Crime

Todo empezó un miércoles, aunque en realidad empezó un domingo.

El miércoles 29 de mayo, un grupo de alrededor de 200 personas se manifestó en el Eje 1 Norte para denunciar la desaparición de los familiares de algunos de ellos en un antro de la Zona Rosa. Los medios, presentes en la manifestación, recabaron información distinta.

Algunos dijeron que se trataba de 11 desaparecidos. Otros de 13. Uno se aventuró a decir que eran 17 y la versión capitalina de otro diario citó hasta 24. El número, casi dos semanas después, parece ser 12, que son las actas que tienen en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal.

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En el Blog de la Redacción de Nexos, presentamos en estos días varios textos que son parte de una discusión que inició con la publicación en el diario La Razón, de un artículo de Fernando Escalante, “Divino Tesoro”. Esta discusión la cerramos con la última réplica de Roberto Breña, quien fue al mismo tiempo el que la inició.

Fernando:

Te agradezco tu amplia réplica. Imposible detenerme en todos tus argumentos. En algunos aspectos, como tú mismo señalas, creo que podemos estar de acuerdo. En otros, que a mí me parecen fundamentales, creo que definitivamente no. Pese a todas tus clarificaciones, me parece que ninguna responde directamente a una de las principales preocupaciones que estaba detrás de lo que me llevó a plantear y a abrir el intercambio que ha tenido lugar durante los últimos días: me refiero a ese “tono”, entre indulgente y despectivo, que empleas respecto al movimiento 132 a lo largo de tu artículo (un tono que, por cierto se refleja desde el título: “Divino tesoro”).

Este tono, más que ninguna otra cosa, fue lo que me pareció “descalificatorio” de tu parte. Me explico. No entiendo desde qué mirador lo que están haciendo los jóvenes del 132 puede ser visto como un “movimiento típico (a lo largo de la historia de México) de jóvenes universitarios que buscan su incorporación a la clase política”, como algunos plantean; tampoco veo en ellos ese “’mazacote’ post-electoral” que augura Celia. Estas son descalificaciones puntuales, pero, como sabes bien, hay muchas otras maneras de descalificar; concretamente, me refiero al tono que cada quien decide utilizar en los textos que escribe. En el caso de tu artículo, ya hice referencia al título, pero dicho tono tiene que ver también con haberle entrado al movimiento 132 (sobre todo) a través de La Jornada, con esas alusiones a que los jóvenes del 132 son muy (tan) similares a sus padres y a sus “abuelitos” (el término es tuyo), con criticar esa ambición excesiva de algunas de las peticiones del movimiento (¿cabe esperar otra cosa de estudiantes universitarios?), con la elección de unos cuantos carteles (tomados de La Jornada) que te parecieron especialmente reprobables y por último, con esa supuesta deriva hacia la invención del IFE por parte del movimiento y, “si nos va bien, hasta el IFAI” (una vez más, la expresión es tuya). Es este “tono” el que suscitó mis comentarios, así como algunos de los adjetivos que utilicé para referirme a tu artículo (los cuales, dicho sea de paso, extrapolas injustificadamente, pues yo sólo me refería a ese artículo).

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En el Blog de la Redacción de Nexos, presentaremos en estos días varios textos que son parte de una discusión que inició con la publicación en el diario La Razón, de un artículo de Fernando Escalante, “Divino Tesoro”. En este segundo post, ponemos una respuesta de Escalante, y las comentarios que recibió de Juan Pedro Viqueira, Ariel Rodríguez Kuri y Celia Toro.

 

Querido Roberto, como siempre me alegra tener noticias tuyas, y como siempre te agradezco los comentarios. Seguramente es como dices, y sin duda tu acercamiento al 132 es muy distinto del mío. Pero tengo la impresión de que también estamos de acuerdo en muchas cosas. Trato de ir por partes, para ver si me aclaro.

