binomEn este blog hemos hecho una extensa cobertura sobre las discusiones vinculadas a la Reforma Política en nuestros país (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 ). Uno de los temas centrales ha sido el sistema electoral, y en particular, el método de asignación de escaños en el Congreso de la Unión. Es decir, hay distintas maneras de responder a la pregunta ¿cómo y en que proporción se deben traducir los votos por un partido o candidato en curúles dentro de las cámaras legislativas? Esta discusión no es específica a México, ni nueva, como muestran varias referencias a las discusiones en el Reino Unido, España y Venezuela en donde cada vez es mas claro que una amplia disproporcionalidad entre votos y escaños es indeseable.

En este momento parece que la discusión sobre una reforma electoral se abre una vez más en Chile, en donde en la última elección presidencial el electorado se dividió en tres (en la primera vuelta): Sebastián Piñera 44%, Eduardo Frei 30%, Marco Enríquez-Ominami 20%, Jorge Arrate 6%.

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Imagen: El Nacional, Venezuela

Imagen: El Nacional, Venezuela

La oposición en Venezuela ha tomado con optimismo los resultados electorales generales que ha hecho oficial el Consejo Nacional Electoral (CNE). Los datos electorales indican un regreso del pluralismo político a la Asamblea Nacional. El PSUV ha obtenido 98 escaños, la oposición 65 y el PPT 2. En estas elecciones hubo una alta participación ciudadana con un 66.45%, lo que corrobora el interés cívico de los venezolanos (as) en estas elecciones legislativas. No obstante, la oposición inicia ahora el cuestionamiento a la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPE), reingeniería electoral realizada por el legislativo chavista y que favoreció significativamente en la traducción de votos por escaños al PSUV. Veamos cifras. La oposición obtuvo el 52% de los votos contra el 48% a favor del oficialismo, cifras que no reflejan la mayoría en votos por parte de la oposición, pues sólo obtuvo el 41% contra el 59% de escaños por el PSUV. De acuerdo con el Grupo Ávila un estado rural como Amazonas elige a un diputado con 20 mil electores, mientras que en Zulia, el estado más poblado, se requieren de 400 mil votos para elegir a un diputado (Aquí más información sobre la disproporcionalidad del sistema venezolano).

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onepersononevote

En el Blog de la Redacción, hemos dado cobertura a la discusión en México sobre los sistemas proporcionales y de mayoría relativa para la integración del poder legislativo. En el número de junio, de la edición impresa,  publicaremos un resumen de dicha discusión en nuestro país. En el resumen que está por publicarse se argumenta que el debate entre mayoritistas y proporcionalistas no es exclusivo a México,  y tampoco es exclusivo a este momento en el tiempo. Una evidencia más de dicho argumento es la discusión que en estos días se está llevando a cabo en España, que aunque similar a la discusión en México, su secuencia ha sido opuesta. Es decir, en España, primero los proporcionalistas criticaron el sistema por no se suficientemente proporcional, y después los mayoritistas han salido a defender el status quo diciendo que si fuera más proporcional no permitiría que los partidos en el gobierno tuvieran una clara mayoría.

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raising_hands_ezg_2Leí con atención e interés la “Respuesta a la respuesta de Andrés Lajous” que publicó hace un par de semanas José Córdoba en este blog. Su respuesta es interesante porque amplía a partir de cierto sustento teórico las afirmaciones que él y otros comentaristas han hecho en espacios periodísticos. A su vez, me parece que los argumentos que usa reflejan las prioridades normativas y prácticas de quienes sostienen la posición “mayoritista” en nuestro país.

1. Córdoba usa el teorema de Arrow para afirmar que el debate entre proporcionalidad y mayoría está cerrado a partir de su publicación. Esta afirmación es particularmente interesante considerando que el texto de Arrow fue publicado hace casi 60 años, y el debate entre proporcionalidad y mayorías sigue vigente como lo demuestra cualquier mínimo análisis a través del tiempo en los cambios y combinación entre un sistema y otro en todo el mundo (Miles de libros y artículos se han escrito sobre el teorema de Arrow, esto sin considerar que otro tanto se han escrito específicamente sobre los efectos de sistemas proporcionales y de mayoría. Dudo mucho que alguien se atreva a afirmar que toda esta literatura sólo son reafirmaciones textuales del teorema de Arrow).

