junio 5, 2017

Los riesgos de la iniciativa #SinVotoNoHayDinero

Con el propósito de optimizar la gestión de los recursos públicos disponibles para los partidos políticos –tanto en periodos electorales como no electorales– la iniciativa #SinVotoNoHayDinero ha sumado partidarios, grupos de interés, think tanks, medios, entre otras formas de auto organización de la sociedad civil para tomar impulso en un momento donde la desafección ciudadana, la corrupción y la desconfianza socavan los emergentes pasos de nuestra democracia electoral. Jalisco será la primera entidad en implementar estos cambios, no obstante, se espera disuada a los congresos locales lo suficiente, tal y como sucedió con el tema del fuero político, una iniciativa que promovió la misma asociación encargada de restablecer en la agenda #SinVotoNoHayDinero, antes “¡Ya bájenle! menos dinero a partidos”, impulsada en 2009 por la asociación Alianza Cívica en el Legislativo Federal.

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Foto: El Universal

Foto: El Universal

El domingo pasado se llevaron a cabo, por segunda vez, elecciones vecinales en el Distrito Federal. La primera elección vecinal se hizo en 1999 a partir de una Ley de Participación Ciudadana promovida por el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, y modificada en la Cámara de Diputados por una mayoría del PRI. Según la ley las elecciones se llevarían a cabo cada 3 años, pero los partidos políticos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, se pusieron de acuerdo una y otra vez para suspender las elecciones. Aquí algunas cosas que se han escrito sobre el tema, en las que parece haber dos tonos. Unos/as dicen que pero es nada, y otros/as dicen que es una farsa. Cada análisis tiene diagnósticos -y por tanto- conclusiones distintos. De lo que no hay duda que si algo se pueden sacar son lecciones. Ojalá estas no estén basadas sólo en los encabezados de los periódicos, y en generalizaciones abstractas.

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Foto: La Jornada

Foto: La Jornada

Ayer a las doce del día se llevó a cabo el evento “Mesa de discusión: Agenda Ciudadana y Gobernabilidad: la Reforma Política” organizado por la Secretaría de Gobernación en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. El objetivo formal del evento era presentar y discutir con algunos ciudadanos, politólogos y activistas, la iniciativa de reforma política presentada por el Poder Ejecutivo.

En el evento participé como ponente. El día que me invitaron me dijeron que la discusión y presentación sería con Alejandro Poiré, Subsecretario de Población, Migración, y Asuntos Religiosos. Sin embargo, unos minutos antes de llegar al evento un amigo que ya estaba ahí me habló por teléfono para decirme que la presentación la haría el Secretario Fernando Gómez Mont.

El programa del evento anunciaba a doce ponentes, y ciento dieciocho invitados. Junto a los nombres de las ciento treinta personas hay un breve resumen curricular. Entre los ponentes habíamos dos egresados de la Universidad Iberoamericana, cuatro del Centro de Investigación y Docencia Economicas (CIDE) y seis del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). A algunas personas ya las conocía, de otras había oído hablar, y unas cuantas las conocí ahí mismo.

La primera intervención fue del Secretario, duró quince minutos. No fue un discurso rígido completamente tradicional, sino una explicación punto por punto de la iniciativa que presentaron. Es decir, trató de hacer una justificación de cada parte de la reforma, pero el centro de su argumento, con eso abrió y cerró la explicación, fue que la reforma retoma la “agenda ciudadana” porque tiene mecanismos que le dan más poder a las y los ciudadanos frente a los actores políticos. Entre ellos, la reelección legislativa y municipal, las candidaturas independientes, y la iniciativa ciudadana.

Después cada ponente tuvo cinco minutos para comentar. La mayoría reconoció dos cosas: 1) que hubiera apertura en la discusión, y 2) que efectivamente se proponen mecanismos que pueden generar mayor incidencia de la ciudadanía.

