mayo 23, 2017

Manada, periodismo y crimen organizado

Un periodista asesinado no es ni más ni menos importante que cualquiera otro de los miles de mexicanos que han muerto víctimas de la ola de violencia que se desató en el país en la última década. Un periodista, asesinado por el hecho de ser periodista, adquiere mayor relevancia pues su muerte atenta no solo contra un persona sino contra el derecho de todos los mexicanos a la libre expresión. Igual que como cuando matan a un defensor de derechos humanos por el hecho de defender los derechos otros o cuando matan a un ministro de culto por el hecho de ejercer su libertad de creencia. El móvil, pues, sí importa, e importa mucho. Cuando la persona asesinada es, además de un periodistas al que mataron por ser periodista, alguien de la talla profesional y moral de Javier Valdez no solo crece la indignación sino también el sentimiento de vulnerabilidad.

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Foto: ViceMag

Hay muchas y buenas razones para reprobar los actos de violencia llevados a cabo afuera del recinto legislativo de San Lázaro, y en algunas avenidas centrales de la ciudad de México el primero de diciembre. Sin embargo para que las consecuencias de la afirmación anterior tengan sentido es necesario tener claridad sobre qué pasó, quiénes fueron los responsables, y cómo actuaron las policías. Por el momento estas tres preguntas no se pueden contestar pues las autoridades no han elaborado una detallada descripción de lo sucedido, y lo que se puede reconstruir a partir de la prensa y testimonios, sigue siendo una visión hecha a manera de fragmentos.

Entre las cosas que se infieren, por ejemplo de este video es que algunos de los manifestantes que ejercieron violencia lo hicieron sin provocación inicial o justificación alguna. En el caso de la Policía Federal, esta usó armas no letales en San Lázaro fuera de regulación. Por ejemplo se usaron balas de goma antes de que el peligro para los policías o para el recinto legislativo fuera inminente. También hay evidencia que ya sea las balas de goma o las latas de gas lacrimógeno fueron disparadas a una distancia menor a 40 metros de los manifestantes (o desde posiciones no permitidas), y al menos en un par de casos a la cabeza en vez de al cuerpo o extremidades.  Aquí se puede consultar el reglamento de uso de la fuerza pública frente a manifestaciones de la Policía Federal. También hay dudas sin resolver que implicarían violaciones a la ley por parte de la Policía Federal, y tendría implicaciones sobre las motivaciones del uso de la fuerza pública como por ejemplo en este video  (4:47) aparecen civiles armados del lado de la Policía Federal.

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