2. Después de la detallada, y a mi manera de ver irrelevante para la discusión, explicación del teorema de Arrow (el cuál en buena medida trata sobre los problemas de las votación de mayoría), Córdoba entra en una suerte de “relativismo” argumentativo sobre los sistemas electorales (Gabriel Negretto y Jorge Javier Romero ya han escrito sobre este punto). Este relativismo es inconsistente con su propia posición. Por un lado dice que “es imposible sostener, en general, que un sistema electoral es superior – menos aún, más democrático – que otro sistema electoral”. Con esa afirmación uno podría o simplemente aceptar las razones arbitrarias por las cuales vive en un país con un sistema u otro, o no poder distinguir entre el gobierno electo por muchas personas, y un gobierno electo por una sola persona. Sin embargo, la argumentación de Córdoba no le permitiría preferir un sistema sobre otro, pues insiste en modificar el sistema electoral mexicano para que garantice mayorías unipartidistas, y después intenta evadir las consecuencias de su elección.

3. En su texto Córdoba afirma que John Stuart Mill era una utilitarista clásico como Jeremy Bentham, y después en tono de burla afirma que “Hoy en día ya no existen adepto del utilitarismo clásico (…bueno, tal vez quedan algunos en México)”. Sin embargo, el gran éxito de Mill como filósofo político es que ni siquiera él era un adepto del utilitarismo clásico. Mill, a diferencia de Bentham, defiende al individuo pese a que su defensa no garantice el bienestar agregado de la mayoría. Es exactamente por esta razón que Mill hizo una defensa del sistema proporcional, le parecía que había que generar mecanismos que representaran a las minorías, frente a las mayorías. El principio de representación proporcional para un utilitarista clásico es un “sin sentido parado en zancos”, calificativo que parece usar la argumentación de Córdoba y otros mayoritistas sobre el sistema proporcional. El párrafo sobre el utilitarismo es en el que se logra dilucidar con mayor claridad la tergiversación argumentativa de Córdoba. Es él quien dice que el sistema electoral tienen que cambiarse pues  “hay reformas necesarias” y la necesidad de “cambios radicales” que sólo se podrían hacer con un sistema que produzca mayorías unipartidistas que no necesitan negociar con minorías. ¿Quienes son los utilitaristas clásicos mexicanos a los que se refiere?

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Kenneth Arrow

Kenneth Arrow

Las contribuciones recientes de José Córdoba al debate sobre la reforma política en México, son dignas de elogio. A diferencia de muchos de los que opinan sobre este tema, Córdoba presenta argumentos teóricos de peso para defender la postura de que México necesita abandonar el carácter híbrido de su sistema para elegir diputados y pasar a uno claramente fundado en el principio de la mayoría relativa. El problema, sin embargo, es que los principales argumentos teóricos que ha utilizado Córdoba a favor de adoptar este sistema no apoyan realmente su posición.

El primer argumento importante que utiliza Córdoba a favor de pasar a un sistema electoral fundado en la mayoría relativa, es que la teoría de la elección social ha demostrado que ningún método de agregación de preferencias puede satisfacer ciertas condiciones razonables de equidad y al mismo tiempo lograr una elección colectiva lógicamente consistente. Esto es correcto. En efecto, el teorema de imposibilidad de Arrow generaliza la paradoja del voto de Condorcet y demuestra que ningún método electoral se halla exento de manipulación. Partiendo de un mismo electorado se podría llegar a resultados significativamente distintos con sólo alterar detalles de la fórmula electoral o de las condiciones de competencia.

