Desde la semana pasada se hizo público el caso de Itzel Cisneros Mondragón, quien fuera estudiante del Doctorado en Literatura Hispánica del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios (CELL) de El Colegio de México y que fue expulsada del programa en agosto de 2015 por haber plagiado 18 pasajes de un artículo que fue publicado en la revista electrónica española Espéculo en mayo de 2011.1 El título del artículo que fue motivo de la expulsión es “Agustín de Salazar y Torres (poeta suelto, festivo; pero desde México trajo el gongorismo bien metido en el cuerpo)”. La autora de la tesis de licenciatura de donde fueron copiados los 18 pasajes es la ahora Dra. Raquel Barragán Aroche, quien presentó dicha tesis en la UNAM en junio de 2008 y que actualmente trabaja en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la misma universidad. Como resulta evidente, el fraude académico fue cometido por Cisneros Mondragón cuando no era estudiante del Colegio. Sin embargo, y este es un aspecto crucial desde una perspectiva académica, ella incluyó el artículo en cuestión como parte del expediente que presentó en el concurso en el que participó para poder ingresar en el doctorado del CELL. 

Leer más

Leer completo

junio 23, 2013

El “secreto” de Boris

copi

A varios colegas plagiados, en solidaridad

Como alumnos nos molestaba su informalidad y su ausentismo. Odiábamos esperarlo más de una hora para después escucharlo decir que el nuevo paradigma de nuestra disciplina era la “erótica de la historia”. No le guardo resentimiento por ello. Sabíamos que en una facultad tan grande había todo tipo de profesores, y que Boris se encontraba en las antípodas de nuestros admirados Antonio Rubial, Alfredo López Austin o Juana Gutiérrez Haces. Nos convencimos también de que no seríamos profesores faltistas ni impuntuales. En mi caso, creo que su ejemplo negativo funcionó tanto como una frase popular que Andrea Sánchez Quintanar solía recordar: “Nadie puede enseñar lo que no sabe”.

Diez años después regresé como profesor de asignatura a la facultad que me había formado; a la que quiero y admiro profundamente. Su vitalidad y diversidad volvió a entusiasmarme y me hizo ignorar los inevitables claroscuros. Sin embargo, ahí seguía Boris. Supe más tarde que un grupo de alumnos protestaba por su atávico ausentismo, y que el caso se discutía en el Consejo Técnico. Me alegró que las nuevas generaciones tuvieran más valor que nosotros una década atrás. Cuando Boris recibió un “extrañamiento” me pareció que era una medida menor; pero no le di mayor importancia. Pensé, como antes: “Esto es inevitable en una facultad tan grande como ésta. No importa. No es él quien la sostiene”. Vi después el blog que le habían hecho, y pensé: “al menos no salió indemne ante la opinión pública”. Y luego me olvidé del caso, como nos olvidamos todos, hasta que su nombre volvió a los pasillos hace unos dos meses.

Leer más

Leer completo

junio 17, 2013

El caso Berenzon y la academia mexicana

jenmielot

A estas alturas, no es necesario extenderse mucho sobre los pormenores de la trayectoria de Boris Berenzon, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México que tiene una cantidad indeterminada de plagios en su haber, incluyendo sus tesis de maestría y doctorado (grados obtenidos en la misma institución, que después se convirtieron en libros). La semana antepasada periódicos como El Universal y Reforma, particularmente el primero, le dedicaron no poco espacio en las secciones culturales de sus versiones impresas, pero en las redes sociales ha sido un tema comentado desde hace aproximadamente dos meses (al menos entre los interesados en cuestiones académicas). El historial del profesor Berenzon empezó a ser de conocimiento público a raíz de una carta enviada al Dr. José Narro, rector de la UNAM, con copia a siete autoridades académicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad y a otras personalidades del SNI y de la Universidad de Guadalajara; esta carta está fechada el 1° de abril de este año. En ella, el señor Juan Manuel Aurrecoechea acusó al profesor Berenzon de plagio de por lo menos 18 párrafos del libro Puros cuentos (Historia de la historieta en México 1874-1934), escrito por el Sr. Aurrecoechea en coautoría con Armando Bartra y publicado en 1988 por el CONACULTA, el Museo de Culturas Populares y Editorial Grijalbo. Este libro fue “reproducido ampliamente” por el profesor Berenzon, sin dar crédito alguno, en su libro Retratos de la revuelta, publicado por la Editorial Universitaria de la Universidad de Guadalajara en 2010. Aunque los plagios detectados y comprobables hasta la fecha del profesor Berenzon son cerca de una decena, lo cierto es que desde mucho antes de que saliera a la luz su caso fue creado un blog anónimo (que conocen bien los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras): “Yo quiero un trabajo como el de Boris Berenzon”. Más allá del anonimato de este blog, en él es posible constatar varias cosas sobre el profesor Berenzon que eran vox populi en dicha facultad desde hace tiempo; entre ellas destaco su ausentismo rampante en los cursos que supuestamente imparte en dicha facultad (un ausentismo que, de hecho, lo hizo acreedor de un extrañamiento por parte de las autoridades universitarias en mayo del 2011).

