diciembre 19, 2016

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noviembre 3, 2016

Los 70 del ITAM: ausencias y presencias

Antier, primero de noviembre, el ITAM celebró sus 70 años de “compromiso con la libertad y la excelencia”.

A la celebración asistió un grupo selecto de ex alumnas y ex alumnos —esto lo sabemos puesto que, a pesar de ser egresadas de esa universidad, no fuimos invitadas—; seguramente asistió también una buena parte de la facultad, algunos funcionarios públicos y no sabemos quiénes más. Nosotras, como muchas ex compañeras y ex compañeros, nos enteramos del evento y sus detalles por medio de redes sociales y medios de comunicación.

itam

En la foto que más circuló en redes sociales, puede apreciarse el presídium que —creemos— encabezó el evento, integrado por miembros del ITAM y funcionarios públicos de alto nivel. Por parte del ITAM, se encontraba el rector Arturo Fernández, el vicerrector Alejandro Hernández, y Alberto Baillères, presidente de la Junta de Gobierno. Del gobierno federal, asistieron nada más y nada menos que el Presidente, Enrique Peña Nieto y el Secretario de Educación, Aurelio Nuño. De la CDMX, se encontraba Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno. En la foto hay tres hombres más cuya identidad no conocemos.

Más allá de las posibles discrepancias ideológicas que nos genera tanto la selección de invitados y de algunos de los individuos premiados, creemos que no debe dejarse de poner atención a dos cosas de la celebración de ayer. En nuestra opinión, dicha selección nos dice mucho de la visión que los altos mandos del ITAM tienen de la institución, de nuestra institución.

La primera cosa que notamos, con incredulidad y enojo, es que, en pleno 2016, no hubo una sola mujer en el presídium. Esta decisión no es inocente. El ITAM cuenta con destacadas alumnas, ex alumnas y profesoras. La importancia de [no] representar plural y adecuadamente a la comunidad ITAM es crucial, no sólo simbólicamente. Dice mucho de la visión y de la constitución de la institución.

Cuando éramos alumnas de Ciencia Política y Derecho, la mayoría de nuestros profesores eran hombres. A pesar de que tuvimos extraordinarias profesoras, como Marta Lamas, Josefina Cortés, Lucía Melgar, Irene Rivadeneyra, Martina Copelman, y asistentes administrativas -sin cuyo trabajo la experiencia académica simplemente no hubiera sido posible-, como Alice Arce, Araceli Serrano y Margarita Mendoza, la composición de la planta académica y administrativa de alto rango del ITAM era muy desigual en términos de sexo. Como ex alumnas, es decepcionante que el ITAM, en los más de 10 años que han transcurrido desde que primero pisamos sus aulas y pasillos, no haya progresado en este sentido.1 O que, al menos, elija representarse frente a su comunidad y al público en general como una institución desigual, de mandos masculinos.

Esta representación muestra una de las muchas posibles escisiones dentro de la comunidad del ITAM. Escisiones que no siempre se resuelven, sino perduran. Algunas de éstas son reflejo de la diversidad de quienes formamos parte del ITAM, mismas que generan y enriquecen espacios de debate, de encuentro y desencuentro y de creatividad. Otras, son un reflejo de una disparidad franca de poder, y del apoyo institucional preferencial a ciertos grupos, ideas, que generan rupturas, no desde la diferencia, sino desde la desigualdad; que promueven silencios y ausencias.

Desde su fundación en 1946, el ITAM ha sido un espacio de formación de servidores públicos exitosos, y profesionistas que han hecho carrera en el sector privado. Este grupo es el que representa, en muchos casos, la idea y la experiencia del ITAM hacia adentro y también hacia afuera. No sorprende, entonces, que en el evento de celebración de sus 70 años, la institución haya elegido como símbolos de éxito y motivo de celebración y orgullo a ex alumnos como Felipe Calderón.

Pero también, desde su formación, el ITAM ha sido un espacio de rigor académico, de convivencia interdisciplinaria y generación de conocimiento e ideas. Este grupo, al que pertenecemos nosotras, es el que celebra al ITAM como una institución de excelencia, de rigor académico, de debate informado y generación de conocimiento. Y, de crucial relevancia, como una institución que proporciona las herramientas para generar crítica fundamentada.