Del teorema de Arrow, sin embargo, no se deriva lógicamente que todos los sistemas electorales tengan la misma probabilidad de llegar a resultados electorales arbitrarios desde el punto de vista de la representación. El teorema de Arrow se inserta en una larga tradición de investigaciones sobre las cualidades de distintos métodos de elección. Y una de las conclusiones más sólidas de esta tradición, que va desde Condorcet hasta Steven Brams, pasando por Charles Dogdson, es que la fórmula de mayoría relativa es el método de elección más insatisfactorio desde el punto de vista democrático, excepto en la muy excepcional circunstancia de que se aplique a una competencia entre dos y nada más que dos alternativas.

Cuando tres o más candidatos compiten por un único puesto de elección, la fórmula de mayoría relativa hace posible que triunfe un candidato apoyado por una minoría de votantes, que la diferencia entre el ganador y el segundo candidato más votado sea extremadamente estrecha, y que el candidato “ganador” sea el menos preferido por una amplia mayoría del electorado. Más aún, cuando un parlamento se elige enteramente en distritos uninominales, la mayoría relativa permite un resultado que ningún método de democrático de elección debería permitir: que un partido obtenga más asientos que otro partido en el parlamento a pesar de contar con menos votos a nivel nacional.

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El día de hoy hay algo curioso en las noticias internacionales.

Por un lado, el Partido Verde Colombiano que tiene a Antanás Mockus, ex-alcalde de Bogota como candidato presidencial, y a Sergio Fajardo ex-alcalde de Medellín como candidato a Vice-presidente pasó al primer lugar en las encuestas. El Partido Verde en Colombia es de relativa reciente creación, aunque Mockus y Fajardo han cobrado notoriedad en la última década a partir de exitosos gobiernos urbanos. En El País, explican “El tsunami verde de Mockus“:

Difícil de etiquetar dentro de los ribetes clásicos de izquierda y derecha, Mockus ha optado por ser mesurado en sus críticas al Gobierno. Su propuesta central es la de un Gobierno de legalidad democrática (a diferencia del actual de seguridad democrática), donde primen la ética y el respeto por los recursos públicos. “Detrás de la gran acogida de las propuestas de Mockus se esconde un movimiento social que representa un rechazo frontal a las prácticas sociales del Gobierno de Uribe”, afirma el sociólogo Álvaro Camacho Guizado.

Por el otro lado, en Iglaterra, varias encuestas muestran al partido Liberal Democrático (Lib Dem) en primer lugar en la intención de votos. Sin embargo, por las particularidades del sistema electoral Inglés, los LibDems serían el partido con menos escaños en el parlamento y por tanto su líder Nick Clegg, no sería primer ministro.

En el blog de la revista Dissent explican la estrategia exitosa de los Lib Dems:

Esto no ha sucedido por accidente. Es el resultado de una estrategia desarrollada por un hombre llamado Chris Rennard, conocido como “Dios” en los círculos de Lib Dem. Rennard reconoció que el partido podía construir una base en los gobiernos locales de las ciudades británicas así como en los corazones rurales tradicionales—el suroeste y Escocia. Poco a poco el partido, (pese al desprecio de los partidos grandes y los periodistas de Westminster) tomó el control de una serie de consejos locales y los usó como base para empezar a pelear y ganar una serie de curules parlamentarias en todo el país.

Estos dos casos, en lugares muy distintos del mundo, pueden ser interesantes por dos razones.

    La primera es la importancia que puede cobrar la política local como un espacio para renovar la política a nivel nacional. La segunda es la importancia de las reglas electorales y de distribución el poder en los resultados.

  1. El Partido Verde Colombiano está constituido por ex-alcaldes de Bogotá, y Medellín, y en parte gracias a que hay reglas laxas para la formación de partidos, candidaturas independientes y segunda vuelta electoral un partido pequeño sin muchos compromisos con el sistema político puede llegar al primer lugar en las encuestas.
  2. Los Lib Dems en el Reino Unido, empezaron ganando consejos locales de gobierno, y de ahí puestos en el parlamento. Sin embargo pese a tener alrededor de 30% de la intención de voto, sólo tendrán alrededor de 10% de los escaños en el parlamento. Algunos comentaristas dicen que si el primer lugar en votos es el último lugar en escaños parlamentarios, el sistema político británico cambiará radicalmente, pues es un resultado indefendible hasta para los más conservadores.
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abril 21, 2010

Respuesta a la respuesta de Andrés Lajous

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He leído con interés la respuesta de Andrés Lajous a mi artículo “Contra el proporcionalismo” publicado recientemente en Reforma. Reconozco buena fe y cierta vivacidad intelectual. Agradezco también la oportunidad que me brinda de ampliar y precisar algunas ideas.