Leer más

Leer completo

noviembre 27, 2012

Bryce y las instituciones

 

La larga estela del escándalo Bryce Echenique sigue echando algunas chispas en la FIL y en la prensa (ver aquí, acá y acá). Ya no hay nada que discutir acerca de si premiarlo o no (su cheque ya ha de estar depositado en el banco). Si el escándalo aún continúa es porque hay una dimensión crucial en el debate que no tiene que ver con las calidades del autor o del jurado, sus hábitos de producción o la poca gracia con la que enfrentó la adversidad. A pesar de que esta publicación (Nexos) fue víctima recurrente de los “plagios inteligentes” y los “plagios serviles” que desataron la polémica, en realidad, el autor galardonado no es tan importante como las consecuencias y motivaciones que la acción del Estado y de las instituciones tienen y pueden tener en casos como estos. A fin de cuentas, bromeó bien Alberto Ruy Sánchez cuando preguntó al público “¿y quién es Bryce Echenique?”. En el fondo éste fue –sobre todo- un problema institucional.

La Comisión de Premiación del galardón (que no el jurado elector) estuvo compuesta por representantes de aquellos que organizaron y financian el premio: las principales instituciones culturales de la federación (CONACULTA y FCE), del estado de Jalisco (Secretaría de Cultura y Universidad de Guadalajara), del ayuntamiento de la ciudad de Guadalajara y de las compañías privadas que donan parte del premio total y de la feria literaria que enmarca el galardón. Todas estas autoridades se han comprometido a reconocer como inapelable el veredicto del jurado sobre quién debe recibir el premio, pero sólo dependió de ellos (y no del jurado) erogar el dinero que acompañó el reconocimiento. Son dos cosas diferentes. No fue ni es un deber menor decidir si una decisión colegiada y subjetiva de un jurado debe estar acompañada de una transferencia de fondos públicos y privados.

Leer más

Leer completo

Una nota en el diario El Universal me hace decir que  pido respeto a la entrega del premio Fil 2012 a Bryce Echenique.  La nota incluye al pasar, subordinadamente, mi  verdadera posición en este affaire. No es otra que la de los académicos y críticos que han sostenido que el plagio es inaceptable. La misma que ha sostenido desde el principio del affaire esta revista.

Bryce es un buen escritor,  pero su condición de plagiario lo hace inelegible para un premio que juzga la integridad  de una obra personal. El jurado se equivocó dos veces: premiando a Bryce a sabiendas de su condición de plagiario y sosteniéndose en su decisión contra los hechos.  Le hicieron un flaco servicio al premiado y al premio. Bryce no tuvo la  humildad,  la grandeza, o  la astucia, de rechazar el premio, con lo que hizo otro flaco favor al premio, al jurado y a sí mismo. Ha terminado todo en una ceremonia secreta, con la entrega del premio a escondidas, lo cual no ha hecho sino agregar opacidad  y descrédito al asunto.

La contumacia del jurado y el silencio de Bryce dejaron a los patronos del Premio ante un dilema imposible: respetar la decisión del jurado, cuya decisión es inapelable según las reglas del Premio, o desconocer esas reglas y crear el precedente de que los patronos pueden enmendar el fallo del jurado. Eligieron respetar las reglas y pagar el doble costo de premiar: en efectivo y en desprestigio.

