategia a la mano para combatir con contundencia a la delincuencia ni para romper con las cadenas de complicidades. Ni siquiera estoy seguro de que sea la más efectiva. ¿Por qué no se empezó por reformar a los ministerios públicos, las policías y los poderes judiciales para emprender un combate eficaz pero mucho más pulcro en términos democráticos y constitucionales, más constructor de Estado de derecho?

Sacar al ejército no era la única opción ni parece que haya sido muy exitosa si lo que se quería era reducir la violencia. Por otra parte, con independencia del combate frontal al crimen organizado, el Estado mexicano sí tiene a la mano la posibilidad de avanzar en una política de drogas distinta, que tenga mejores efectos sobre la salud pública que la prohibición estricta y que le podría reducir sus mercados a los delincuentes, aunque fuera de manera marginal, sin violar ningún acuerdo internacional: políticas de reducción de daño, como proveer de drogas altamente adictivas a quienes lo soliciten, por ejemplo, o estrategias de tolerancia para la marihuana y su cultivo para el autoconsumo o la marihuana para uso médico, como ya está ocurriendo en varios estados de los Estados Unidos.

Finalmente, sí que hay y ha habido  políticos en funciones que han impulsado cambios en la política de drogas en el sentido de la legalización. Los dos últimos gobernadores de Nuevo México, por ejemplo, o todo el concejo municipal de El Paso hace apenas unos meses. El movimiento legalizador está avanzando en los Estados Unidos desde la política local y el presidente Obama no lo va a frenar.  El cambio de política ya ha empezado, pero el gobierno de Calderón no se ha dado cuenta.

Jorge Javier Romero. Politólogo

Leer completo