1. Dices que La Jornada no es fuente confiable para documentar lo que es el movimiento, y que leer La Jornada es la mejor manera de hacerse una opinión negativa. Carlos Bravo me escribe en el mismo sentido, me dice que la imagen que ofrece La Jornada está distorsionada, y que el movimiento es otra cosa. Bien: es muy posible. Vamos, es seguro que La Jornada distorsiona, es seguro que informa mal, es seguro que lleva agua a su molino, es seguro que quiere convertir al 132 en una especie de apéndice de la campaña de AMLO. Por supuesto. En eso estamos absolutamente de acuerdo. Y uno lee algunas de las crónicas de La Jornada y se hace una idea francamente negativa del 132.

Ahora bien: en mi artículo dedico un párrafo a la manera de presentar las cosas por parte de La Jornada. Digo claramente que es abusiva y tramposa. Y digo que está tratando de darles atole con el dedo a “los muchachos”. Según yo, si algunos de los 132 tuviesen dos dedos de frente, y no estuviesen encandilados con la idea de formar El Movimiento, tendrían que denunciar a La Jornada con la misma energía con que denuncian a Televisa, y con más razón, porque la distorsión de La Jornada los afecta precisamente a ellos. Aquí sí, a elegir: a) no leen La Jornada, b) leen La Jornada pero no se enteran de lo que leen o no se dan cuenta de las implicaciones que tiene, c) les gusta lo que leen, les gusta verse así reflejados, les gusta como modelo, o bien, d) no quieren criticar a “la izquierda”, por el motivo que sea. En todo caso, lo que haya de rescatable en el movimiento habrá que rescatarlo de las manos de La Jornada para empezar (si no otra cosa, concédeme que mi artículo apunta ese camino).

Por otra parte, lo que digo cuando hablo del movimiento, los rasgos con que trato de caracterizarlo, no deben nada a los reportajes de La Jornada. Se trata estrictamente de las declaraciones públicas firmadas por el colectivo 132, las marchas convocadas por 132, y las exigencias de los pliegos petitorios de 132. No les atribuyo nada que no sea suyo (el problema, por supuesto, está en saber quiénes son “ellos”, pero a eso voy más abajo).

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junio 13, 2012

El poder del No

¿Es el movimiento estudiantil #yosoy132 un reflejo de viejos hábitos políticos? Mi impresión es que la movilización fue una respuesta a una percepción generalizada de fatalidad sobre los resultados de la elección presidencial que tendrá lugar en unos días? Tocqueville escribió en sus Recuerdos sobre la revolución de 1848 en Francia que el éxito político era un grave peligro. El éxito nos vuelve confiados, soberbios y poco precavidos. Los exitosos a menudo padecen de lo que los griegos llamaban hybris, una confianza desmedida en uno mismo. Un riesgo que ejemplifica admirablemente Enrique Peña Nieto. Los estrategas del priísta habían, desde varios años atrás, planeado todo, previsto todo, ahorrado una cantidad considerable de name recognition y atado todos los cabos sueltos… aparentemente. Si alguien se preguntaba hace un año cómo podría descarrilarse una candidatura tan bien protegida y blindada, no había respuestas claras. La televisión estaba copada. ¿Dónde se expresarían las críticas? EPN era señor y amo del la cámara, la bolsa y el micrófono. Tenía todos los pelos de la burra en la mano. Los críticos serían invisibles para la mayoría de mexicanos fuera del círculo rojo, pensábamos. Así, la candidatura de Peña Nieto se presentó por sus artífices como un hecho consumado. Una fatalidad de las nuevas condiciones políticas del país.

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En el Blog de la Redacción de Nexos, presentaremos en estos días varios textos que son parte de una discusión que inició con la publicación en el diario La Razón, de un artículo de Fernando Escalante, “Divino Tesoro”. En este primer post, ponemos el artículo original de Escalante, y las respuestas que recibió de Roberto Breña, David Peña Alfaro, y Blanca Heredia. 

Divino tesoro
Fernando Escalante Gonzalbo

Yo sé que no queda bien decirlo, pero la verdad es que nunca me ha parecido que la juventud sea garantía de nada. Los jóvenes pueden ser espontáneos, ingenuos, generosos, entusiastas, sin duda: también arrogantes, irresponsables e inmaduros. Digamos que son jóvenes.