Leer más

Leer completo

Imagen: Walter Toscano

En días recientes, en este blog, hemos publicado varios textos con argumentos explicando por qué los plagios cometidos (también presentados) por Alfredo Bryce Echenique son suficiente razón para no darle el premio FIL 2012. La discusión pública sobre el tema ha sido rica, y distintos puntos de vista se han expresado en varios medios impresos y en internet. No son muchos los textos publicados defendiendo la entrega del premio a Bryce Echenique, pero sí los hay y centran su argumentación en la distinción entre la obra literaria de un autor y su obra periodística. Es decir reconocen que Bryce Echenique plagió, pero acotan los efectos de ese plagio sólo a una faceta de su trabajo a la cual -se dice- no se le otorga el premio, pues se le otorga a otra parte de su trabajo que no fue plagiada y que por méritos literarios -dicen- merece el premio.

En afán de darle voz a los dos lados de la discusión ofrecemos algunos párrafos de quienes sostienen la posición antes descrita:

Juan Cruz en El País:

Me ha dejado estupefacto la recarga de adjetivos peyorativos que ha sufrido la totalidad de Alfredo, no un poco de Alfredo, sino la totalidad de Alfredo, como si una conjura más grande que la vida (en la que también participan, aunque no hayan querido, algunos que se titulan amigos suyos) se hubiera cernido sobre su persona y no sólo porque en su historia personal y pública haya la mancha que ahora quieren verle no sólo en un lado de la chaqueta sino en el cuerpo completo, como si Bryce no tuviera que existir al menos como el otrora celebrado autor de obras de ficción (y de memorias) que a mucha gente nos resultan imprescindibles para conocer su alma cambiante y el alma cambiante de la vida.

Leer más

Leer completo

México D.F., a 21 de octubre del 2012

En una reunión que tuvo lugar el 17 de octubre pasado, la Comisión de Premiación del Premio FIL de Literatura 2012, integrada por Raúl Padilla (Presidente de la Asociación Civil del Premio FIL), Roberto Vázquez Díaz (representante de CONACULTA en nombre de Consuelo Sáizar), Joaquín Díez-Canedo (Director General del FCE) y Jorge Souza Jauffred (representante del Gobierno del Estado de Jalisco), determinó entregarle “en los próximos días” el Premio FIL 2012 a Alfredo Bryce Echenique “en su ciudad de residencia” (en los días por venir, la ciudad de París). En el comunicado que dio a conocer la FIL al día siguiente, dicha Comisión afirma que comprende el malestar y las protestas que algunos académicos y miembros de la comunidad cultural han manifestado en contra de la decisión del jurado y afirma también respetar las posturas críticas que se han expresado al respecto. Sin embargo, enseguida añade que la decisión del jurado es inapelable. Es con base en esta “inapelabilidad” que la Comisión de Premiación adoptó la decisión ya referida. Esto lo hicieron al amparo de la cláusula décima de la convocatoria del premio, que le otorga a esa comisión la facultad de resolver cualquier “situación no prevista”.

Lo primero que tenemos que manifestar es que el objetivo que nos propusimos desde que hicimos pública nuestra inconformidad con el otorgamiento del Premio FIL 2012 a Bryce Echenique no se ha cumplido. Creemos, sin embargo, que la Comisión de Premiación ha dado un paso que no es menor: su decisión nos parece una clarísima llamada de atención al desempeño del jurado, concretamente a su despreocupación manifiesta por haber elegido como ganador del Premio FIL 2012 a un plagiario contumaz. Conviene no confundirse a este respecto. La decisión de premiar a Bryce Echenique fue adoptada por los siete miembros del jurado y sólo ellos podían revocar la decisión original. En la situación presente, son ellos los únicos que pueden modificar la resolución tomada por la Comisión de Premiación. Si la decisión del jurado es inapelable, como recuerda esta Comisión en el comunicado que nos ocupa, este hecho no excluía (y no excluye) la posibilidad que tiene aquél de reconsiderar.

