febrero 13, 2017

Datamancia, una superstición superdotada

Hace dos años la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la OCDE, presentó el documento Estudios económicos de la OCDE. México. Enero 2015. El mensaje medular corroboraba los decires del presidente Peña: que, efectivamente, las reformas estructurales aprobadas por el PRI, el PAN y el PRD eran el santo remedio a los males nacionales. A partir de un sencillo análisis filológico —esto es, en tanto manifestación idiomática— concluí yo en ese entonces: el texto es una depurada expresión del pensamiento mágico contemporáneo. La OCDE albriciaba entonces: “México ha emprendido un audaz paquete de reformas estructurales con el que pone fin a tres décadas de lento crecimiento, baja productividad, informalidad generalizada en el mercado laboral y una elevada desigualdad en los ingresos”. Con las cursivas quiero subrayar que el verbo se conjugaba en presente. Enseguida, los expertos de la OCDE presagiaban: “…y auguran [las propias reformas] buenos resultados para 2015 y años posteriores”. También aquí el verbo es clave: augurar. Un augur en la Antigua Roma era el sacerdote dedicado oficialmente a la adivinación, un don otorgado por los dioses —no por nada “adivinar” se encuentra en el mismo campo etimológico que “divinidad”—.

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Casa de Vidrio, Daniella Tobar

Hace un par de semanas en un evento público Enrique Peña Nieto y (casi todo) su gabinete presentaron documentos que anunciaron como la publicación voluntaria (la ley no lo requiere) de sus declaraciones patrimoniales. Estos documentos se pueden consultar en la página de internet de la Presidencia de la República. En la prensa se ha reportado el contenido de las declaraciones, pero sobre todo el hecho de que la presentación voluntaria de información no incluyó detalles, el valor de las propiedades, las propiedades de familiares directos, y en muchos casos (incluyendo al Presidente de la República) se reportaron donaciones de terrenos mientras ostentaban cargos públicos.

Se han escrito varios artículos de opinión analizando los detalles de estas declaraciones patrimoniales, y en particular la contradicción entre la información faltante y el evento de presentación como un acto de transparencia. Por ejemplo están los artículos de Mauricio Merino, Leo Zuckermann, Jesús Silva-Herzog Márquez y Ernesto Villanueva. En ellos también hacen notar que por lo menos en los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón se hizo el gesto de presentar declaraciones patrimoniales del Presidente de la República más completas (tiene más detalles la de Fox que la de Calderón).

Fue en el gobierno de Miguel de la Madrid que se empezó a requerir por ley a todos los funcionarios públicos presentar una declaración patrimonial al inicio de su encargo, al final, y de manera anual. Sin embargo la ley no incluyó que se hicieran públicas las declaraciones patrimoniales. En el documento de la OCDE “Declaración de bienes de funcionarios públicos: una herramienta para prevenir la corrupción“, donde hacen un estudio comparado de mejores prácticas a nivel internacional, argumentan que las declaraciones patrimoniales no sólo sirven como una herramienta de fiscalización de ingresos, sino para conocer si hay conflictos de interés entre funcionarios públicos y actores privados a los que les toca regular. En México, hoy, la sociedad no puede saber ni una ni la otra.

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Este mes en la revista Vanity Fair, el premio nobel de economía Joseph Stiglitz publicó un artículo llamado, “Sobre el 1%, por el 1%, para el 1%” sobre la desigualdad económica en Estados Unidos (una reseña del texto fue publicada la semana pasada en La Jornada por Soledad Loaeza). En él Stiglitz argumenta que más allá de las razones éticas en contra de la desigualdad, es importante recalcar que hay varias razones por los que el incremento de la desigualdad es una mala noticia, incluso en países desarrollados como Estados Unidos. Stiglitz da tres argumentos:

