La historia política del Partido de la Revolución Democrática (PRD) está ligada, inexorablemente, a los momentos de crisis. Nació como consecuencia de una crisis en la élite en el poder: los herederos del nacionalismo revolucionario frente al grupo tecnócrata. El cisma en el partido gobernante se presentó en una coyuntura definitoria de la izquierda mexicana, la cual se debatía entre mantener la estrategia de continuar la senda de la participación electoral o arrojarse a la marginalidad y ostracismo político. Así, ante la falta de legitimidad del régimen político mexicano provocada por la irrupción del Frente Democrático Nacional (FDN) en las elecciones presidenciales de 1988, nació el PRD hace casi 28 años.

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julio 14, 2014

Reformar no es el camino

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Reformar a México no nos llevará al país que necesitamos, no lo ha hecho antes y no lo hará ahora. Existe creciente evidencia académica de que la reforma no lleva inminentemente al desarrollo económico de las naciones (Andrews 2013, Grindle 2010, Andrews et al 2012; Rodrik 2003). No lleva porque el espíritu de la reforma y lo que por cuestiones pragmáticas termina implementándose suelen ser diferentes.

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mayo 28, 2013

¿Qué fallas tiene la propuesta de reforma electoral del PAN?

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Parece que en México se ha consolidado desde hace varios años ya la costumbre de hacer de las reformas electorales el “postre” de cada elección Presidencial. Así, con excepción del proceso electoral del año 2000; después de cada proceso electoral se plantean nuevas reformas que buscan subsanar las deficiencias evidenciadas en la reciente elección. Como diría Lorenzo Córdova “lo único definitivo es materia electoral, es que no hay reforma definitiva”.

En este contexto, tantos las principales fuerzas políticas como el Ejecutivo Federal –que incluyó dentro del “Pacto por México” un compromiso al respecto- ya prevén un serie de reformas “políticas” de diverso calado para modificar, una vez más, el sistema político-electoral del país.

El Partido Acción Nacional tomó la batuta y presentó su iniciativa de reforma electoral que, aunque en este primer momento se enfoca –como lo han hecho todas las reformas presentadas en últimas fechas- únicamente en modificaciones al texto constitucional, propone una transformación significativa principalmente en el modelo institucional electoral.

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Fuente: Cuartoscuro

Menos de dos semanas después de iniciar su mandato, y antes de promover otras reformas claves para el país, el Presidente Peña Nieto presentó el Lunes su iniciativa de reforma educativa. Ese simple hecho ya constituye un avance. Las dos últimas grandes reformas educativas no se dieron sino hasta bien comenzado el sexenio. La Alianza por la Calidad de la Educación de Felipe Calderón se presentó en Mayo del 2008.  El Compromiso Social por la Calidad de la Educación de Vicente Fox (reforma que creó el INEE) se firmó en Agosto de 2002. ¿La otra gran diferencia? Los acuerdos diseñados por Fox y Calderón llevaron la rúbrica del SNTE. En esta ocasión el representante del SNTE tuvo un papel menos protagónico. Además de que claro, ninguno de los dos Presidentes anteriores llevó sus reformas al orden constitucional. En México, dice el refrán, forma es fondo. En esta ocasión, las formas son muy distintas.

Esperemos que realmente forma sea fondo, porque de fondo, la iniciativa de reforma contiene menos novedades. Tanto Fox como Calderón buscaron impulsar la autonomía de las escuelas, aumentar la inversión en infraestructura y equipamiento tecnológico, elevar la calidad docente, recompensar mediante estímulos y otros programas el buen desempeño docente e impulsar la evaluación educativa autónoma. En el caso de Calderón, se instituyeron los concursos de ingreso y promoción docente que prometían, igual que ahora, profesionalizar la carrera docente, hacer más transparentes los criterios de ingreso y ascenso y, al final del día, redituar en un profesorado mejor capacitado. No hay un estudio o evaluación rigurosa que nos permita saber si los concursos lograron el resultado que se buscaba, pero su instrumentación dejó mucho que desear. Muy pocas plazas realmente fueron sometidas a concurso y los exámenes de ingreso y promoción, aunque técnicamente válidos, eran insuficientes para alcanzar los grandes objetivos de mejorar la calidad docente que la reforma persiguió.

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A tres días de iniciado el gobierno del Presidente Enrique Peña, las portadas de los diarios estuvieron dedicadas -con bombo y platillo- al “Pacto por México”. Documento firmado por los líderes de los tres grandes partidos y encabezados por el propio Presidente. Frente a las supuestas rijosidades del pasado, a los ojos de muchos, esta vez se veían muy bonitos estos muchachitos. ¿Pero nos convienen los muchachitos así de bien peinados? El Pacto es un enorme catálogo de ideas y propuestas agrupadas en “95 compromisos” que dicen apuntar a “las reformas que el país necesita”. En muchos casos se puede argumentar que –en efecto- el país las necesita (en otras no tanto). Aunque leo algunas buenas intenciones detrás del Pacto, varios de sus posibles efectos en la democracia mexicana son preocupantes. Algunas de estas preocupaciones tienen que ver con los efectos deliberativos, otras con los efectos políticos. Aquí van.

1) Algunos de los 95 compromisos son muy específicos, pero muchos otros no lo son y -en otros casos- no queda claro que realmente gocen del apoyo de los tres partidos. Algunos expertos ya señalan que les molesta la poca atención a los detalles. Alejandro Hope pregunta ¿realmente todos están de acuerdo en la Gendarmería Nacional? Alejandro Madrazo pregunta ¿dónde quedaría la despenalización del aborto si adoptamos un Código Penal Único? El Presidente declara que se busca construir una “mayoría estable” en los temas fundamentales. Sin embargo ¿cómo podemos esperar la existencia de esa “mayoría estable” cuando muchos de los pactos están basados en una ambigua generalidad? Me temo que la estabilidad de esa mayoría dependerá de quién lleve mano en interpretar el texto y castigar al que dude o lo cuestione en público. Es de esperarse que sea el Presidente el que lleve la mano. Por eso bien puede considerarse que  una motivación parcial del PAN y del PRD para participar en un Pacto de esta naturaleza no fue precisamente la convicción sobre cada uno de los puntos, sino el chantaje. El que quedase fuera habría pagado por el desprestigio actual de la clase política: “los partidos son rijosos, no se ponen de acuerdo en nada y es su culpa que el país no avance”. La generalidad y amplitud del pacto no sólo abre paso para el chantaje, sino que reduce los costos de salirse y –por eso- no construye una “mayoría estable” sobre bases sólidas.

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