Una y otra vez, varios de los ponentes, hablaron de la importancia de la reelección. No hubo nadie que hablara en contra de la reelección como tal, pero sí se planteó un debate que es fundamental sobre el tema. Maite Azuela, activista de la organización DHP, dijo que apoyaba la reelección sólo si en paralelo se establecían instrumentos de transparencia y rendición de cuentas en el legislativo y en los cargos municipales. Guillermo García Sánchez, integrante de Vota Independiente, le contestó que la reelección por sí misma generaría la información para evaluar a las y los candidatos que se presenten a la elección. Esta no es una discusión menor.

¿Qué genera la información para evaluara a quienes pueden ser reelectos o castigados? ¿Cuáles son los mecanismos que la generan? Quienes tienen la posición de García Sánchez sostienen que la lógica misma de la competencia electoral hará que los ciudadanos consigan y distribuyan la información (y los candidatos sobre sus opositores también), en cambio quienes tienen las posición de Azuela, sostienen que esos “incentivos” no son suficientes, que se necesitan los mecanismos legales que hagan esa información exigible.

Otra crítica importante, poco discutida, la hizo Julio Ríos, investigador del CIDE, quien explicó que le parecía un error darle a la Suprema Corte de Justicia de la Nación la capacidad para meter iniciativas legislativas. Esto, dijo, implica un conflicto de interés cuando la SCJN tenga que emitir resoluciones sobre reformas legales que promueve. ¿Quién juzgaría la inconstitucionalidad de una iniciativa hecha por la SCJN? El Secretario le contestó que ese riesgo no era mayor, porque la decisión seguía en manos del legislativo. A su vez Ríos, dijo que sería más importante en una reforma política, darle autonomía frente al ejecutivo al ministerio público.

Eric Magar, investigador del ITAM, Mara Hernández de la consultoría “Centro de Colaboración Cívica”, y Frinee Pedroza de la consultoría “Estrategia Total”, dijeron que el tema principal era llevar a cabo la reforma frente a un Congreso que no ha aceptado reformas políticas previas. Magar insistió que si se tiene ceder en la negociación “yo me quedaba con reelección y candidaturas independientes” (este mínimo parecía apoyarlo la mayoría de los ponentes).

El tema más álgido, porque quien le entró al debate de frente fue el Secretario, fue el tema del umbral de registro de los partidos políticos en 4% de la votación nacional, y la segunda vuelta presidencial con las elecciones legislativas diferidas a la segunda votación. Por un lado, sostuve que ese esquema hace que el sistema político tienda al bipartidismo, con el intento de construir mayorías electorales en vez de mayorías legislativas. Gomez Mont contestó 1) que no tendía al bipartidismo, 2) que él está en contra del bipartidismo y 3) que sería un error excluir a la izquierda del sistema político (ese último punto me parece un poco autoinciminatorio…nunca dije qué bipartidismo PRI-PAN, PRI-PRD, PRD-PAN).

El tema central en esta discusión es: ¿La “eficiencia” legislativa se logra a costa de la pluralidad? o ¿La diversidad en la representación es mejor para lograr consensos?

Al final, el público tuvo la oportunidad de hacer preguntas y comentarios. Cinco personas intervinieron. De ellas, sólo dos hicieron preguntas. Una, Alberto Serdán de Propuesta Cívica A.C., que peguntó ¿Cómo controlar el peso desmedido en la discusión de los poderes fácticos en la discusiones?, y otra de Luis Fernández, estudiante del CIDE, que preguntó ¿por qué el requisito para meter una iniciativa ciudadana sería .01% del padrón electoral? A estas dos preguntas el Secretario no contestó.

De todo el evento, dos cosas valen la pena resaltar. 1) No fue una consulta pública. Esta es la reforma que presentan y esta es la reforma que quieren aprobada. 2) La peor práctica autoritaria de la política mexicana es el “ninguneo”. Cuando se discute no se suele discutir, porque las críticas son simplemente ignoradas (no le vayas a dar “cámara” a la crítica). Gómez Mont no ningunea. No sólo contesta, sino que después de que contestó dijo “Por favor si alguien se sintió aludido por mis comentarios, me gustaría escuchar su respuesta”. Los aludidos, le contestamos. Es decir, por lo menos en este caso, demostró que encuentra valioso el debate directo y público.

