La nueva Daiana. Sin rumores y sin ropa” es la leyenda en la portada de la última edición de la revista Playboy México que aparece al lado de la foto de Daiana Guzmán en ropa interior. La aparición de esta chica en la portada de una revista pornográfica –sin importar que sea la más conocida o no– es, para algunas personas, controversial; para otras es incluso la confirmación de que mintió al denunciar a Kalimba de haberla violado. Más allá de si es verdad lo que Daiana dijo o no, o si pudo probarse la violación, este caso es muy interesante para observar las diferentes concepciones y actitudes respecto de la sexualidad y el cuerpo de las mujeres. Al respecto, es importante recordar un debate feminista en torno a ello, lo que ayudará, me parece, a tener una opinión mejor informada y no estereotípica de la decisión de esta chica y sus implicaciones –si es que las hay.

Por un lado, se encuentra el feminismo para el que las mujeres han sido construidas como objetos sexuales de los hombres, y no como sujetos sexuales. En este sentido, el deseo sexual, y el acto sexual mismo, objetivizan a las mujeres. Entre los hombres y las mujeres hay, entonces, una relación no sólo de subordinación, sino de dominación –similar a la que hay entre una cosa y quien la posee. Para este feminismo, la sexualidad de las mujeres ha sido construida según lo que los hombres quieren, según lo que les da placer. Por lo tanto, cualquier ejercicio de la misma, como las relaciones sexuales –específicamente las heterosexuales–, nunca es libre para las mujeres. En parte porque su papel en éste nunca es como sujetos, y en parte porque se encuentran condicionadas por esta construcción, por lo que aún las manifestaciones explícitas de consentimiento están viciadas, pues no puede elegirse ser un objeto y al mismo tiempo ser libre. El sexo es violento. La violencia se norm(sexu)aliza.

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