Entiendo que el debate es el siguiente:

  • Creo que nadie puede sostener, con una exigencia mínima de rigor, que uno de los dos grandes principios de representación, mayoritaria o proporcional, es más democrático que el otro. Denomino “proporcionalistas” a los que sostienen que la representación proporcional es superior a la representación mayoritaria y afirmo que están confundidos intelectualmente (esto no quiere decir que su creencia no sea respetable, como es respetable la fe del carbonero). Por lo contrario Lajous dice que, si se evalúan ambos principios electorales a partir de los principios básicos de la democracia liberal, la representación proporcional es superior a la mayoritaria. En mis términos, reivindica abiertamente el proporcionalismo. Invoca como respaldo intelectual a John Stuart Mill.
  • Creo que, como regla general, el parlamentarismo convive bien con ambos principios de representación pero el presidencialismo funciona mal con la representación proporcional. Lajous sostiene lo contrario e invoca como respaldo intelectual al profesor Cheibub.
  • Creo que en, el actual sistema electoral mexicano (mixto con predominancia mayoritaria) se castiga de manera artificial la posibilidad de que un partido pueda obtener la mayoría absoluta de escaños en la Cámara de diputados. Lajous cree que no es cierto y, aun cuando fuera cierto, es deseable que así sea. Además hace un juicio de intención, discerniendo en la frustración de una agenda particular la motivación profunda de las opiniones que combate.

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John Stuart Mill

John Stuart Mill

El domingo pasado, José Córdoba publicó un artículo en el periódico Reforma, “Contra el Proporcionalismo” en el que afirma:

Primero, contrariamente al postulado del proporcionalismo, ninguno de los dos principios es en sí mismo superior al otro [el de proporcionalidad o el de mayoría]. El principio de mayoría otorga al partido más grande un porcentaje de escaños superior a su porcentaje de votos. Al revés, el principio de proporcionalidad fragmenta la representación partidaria y otorga a las minorías un poder excesivo.

Esta afirmación no está mediada por una evaluación de los dos principios de representación, sino por una de las consecuencias posibles que identifica Córdoba: el número de partidos en el órgano representativo. Por ello parece, que primero, sí es importante evaluar los dos principios a partir de los principios básicos de la democracia liberal, no sólo a partir de sus consecuencias en la distribución del poder dentro del Congreso.

En 1860 el filósofo liberal (e integrante del parlamento biritánico) John Stuart Mill escribió el libro Consideraciones sobre el Gobierno Representativo (aquí en inglés). El séptimo capítulo se llama: “De la democracia falsa y de la verdadera; de la representación de todos y de la representación tan sólo de la mayoría”, en el que trata el tema de las mayorías y la proporcionalidad de la representación. Mill promovía los sistemas de representación proporcional como parte fundamental del sistema democrático, por lo que afirma en el texto:

Sólo un habito y una asociacion de ideas inmemoriales pueden reconciliar a un ser racional con una injusticia inútil. En una democracia realmente igual, todo partido, cualquiera que sea, deberá estar representado en una proporcion, no superior, sino idéntica, al número de sus individuos. La mayoría de representantes ha de corresponder a la mayoría de electores; pero por la misma razon toda minoría de electores debe tener una minoría de representantes. Hombre por hombre, la minoría debe hallarse tan completamente representada como la mayoría. Sin esto, no hay igualdad en el Gobierno, sino desigualdad y privilegio: una fraccion del pueblo gobierna a todo el resto: hay una porción a la que se niega la parte de influencia que le corresponde de derecho en la representacion, violando los principios de justicia social, y sobre todo, el de la democracia, que proclama la igualdad, como su raíz misma y fundamento.