A este segundo grupo, el evento de ayer no solo nos quedó mal, sino que contradijo los fundamentos de toda actividad académica: la honestidad, la creatividad y, sobre todo, el amor por las ideas. La elección del presidente Enrique Peña Nieto como invitado de honor y como el encargado de otorgar reconocimientos de excelencia académica nos parece no sólo equivocada, sino una afrenta frontal a los principios de excelencia y ética académica. Dejando de lado las críticas a la gestión del actual presidente, así como las posibles discrepancias ideológicas con su gobierno y su persona, denunciamos el que el ITAM haya elegido encarnar en el actual Presidente los principios a los que nos referimos anteriormente, un Presidente que fue encontrado culpable de plagiar su tesis de licenciatura y por lo tanto es un ejemplo concreto de deshonestidad y mediocridad académica, un presidente que cometió la más grande falta académica: el robo de ideas.

El ITAM no sólo produce funcionarios públicos de alto rango y directores de grandes transnacionales. El ITAM no es nada sin sus profesores y profesoras, su personal administrativo, y los y las alumnas que pasamos días estudiando, leyendo, discutiendo y trabajando.

Para nosotras el evento de ayer, más que celebrar las siete décadas de existencia de una institución académica autónoma, libre, crítica y de excelencia fue una demostración gráfica, en vivo y a todo color, de una institución educativa cuyo fin es hacerle corte al soberano, enriquecer sus cuadros, relacionarse con la élite del poder sin importar la calidad ética de sus integrantes. El evento de antier decidió primar la celebración de la cooperación con los grupos de poder a los logros de su facultad, sus estudiantes, y ex alumnos y ex alumnas. Un festejo donde el ITAM cínicamente reconoce en público su alianza y sometimiento a un funcionario que no observa ningún respeto por la academia y sus principios. Ayer, dentro de las paredes de una institución académica autónoma y de excelencia, que día a día vibra por el trabajo y la disciplina de su comunidad, la consecuencia del plagio fueron distinción y aplausos.

Esta crítica viene de un profundo agradecimiento y aprecio al ITAM. La formación que ahí recibimos y las amistades que construimos, han marcado nuestra existencia profesional y personal.

Regina Larrea Maccise
Candidata a Doctora en Derecho por la Harvard Law School.

Isabel Gil Everaert
Estudiante del Doctorado en Sociología en la City University of New York.


P.D. A nuestras profesoras y profesores, nuestro eterno agradecimiento. En especial, queremos reconocer la influencia de Marta Lamas, Jorge Cerdio, Jesús Silva-Herzog, Pablo Larrañaga, Rodolfo Vázquez, José Ramón Cossío, Miguel Sarre, Lucía Melgar, Josefina Cortés, Juan Carlos Marín, Alberto Sauret✝, Julián Meza✝, José de Jesús Barba, Carlos De la Isla, Pedro Cobo, Eric Herrán, José Manuel Orozco Garibay.

1 De los doce integrantes de la Junta de Gobierno, ninguno es mujer (0%). Tanto el rector como el vicerrector son hombres (0% de mujeres en los dos más altos mandos de la institución). En su historia, el ITAM nunca ha nombrado una mujer rectora. De las cinco divisiones académicas, únicamente la División Académica de Actuaría, Estadística y Matemáticas está encabezada por una mujer (20%). Y, en nuestros respectivos ex departamentos, la presencia de mujeres es minoritaria también. En Ciencia Política, de los once integrantes de la facultad de tiempo completo, solo una es mujer (9.09%). En Derecho, las cosas están un poco mejor. De los dieciocho profesores y profesoras de tiempo completo, cinco son mujeres (27.77%). Esta información fue tomada de la página web oficial del ITAM, así que cualquier discrepancia con la actual composición del cuerpo académico y administrativo es resultado de la no-actualización de ésta.

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El día de antier, 25 de abril, fui a la presentación de un libro en un Instituto de la UNAM. El objeto de la misma era un libro sobre un tema al que he dedicado muchos años y que, por lo tanto, conozco bastante bien. Va por delante que si el evento académico que suscita estas líneas tuvo lugar en la UNAM, lo que voy a escribir aquí surge de experiencias similares que he vivido a lo largo de muchos años en diversas instituciones académicas de la Ciudad de México (incluyendo por supuesto a la que pertenezco, El Colegio de México), así como del interior del país.

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