mayo 23, 2017

Manada, periodismo y crimen organizado

Un periodista asesinado no es ni más ni menos importante que cualquiera otro de los miles de mexicanos que han muerto víctimas de la ola de violencia que se desató en el país en la última década. Un periodista, asesinado por el hecho de ser periodista, adquiere mayor relevancia pues su muerte atenta no solo contra un persona sino contra el derecho de todos los mexicanos a la libre expresión. Igual que como cuando matan a un defensor de derechos humanos por el hecho de defender los derechos otros o cuando matan a un ministro de culto por el hecho de ejercer su libertad de creencia. El móvil, pues, sí importa, e importa mucho. Cuando la persona asesinada es, además de un periodistas al que mataron por ser periodista, alguien de la talla profesional y moral de Javier Valdez no solo crece la indignación sino también el sentimiento de vulnerabilidad.

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