Es decir, por lo menos para algunas personas sí hay razones vinculadas a una concepción particular de la democracia deseable, por las cuales el principio de proporcionalidad es superior al principio de mayoría (y claro no por una supuesta confusión intelectual como dice Córdoba).

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La discusión sobre la reforma política continúa en los periódicos a partir de la idea de la “creación de mayorías”. El día de ayer el grupo parlamentario del PRI en la Camára de Diputados formalmente presentó su iniciativa de reforma política. Entre las propuestas presentadas, está una que ya había sido adelantada por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto en un editorial de periódico, con la que se pretende derogar el inciso V. del artículo 54 de la constiución que establece:

EN NINGUN CASO, UN PARTIDO POLITICO PODRA CONTAR CON UN NUMERO DE DIPUTADOS POR AMBOS PRINCIPIOS QUE REPRESENTEN UN PORCENTAJE DEL TOTAL DE LA CAMARA QUE EXCEDA EN OCHO PUNTOS A SU PORCENTAJE DE VOTACION NACIONAL EMITIDA

Esto quiere decir que el porcentaje total de votos que tiene un partido en la Cámara de Diputados, no puede tener una diferencia de más de 8% del porcentaje de votos que sacó en la elección. El objetivo de esta candado de sobrerrepresentación es que haya cierta proporcionalidad entre el total de votos que emiten los electores por un partido y el total de votos que ese partido tiene en la cámara de diputados.

El día de ayer en el periódico Reforma salieron dos editoriales sobre el tema. Uno de Jorge G. Castañeda, en el que insiste en la necesidad de que el presidente “tenga” mayoría:

Para México hoy me parece preferible el sistema mayoritario, eso no quiere decir que sea permanentemente idóneo, ni para este País ni para otros. La razón es que el País requiere de capacidad de decisión.

Las mayorías se pueden lograr mediante segunda vuelta en las elecciones legislativas o eliminando el candado de sobrerrepresentación y/o restableciendo la cláusula de gobernabilidad o alineando las elecciones legislativas con las presidenciales, propuestas ya adelantas por Aguilar Camín y por mí. Todas tienen ventajas y desventajas. Todas logran más o menos el mismo objetivo.

En la misma plana editorial, José Woldenberg contesta al argumento de “las mayorías”:

Si algo bueno pasó en el mundo de la representación en las últimas décadas es que México pudo ofrecer un espacio institucional a su diversidad política. Hoy ninguna corriente medianamente asentada está excluida de los Congresos. En esos espacios coexisten, se pelean y se ponen de acuerdo los representantes de la pluralidad que es natural en un país masivo, contradictorio y desigual como el nuestro. Pero, claro, no hay bien que mal no genere. Y como siempre es más difícil forjar acuerdos entre organizaciones que tienen idearios diferentes que cuando uno se pone de acuerdo con uno mismo, surge y se reproduce una nostalgia por la eficacia que tenía el sistema de partido hegemónico: aquellos años en los cuales la voluntad del Presidente era la del Congreso, la de los medios, la de la Nación.

El día de hoy en El Universal, Macario Schettino, va un poco más lejos y arguye que tratar de sofocar la pluralidad es “una tontería suprema”, y lo que identifica en el argumento de otorgar mayorías es un intento de restauración:

La propuesta de otorgar mayoría artificial a una fuerza política tiene como objetivo bloquear esta posibilidad. Puesto que quienes quieren avanzar están más dispersos, lo que se busca es aprovecharlo para intentar la restauración. Porque no es otra cosa lo que puede esperarse del priísmo agrupado en torno a Peña Nieto y Beatriz Paredes. Lo han dicho con toda claridad: nada de reformas fiscales, laborales, energéticas. Es más, ni siquiera reforma política, salvo la mayoría artificial, que esperan ganar con lo que queda de nacionalismo revolucionario.