Leer más

Leer completo

 

Primero, llenaron de adjetivos a quienes cuestionaron que el Premio FIL de Literatura 2012 se hubiera concedido a un escritor sobre el que pesan varias docenas de plagios probados. Luego trataron, infructuosamente, de propalar la versión de que las acusaciones de plagio eran infundadas y que Alfredo Bryce Echenique había sido “desmultado”. Cuando la mentira fue derribada por el Indecopi, la oficina de derechos de autor de Perú, intentaron demostrar que toda obra periodística es un islote ajeno al continente en donde se halla el resto de la obra de un autor: lamentaron que los críticos no vieran más que la parte manchada en la chaqueta de un escritor extraordinario, y no prestaran atención a la otra, en donde refulgían sus cuentos, sus novelas, sus ensayos. El jurado y los organizadores del premio colectaron más tarde en el extranjero un centenar de nombres, y los estamparon en una carta que, sin presentar un solo argumento, tuvo el doble propósito de victimizar a Bryce, y de acusar a escritores, académicos, críticos literarios, analistas y periodistas procedentes de las más diversas franjas, de haber enderezado contra el novelista una campaña de violencia inédita, que atentaba contra los principios mismos de la democracia. No destinaron una sola línea de esa carta al origen verdadero de las críticas. No mencionaron, ni de paso, la palabra “plagio”: los plagios que Bryce Echenique cometió sistemáticamente durante años, robando textos íntegros de otros autores, y engañando sin pudor alguno a lectores y editores de diversos países.

Ahora, de espaldas al medio cultural –cuyo malestar encuentran, sin embargo, “respetable”–, el jurado y los organizadores adoptan la decisión de adelantar la entrega del premio: de entregarle a Bryce el galardón a escondidas, en su propia casa, para evitar que el día de inauguración de la feria pudiera convertirse en una fecha que hiciera visibles las protestas. Adoptaron la decisión de entregar uno de los reconocimientos más importantes de Hispanoamérica, y sin duda el de mayor peso en México, sin ceremonia pública ni discurso de recepción. Decidieron entregar el premio de manera vergonzante, “en lo oscurito”, como si tratara de un botín, y no de un reconocimiento literario.

Leer más

Leer completo

Pedagogía del plagio

Tiene razón Fernando Escalante: el jurado del premio FIL ha galardonado a un escritor tramposo e indecente. Alfredo Bryce Echenique es un plagiario conocido. La decisión, por ello, es lamentable. Y lo mismo vale para la defensa que ha hecho Jorge Volpi de ese fallo. Dice Volpi que “el Premio FIL decidió no pronunciarse -no avalar ni condenar- las acusaciones de plagio recibidas por Bryce.” Así, sin más, como si esa afirmación no necesitara justificación alguna. Además, no entiendo por qué acusa a los críticos de la decisión de incubar el virus de la intolerancia y del autoritarismo. Según Volpi, descalificar al premio y al jurado implica pasar de la crítica a la calumnia. Otra vez, no entiendo.

Leer más

Leer completo

 

En relación a la carta que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara difundió hace dos días en apoyo a la designación del escritor Alfredo Bryce Echenique como ganador del premio FIL 2012 de Literatura en Lenguas Romances, pensamos que los 110 firmantes están en su derecho de defender las razones del jurado. Sin embargo, nos preocupan la forma y el fondo de esa misiva. Si bien el propósito era reunir muchas firmas de escritores y académicos de diversas partes del mundo, quienes solicitaron la adhesión no proporcionaron información completa y fidedigna. Se presentó el caso de los plagios cometidos por Bryce Echenique como un asunto “no resuelto”, sembrando duda sobre algo que a estas alturas es incontrovertible. Algunos, por tanto, firmaron sin pleno conocimiento de causa. Es el caso, por ejemplo, del escritor chileno Rafael Gumucio, quien se ha deslindado públicamente de la carta (razón por la cual ha sido borrado de la misma).

En segundo lugar, nos parece reprobable la aseveración de que existe una campaña mediática orquestada contra el escritor. Ese argumento repite la estrategia que Bryce Echenique ha utilizado para invalidar las justificadas acusaciones de plagio en su contra. En cambio, la carta calla sobre uno de los orígenes más importantes de la protesta: una carta firmada por doce académicos. Más aún, rechazamos la lógica que pretende hacer equivalentes la “persecución moral” y el debate sobre el otorgamiento del premio; un debate que es no sólo legítimo, sino necesario en una sociedad democrática. Las “decisiones artísticas” no son infalibles. Además, rechazamos la idea de que los “ciudadanos de la cultura” estén exentos, en éste o en cualquier otro país, de las exigencias éticas y jurídicas que debe cumplir todo ciudadano. No es el número de firmantes ni su prestigio lo que importa aquí, sino las razones ofrecidas.

Leer más

Leer completo