En los periódicos se pueden encontrar notas del evento, La Jornada, El Universal, Milenio, Reforma, y en el Blog del Enfoque del Reforma una crónica más detallada.

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referendum

El 2 de septiembre, Calderón anunció una reforma política que parecía partir de un diagnóstico adecuado; en su discurso del tercer aniversario de su gobierno esbozó los términos de lo que presentaría y finalmente ha enunciado los contenidos de lo que enviará al Congreso.

Lamentablemente, el buen diagnóstico de septiembre se convirtió en un domingo siete anunciado. En lugar de proponer una reforma democratizadora, Calderón ofrece un menú acedo de más presidencialismo y menos representación. El viejo sueño de los fundadores del PAN, que siempre imaginaron un país bipartidista donde ellos se alternaran en el poder con el PRI se refleja en la iniciativa presidencial.

Una a una, las propuestas presidenciales reafirman el carácter conservador del gobierno que las propone. Empecinados en transitar por el camino fallido del presidencialismo, diseño del siglo XVIII al que México se ha aferrado a pesar de sus sucesivos fracasos, los diseñadores del proyecto presidencial no hacen más que parchar el raído traje con supuestas fórmulas innovadoras que, sin embargo, han dado ya magros resultados en otros países de América Latina donde se han probado.

La segunda vuelta sólo en la elección presidencial no sirve realmente para fortalecer a la presidencia, pues no resuelve el conflicto potencial entre ejecutivo y legislativo. Por el contrario, lo puede agudizar, como ocurrió en el Perú con Fujimori. La reducción de diputados y de senadores aleja la representación de la ciudadanía, recorta pluralidad y favorece a quién si no al PRI y, en menor medida, al PAN. La elevación del porcentaje para que un partido entre a la cámara del dos al cuatro por ciento  deja sin representación a opciones capaces de atraer a más de un millón de votantes. Por lo demás, en la propuesta de Calderón no hay nada sobre la modificación de un sistema de registro de partidos que propicia el clientelismo y la corrupción. La reforma propone menos partidos pero igual de clientelares y poco ciudadanos.

Hasta en sus aspectos positivos, como el de abrir la posibilidad de reelección de diputados y alcaldes la propuesta es conservadora, pues pone un límite y no dice nada sobre el fortalecimiento de los cabildos como espacios de representación plural.

Creen los diseñadores que la iniciativa preferente va a fortalecer a la presidencia. Lo más probable es que frecuentemente sirva para exhibir la debilidad presidencial. Lo demás es cosmético. Las candidaturas independientes no van a servir de mucho, a menos que caigan en manos de caudillos o de millonarios; la iniciativa popular es un camelo que no va a dar ningún resultado. La realidad de la reforma es que recorta pluralidad y ni acerca la representación a la ciudadanía ni resuelve el conflicto entre el ejecutivo y el legislativo. Eso sí, va a propiciar un reparto oligárquico del poder. A ver si los excluidos no agudizan el conflicto en las calles, fuera de las instituciones, como ocurría antes de 1977.

Jorge Javier Romero. Politólogo.

El 1 de septiembre, Calderón anunció una reforma política que parecía partir de un diagnóstico adecuado; en su discurso del tercer aniversario de su gobierno esbozó los términos de lo que presentaría y finalmente ha enunciado los contenidos de lo que enviará al Congreso.

Lamentablemente, el buen diagnóstico de septiembre se convirtió en un domingo siete anunciado. En lugar de proponer una reforma democratizadora, Calderón ofrece un menú acedo de más presidencialismo y menos representación. El viejo sueño de los fundadores del PAN, que siempre imaginaron un país bipartidista donde ellos se alternaran en el poder con el PRI se refleja en la iniciativa presidencial.