  1. Entre más desigualdad hay en una sociedad, menos oportunidades hay para más personas. Esto quiere decir, que esa sociedad está usando de manera ineficiente uno de sus recursos más valiosos: las personas.
  2. Distorsiones asociadas a la desigualdad, como son los poderes monopólicos y los regímenes especiales en el cobro de impuestos generan también ineficiencias en el resto de la economía. Es decir hay ciertos sectores que por “pagar mucho” concentran capital humano que sería mejor gastado, en términos de productividad, en otros sectores.
  3. Las economías modernas necesitan de un Estado que invierta y provea: infraestructura, educación y tecnología. Por ejemplo, el mundo se ha beneficiado de grandes proyectos de inversión pública en ciencia que, entre otras cosas, produjo Internet.

El texto de Stiglitz suena a una llamada de atención no sólo a Estados Unidos sino a otros países desarrollados y en vías de desarrollo. En particular después de que la OCDE publicó un primer informe en el que describe el incremento de la desigualdad económica desde mediados de los años ochenta hasta la fecha, en casi todos sus países integrantes, excepto Francia, Bélgica, Grecia y Turquía. México y Chile siendo los más desiguales de todos, con una diferencia de 27 veces entre el salario promedio del 10% más pobre y el 10% más rico.

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abril 12, 2011

La huevonería mexicana

Hace unos meses, a partir de los malos chistes de los conductores de la BBC sobre las y los mexicanos, hubo una amplia discusión sobre si esos chistes reflejaban prejuicios, sobre si los mexicanos literalmente nos habíamos “hecho fama y echado a dormir”, o sobre si simplemente no entedemos el sentido del humor inglés.

El epiteto principal usado en aquél programa fue “los mexicanos son flojos”, huevonos diríamos nosotros. El prejuicio, para ser interesante o útil, tal vez tendría que tener algo de verdadero (pese a la injusticia que implica la generalización). Es decir, ¿qué dice el estereotipo de que los mexicanos somos huevones? No mucho sobre los mexicanos en sí, y probablemente mucho más sobre quien sostiene el estereotipo.

El día de hoy la OCDE publica su reporte “Society at a Glance  2011“. En él, entre otras cosas, presenta una gráfica del número de minutos de trabajo remunerado y no remunerado por persona en cada uno de los países de la OCDE.

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La OCDE ha publicado un montón de información interesante en los últimos días. Publicaron los resultados de la última prueba PISA y las Perspectivas Económicas para América Latina 2011, documento que incluye un estudio que subraya la importancia de las clases bajas y medias bajas. Bajo el nombre de “estratos medios”, la OCDE se refiere no a las clases medias en términos sociológicos, sino “al grupo compuesto por los hogares comprendidos entre el 50 y el 150 de la mediana nacional de los ingresos”.

El economista Gerardo Esquivel ha señalado agudamente que esta definición dificulta las comparaciones internacionales (no es lo mismo un “estrato medio” en Italia que en Honduras). Sin embargo, si nos concentramos en lo que aplica al caso mexicano y en los las conclusiones de PISA, hay varios puntos interesantes que se pueden extraer del estudio. A diferencia de los que celebran la consolidación de México como un pais de clase media, la OCDE arguye que los tres deciles que cuelgan por debajo de la línea de la pobreza y los dos deciles que flotan por encima de ella, podrían constitutuir una sólida base para el crecimiento económico; pero también se señala que son extremadamente vulnerables a los vaivenes económicos, sobre todo porque tienen poca capacidad de moverse hacia arriba en la escala social. Combatir la vulnerabilidad de los que podrían dejar de ser pobres o apenas han dejado de serlo es crucial para que, ahora sí sin engañarnos, pudiéramos consolidarnos como una sociedad de clase media (calculemos décadas si hacemos bien las cosas). Con esta lógica, el documento se centra en un factor que podría reforzar la posibilidad de crecimientos económicos más robustos: mejor educación para esos “estratos medios”. Sin embargo, asegurar el acceso a servicios educativos no es suficiente. La clave no está en la cantidad sino en la calidad.

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