Entiendo muy bien la alegría con que se ha recibido en La Jornada el movimiento #YoSoy132. A medio camino, se ha encontrado con un nuevo recurso de campaña, con una resonancia que no puede esperarse ni del PT ni de Convergencia. Así que ha creado casi una sección específica para anunciar diariamente las novedades del movimiento, que con toda soltura titula “Primavera mexicana” (¿se acordará alguien de que en el origen de tanta primavera está la de Praga, y lo que eso significa?). Dondequiera que se juntan veinte muchachos y aparece alguien con una cartulina, La Jornada se apresura a titular: “#YoSoy132 apoya…”, “#YoSoy132 exige…” A ver quién dice que no. En el arrebato, llega a extremos sonrojantes. Festeja, por ejemplo, el “florecimiento cívico” en un editorial de raro fervor: “son impresionantes, por decir lo menos, la lucidez, la fluidez y el civismo”, porque “los muchachos… habrían podido reducirse a una masa heterogénea”, pero no, con una “metodología deliberativa precisa”, han abordado “aspectos problemáticos del acontecer nacional que han sido soslayados por las principales fuerzas partidistas”, y son: “solución a la violencia,… una política educativa coherente, … arte, cultura, ciencia y nuevas tecnologías y participación de migrantes”. Visto así, es una suerte que hayan aparecido los muchachos –para que los partidos dejen de “soslayar” la violencia y la educación, y la cultura. En el Altiplano se llama a eso dar atole con el dedo.

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En los últimos días, un grupo de estudiantes de diferentes universidades han ejercido su derecho a expresarse y protestar. Algunas de sus críticas se han dirigido en contra de los medios de comunicación. En concreto, su perniciosa cercanía con el candidato Peña Nieto y, ese sentido, su falta de neutralidad e imparcialidad informativa. Con el ánimo de contribuir a la discusión a continuación una reflexión sobre los riesgos de la concentración mediática.

El arribo de la democracia a México desencadenó un conjunto de cambios que rebasaron la dimensión electoral. El pluralismo político propició significativas modificaciones en el funcionamiento de diversas instituciones. Varios de estos cambios se circunscribieron a una deseable lógica democrática, pero otros respondieron más bien a nuevas formas de acumulación de poder, a inesperadas prácticas antidemocráticas.

Este es justo el problema contemporáneo de los medios de comunicación en México. No se trata de la clásica dificultad que padece la sociedad civil y la opinión pública ante un Estado autoritario que busca mermar la libertad de expresión, sino del nuevo acertijo que actualmente enfrentan la mayoría de las democracias: evitar la concentración de los medios; construir un pluralismo mediático.

La transición democrática trajo consigo, entre otras consecuencias, una real autonomía de los medios. Éstos adquirieron libertad frente al gobierno y, por tanto, la oportunidad de vestirse con todo tipo de casacas políticas. La programación de los contenidos dejó de definirse desde la oficina presidencial, para abrirse a un pluralismo político ansioso de micrófonos. La prensa empezó a gozar de una efectiva independencia para ilustrar sus páginas y pantallas con múltiples colores. Y se dio, por tanto, el salto del aplauso servil al gobierno, al uso de la libertad para criticar, cuestionar y dirigir los reflectores al mosaico político en su conjunto. Las reformas encaminadas a democratizar el régimen político instauraron las condiciones para la práctica generalizada de la libertad de expresión; sin embargo, dicho proceso omitió un aspecto medular: la organización de los medios.

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El año pasado publicamos en la revista Nexos, un artículo en el que Viridiana Ríos ofreció una reflexión sobre la diferencia en las mediciones de violencia en México y la percepción que tenemos sobre ella. Ríos se preguntaba y contestaba:

La pregunta es por qué México tiene una violencia tan mediáticamente ruidosa, mientras que el resto de Latinoamérica es sigilosamente violenta. La respuesta se encuentra en el tipo de violencia. México tiene un tipo de violencia que es mediáticamente atractiva, memorable. Los asesinatos en Caracas podrán ser tres veces más comunes que en México, pero se dan por robos a transeúntes y secuestros. No hay figuras como El Chapo, o Beltrán Leyva, para señalar como culpables.