Una a una, las propuestas presidenciales reafirman el carácter conservador del gobierno que las propone. Empecinados en transitar por el camino fallido del presidencialismo, diseño del siglo XVIII al que México se ha aferrado a pesar de sus sucesivos fracasos, los diseñadores del proyecto presidencial no hacen más que parchar el raído traje con supuestas fórmulas innovadoras que, sin embargo, han dado ya magros resultados en otros países de América Latina donde se han probado.

La segunda vuelta sólo en la elección presidencial no sirve realmente para fortalecer a la presidencia, pues no resuelve el conflicto potencial entre ejecutivo y legislativo. Por el contrario, lo puede agudizar, como ocurrió en el Perú con Fujimori. La reducción de diputados y de senadores aleja la representación de la ciudadanía, recorta pluralidad y favorece a quién si no al PRI y, en menor medida, al PAN. La elevación del porcentaje para que un partido entre a la cámara del dos al cuatro por ciento deja sin representación a opciones capaces de atraer a más de un millón de votantes. Por lo demás, en la propuesta de Calderón no hay nada sobre la modificación de un sistema de registro de partidos que propicia el clientelismo y la corrupción. La reforma propone menos partidos pero igual de clientelares y poco ciudadanos.

Hasta en sus aspectos positivos, como el de abrir la posibilidad de reelección de diputados y alcaldes la propuesta es conservadora, pues pone un límite y no dice nada sobre el fortalecimiento de los cabildos como espacios de representación plural.

Creen los diseñadores que la iniciativa preferente va a fortalecer a la presidencia. Lo más probable es que frecuentemente sirva para exhibir la debilidad presidencial. Lo demás es cosmético. Las candidaturas independientes no van a servir de mucho, a menos que caigan en manos de caudillos o de millonarios; la iniciativa popular es un camelo que no va a dar ningún resultado. La realidad de la reforma es que recorta pluralidad y ni acerca la representación a la ciudadanía ni resuelve el conflicto entre el ejecutivo y el legislativo. Eso sí, va a propiciar un reparto oligárquico del poder. A ver si los excluidos no agudizan el conflicto en las calles, fuera de las instituciones, como ocurría antes de 1977.

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Imagen: CENCOS

Imagen: CENCOS

La semana pasada publicamos el texto de Eric Magar en favor de la reelección. Hoy, decidimos compartir algunos argumentos en contra de la reelección publicados recientemente en periódicos nacionales. Esto con el interés de avivar la discusión pública sobre el tema.

Federico Berrueto: La reelección de Calderón (Milenio)

La reelección de legisladores es una mala y contraproducente propuesta; sus virtudes hipotéticas no se sustentan en la realidad; extraña que muchos académicos que la promueven ni siquiera entiendan los problemas que la reelección tipo norteamericano plantea al sistema de representación vigente. Legisladores reelectos no garantizan calidad, sí un freno a la de por sí limitada renovación política.

Hay malos legisladores porque existen niveles altísimos de impunidad en su desempeño. Asumir que el voto es instrumento de sanción o de premio ciudadano es un craso error, como lo constatan las elecciones en Puebla y Oaxaca.

El problema es la ineficacia del voto como recurso de control ciudadano. La reelección profundizaría el problema, ya que uno de sus efectos sería acentuar el tráfico de influencia para satisfacer no a los ciudadanos, sino a los factores que inciden en las campañas y los resultados; en EU, 98% de los diputados que pretenden reelegirse lo logran y no es por virtud, sino porque quienes buscan reelegirse cuentan con un desproporcionado financiamiento respecto a quienes les compiten. Los datos son públicos y verificables. Pensar que el IFE o los partidos lo podrían evitar o contener es broma de mal gusto.

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Fernando Escalante: ¡Que rindan cuentas! (La Razón)

El argumento es tramposo, además, porque los diputados hoy rinden cuentas y los electores pasan factura con absoluta claridad: evalúan el desempeño de los partidos, que es mucho más razonable y más sencillo para la inmensa mayoría de la gente. Con la ventaja de que la disciplina partidaria y el interés que tienen los partidos en ganar elecciones en todo el país contribuyen a darle coherencia al comportamiento parlamentario. En otras palabras, no se diga que hace falta que los diputados “rindan cuentas”, dígase que por el motivo que sea se prefiere tratar de quebrar la disciplina partidaria en un sistema que permita “maicear” uno por uno a los diputados.