En la Mesa Política de Nexos, Victor Alarcón Olguín, se pronuncia en contra de eliminar el candado de sobrerrepresentación y se sale del debate al proponer que en vez de preocuparse por la construcción de mayorías en las reglas electorales, se hagan modificaciones la integración del qurom para las votaciones:

La pregunta abierta que nos queda es si queremos un modelo que permita construir consensos sustantivos más allá de una fuerza política (asumiendo los costos y las tendencias a la parálisis legislativa que se tienen con el modelo actual de tope con 60 / 40), o bien se intenta de generar un modelo de quórum de votación con miembros presentes, donde los legisladores se forzarían a no ausentarse de las sesiones, so riesgo de que su partido pudiera perder una decisión importante. De esta manera, la fuerza numérica y la dinámica de representación podrían tomar una ruta distinta sin tener que alterar en demasía los parámetros de integración actual del Poder Legislativo.

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cesar

El debate sobre las mayorías electorales y de gobierno continua en los medios impresos:

El día de ayer Leo Zuckermann contesta a Jesús Silva-Herzog Máquez en su columna en Excélsior:

Movernos a un sistema de más representación territorial en lugar de proporcional ciertamente generaría una sobrerrepresentación del partido ganador del Congreso. Si el Presidente es del mismo partido, esto favorecería la gobernabilidad en detrimento de la pluralidad. Si así lo desease el electorado, se generarían gobiernos fuertes que ya no tendrían pretextos para resolver los problemas del país y enfrentarse a los poderosos intereses de los grupos beneficiarios del statu quo. Esto es muy diferente a decir, con un toque de exageración, que se trata de “un acto de violencia contra el pluralismo”.

Al mismo tiempo, Gabriel L. Negretto en La Mesa Política de Nexos, advierte el problema de entrar a la lógica de “faciliatar” los gobiernos a partir de mayorías fuertes:

En verdad, quienes postulan que lo importante para una democracia es que existan gobiernos con mayorías para gobernar, no les preocupa demasiado cuál es el grado de congruencia entre las mayorías institucionales y las mayorías sociales. Por eso creen que es un detalle menor que un gobierno supuestamente “mayoritario” tenga en realidad el apoyo de un 35 o un 40 por ciento del voto de los ciudadanos. Si lo más importante para una democracia fuese crear gobiernos fuertes sin importar su grado de representación, no queda claro cual es la ventaja de tener una democracia en vez de una dictadura, en la que decide uno solo, o un régimen oligárquico, en el que deciden unos pocos. De hecho, a muchos tecnócratas o intelectuales que creen saber cuáles son las reformas que necesita el país y que se sienten confiados en ser escuchados por el gobierno de turno, no les queda muy clara esa diferencia.

El día de hoy en el periódico Reforma Luis F. Aguilar duda de la capacidad de un presidente con mayoría para solucionar los problemas del país:

El centro de dirección de la sociedad está en el Presidente que dispone de una mayoría legislativa alineada, dependiente, disciplinada, compacta. Se facilitan obviamente las decisiones directivas de reforma, pero dudo mucho que esas decisiones de aplanadora, como en los viejos tiempos, ahora con decoración democrática, vayan a arrojar resultados sostenidos, si las decisiones han sido impuestas más que pactadas. Para la eficacia del gobierno democrático se requieren mayorías, pero no artificiales, además de otros requisitos.

Como parte de la misma discusión el diputado del PRI Omar Fayad, presentó el día de ayer una iniciativa de ley con la que pretende extender el periodo de los diputados a seis años, prescindir de las elecciones intermedias, y únicamente renovar a los diputados electos por la vía plurinominal cada tres años “sin que para esto, medie proceso electoral alguno”.

Es decir, si un presidente es electo acompañado de una mayoría legislativa, con la propuesta del diputado Fayad, no correría el riesgo de perderla en una elección intermedia. O claro podría ser al revés y garantizar tener minoría los seis años de gobierno. Sin embargo parece que el diputado Fayad tiene una especulación implítica en su propuesta sobre quién tendría mayoría en las pŕoximas elecciones.

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