Otra manera de entender su respuesta de por qué a partir de los medios percibimos la violencia de manera distinta que en otros lugares donde estadísticamente hay más violencia, tiene que ver con que tan disponibles están ciertas imágenes o eventos en nuestra mente, cuando intentamos recordarlos.

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Logo del cyber-movimiento anti-censura veracruzana inspirado por el logo del movimiento pro-Wikileaks. (Click para ver procedencia)

Narco-censura

La prensa es una de las tantas víctimas de la violencia que sufre México. En particular, los medios de comunicación locales, tales como periódicos y canales de televisión, se han visto atrapados en una batalla entre la censura, el control y las amenazas de los cárteles de la droga y los gobiernos locales. En algunas ciudades, la gente suele ser testigo de balaceras, granadazos y otros hechos violentos, sin embargo cuando tratan de averiguar lo que pasó, en las noticias locales no encuentran información al respecto. Algunos periódicos han anunciado explícitamente una política de autocensura a las notas relacionadas con la narco guerra.

El resultado de esto es que para muchos mexicanos los medios de comunicación locales ya no son una fuente confiable de información. Algunos ciudadanos afirman que sus fuentes de noticias locales son pagadas por el gobierno local en un esfuerzo por minimizar la violencia, mientras que otros argumentan que se trata de los cárteles que los han sobornado, mientras otros, especialmente los periodistas, argumentan estar siendo amenazados. Lo cierto es que los periodistas están siendo asesinados y sus crímenes suelen quedar impunes.

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Escalante vs. Zuckermann

Uno de los temas más interesantes y controvertidos en las discusiones públicas de los últimos años ha sido el que trata sobre las reformas electorales del 2007. Aunque el tema suena árido, en él se presentan disyuntivas y dilemas sobre cómo se entiende la libertad de expresión en nuestro país, y cómo se distingue de intereses comerciales particulares.

La última ronda de discusión dio inicio con la votación en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que resultó en un empate, para decidir si se discutía o no un juicio de amparo promovido por 15 personajes públicos en contra de una de las cláusulas de las nuevas leyes electorales que restringe la compra de espacios en medios de comunicación masivo a privados para influir en el proceso electoral.

En esta discusión ha sido particularmente sobresaliente un debate escrito entre el periodista Leo Zuckermann y el académico Fernando Escalante. Zuckermann defendiendo el amparo que él mismo firmó, escribió,

Nosotros pusimos sobre la mesa un amparo que toca varios temas torales de la democracia. Ha sido muy frustrante ver que la discusión de la demanda muchas veces se ha reducido a argumentos más de la forma legal que del fondo político. Me da la impresión de que muchos magistrados y ministros prefieren la comodidad de desechar una demanda con argumentos legaloides y puntillosos propios de un juez de barandilla.

A partir de este párrafo, Escalante entra a la discusión,

Me llama la atención que en un texto que quiere reivindicar “la democracia liberal” se trate con semejante desprecio los “argumentos legaloides y puntillosos”. Esos que hacen liberal a la democracia. Pero es bueno saber, que también de aquel lado, hay una idea sustantiva de la justicia, que puede prescindir de los detalles de forma y los argumentos legaliodes.

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El día de ayer se aprobó el Presupuesto de Egresos de la Federación 2011 en la Cámara de Diputados. Hoy, varios periódicos publicaron notas sobre la discusión y sus resultados. Para hacer una veloz resumen de las discusiones presupuestal de ayer, según la perspectiva de cada periódico, juntamos todas las notas publicadas -por periódico en la sección nacional- y las metimos a un motor que visualiza con el tamaño relativo de cada palabra el número de menciones en el texto. Para que las palabras mostradas ilustrarán los elementos más importantes de la discusión, quitamos algunas como: legisladores, presupuesto, diputados, gasto, etc. Después hicimos lo mismo con la versión estenográfica de la sesión de la Cámara.

Este es el resultado:

1) La Jornada.

La Jornada 16/11/10

La Jornada 16/11/10

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