Ya que estamos en el tema, no está de más recordar que en nuestra vida pública quienes no rinden cuentas son precisamente los “líderes de opinión”; los que nos anunciaron el choque de trenes, los que nos pidieron el “voto útil” para Fox, los que nos dijeron que la mitad del electorado anularía su boleta… Y que ahora exigen la reelección. Habría que hacer una lista y, cuando empecemos a ver los resultados de su modelo, pedirles que rindan cuentas.

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Carlos Bravo Regidor: Ironía de la Reelección (La Razón)

La ironía, pues, es que quienes apuestan por la reelección como fórmula para hacer más representativa, para “mejorar la calidad” de nuestra democracia, están promoviendo, al hacerlo, una reforma que no refleja la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, sino la voluntad de la mayoría de esos legisladores que, según la muletilla, no nos representan.

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Hace poco más de 4 años la revista Expansión publicó un interesante intercambio entre Fernando Dworak (a favor) y Fernando Escalante (en contra) sobre el tema.

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El domingo pasado se anunció, con bombo y platillo, una iniciativa para abolir la absurdaMesa_de_votación-elección_presidencial_chilena_de_1915 prohibición de que legisladores y alcaldes puedan aspirar a reelegirse en sus cargos. Varias iniciativas como ésta naufragaron anteriormente, la última de envergadura respetable en 2005. La actual presenta la novedad de que fue el Presidente mismo quien se comprometió a someterla al Congreso.

El origen presidencial servirá para darle vigor a esta importante discusión, pero sin duda le dará también pretexto a la oposición para torpedear la reforma. Es imperativo entender que su aprobación no sería una dádiva al presidente, sino que los beneficiarios netos serían los ciudadanos y nuestra joven democracia.

En su clásico Poliarquía, Robert Dahl lista siete condiciones necesarias para la democracia. El gobierno debe emanar de la voluntad popular, en elecciones periódicas, por sufragio universal y en las que cualquier ciudadano puede aspirar a competir. Debe garantizarse la libertad de expresión (en particular para criticar al gobierno y sus oficiales) y la de asociación. Múltiples fuentes deben competir por informar al ciudadano.

Quien conozca México notará una omisión mayúscula en los siete requisitos de Dahl. Poder aspirar a reelegirse en el cargo es también fundamental para la salud democrática. Es el octavo elemento. La diferencia entre prohibir la reelección inmediata y permitirla (como hacen hoy todas las democracias del mundo excepto México y Costa Rica) puede resumirse en votar con base en lemas y promesas o votar con base en hechos y resultados. Todos podemos prometer las perlas de la virgen, pero muy pocos podremos entregarlas.

Permitirle al representante, al concluir su mandato, acudir nuevamente a su electorado para pedir su voto garantiza que se le evalúe por sus logros y no por palabras vanas. ¿Qué representante de un distrito de clase media y que aspire a reelegirse hubiera apoyado un aumento de impuestos a los contribuyentes cautivos? Ninguno, como nadie nos anunció tampoco que lo haría en la pasada campaña.

Desafortunadamente, la reelección atentará contra el interés de los liderazgos partidistas. Legisladores y alcaldes incapacitados para reelegirse dependen de la magnanimidad del partido para obtener su siguiente nombramiento. La no reelección es una fórmula idónea para que los representantes bailen al son de los apparatchik partidistas y no al son de sus representados.

Rechazar esta reforma no será una victoria contra Calderón. Será otra derrota ciudadana. Es vital impedir que vuelva a naufragar. La reelección inmediata, al restaurar la representación política, logrará que todo lo demás caiga en su sitio tarde o temprano.

Eric Magar. Profesor e Investigador del Departamento de Ciencia Política del ITAM.

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